Como la primera vez

20. ¿Katherine?

Jonathan

Aun puedo percibir los estragos ocasionados en mi la noche de ayer. Recuerdo claramente la cara dolida y llena de tristeza que Katherine me dio, era como regresar en una máquina del tiempo a aquella época, al enorme incidente que habíamos vivido. 

Tenía un horroroso dolor de estómago, la cara me ardía y me moría de sueño. Eran las nueve de la mañana y no había podido pegar un ojo en toda la noche. Cuando Kate se fue con Edward, pude sentir como algo me golpeaba con fuerza, como un pellizco o una picadura de abeja; resultó desagradable como aquel charlatán me había juzgado con la mirada, como si él fuera mejor que yo. Por favor, si yo no fui el traidor que mintió acerca de algo tan grave. 

Al marcharse, Isabella y Julianna se quedaron más tiempo del que me hubiera apetecido. Seguían dando murmullos recelosos acerca de lo embaucadora que Katherine había resultado y que como podía vivir con semejante tipo de gente y esas cosas. Nada más que esa cotilla que me tenía aborrecido, detestaba a las buitres como ellas; por que aunque no tuvieron nada que ver con el robo, seguían picoteando al muerto aun después de sacarle los ojos. Eso me embrolló la comida y logró que no bajara a cenar.

Me removí incómodo de la cama. Esperé a Kate durante horas pero ella nunca llegó. Aun no tenía claro cual era la razón de que la aguardara con tanto ímpetu, ¿Regañarla? ¿Reprocharle? ¿Decirle que todo estaría bien aunque haya metido el pie? No quería regresar a ser el malo del cuento, pero ella no me dejaba con más opciones.

Escuché como llamaban a la puerta, así que en menos de un santiamén llegué hasta ella y la abrí. En defecto, no era quien yo esperaba. 

—¿Qué es lo que deseas tan temprano Zac?—pregunté entrecerrando los ojos por el momentáneo cegamiento que me produció el abrir tan rápido la puerta,  y toparme con el brillante sol de la mañana inundar el pasillo a través de los cristales que había ahí.  

—¿Dónde está Kate?—Zac se escuchaba nervioso e intranquilo—. Jonh ¡Reacciona! Te estoy preguntando donde está ella.

El verlo de esa manera me hizo sentir angustiado también, algo debía de saber.

—¿Sabes algo? ¿Le ha pasado algo?—conseguí articular sin sonar con voz estrangulada.

— Sólo estoy enterado del escándalo que se formó ayer aquí. Como todo el maldito dormitorio—dijo con odio y con su mirada acusatoria sobre mí—. No puedo creer que hayas defendido a ese par de...

—Basta—lo interrumpí—. Sea lo que sea que ellas dos sean no me interesa en lo más mínimo. Aquí el punto es que Katherine es una mentirosa y que yo confié en ella y su red de engaños.

La cara de Zac pasó a ser incrédula.

—¿Y les creíste a las otras dos? Así, ¿Sin más?—ahora su ceñó estaba completamente hundido—. No, déjame cambiar la pregunta. ¿Decidiste confiar en ellas antes que en Kate? 

—Había pruebas—me defendí. No me gustaba la idea de que Zac me estuviera tratando como un estúpido.

—Eres un bastardo—y lo último de lo que me percaté fue del puño de Zac impulsándose sobre mi mentón y logrando tirarme al suelo—. Espero que con eso se te aclaren más las ideas. Jonh, no puedo entender como eres capaz de cometer el mismo error dos veces—negó con la cabeza—. Eres muy idiota.

Y al finalizar esa frase, salió hecho un rayo del cuarto. 

Me hubiera agradado el poder devolverle el golpe. Por más que fuera mi mejor amigo, no dejaba de ser un grandulon que se mete con todos, ¿Qué parte de que yo era la víctima no entendía? Sin embargo, aun estaba esa angustia azorada en mi garganta, ¿Y si le había ocurrido algo de lo que yo no me enteré? ¿Dónde pasó la noche? Existían muchas posibilidades de que hubiera dormido en un pasillo o hasta en el aula de clases, el orgullo parecía ser demasiado importante en la nueva personalidad de Katherine. Ella ya no vendría  doblegarse una vez más, debía estar preparado para su contraataque. 

Después de darle miles de vueltas a la habitación sentía que mis nervios no iban a discreparse, así que me dejé caer sin gracia en la cama y me quedé así, sentado con la vista a la nada, trayendo a la actualidad fragmentos de mi triste adolescencia; colmado siempre de aquella melancolía tan característica de mi persona, anhelaba con ansías el tener de nuevo esa ventisca primaveral que me hacía apreciar los pequeños detalles, a esa diminuta rubia andante de grandes gafas y sonrisa sincera, no al monstruo vanidoso que se ha creado. 

Recuerdo aquel día en el lago. 

Estábamos en el segundo curso de la preparatoria, y habían decidido que pasaríamos una tarde en el antiguo museo de historia que existía en la localidad. En aquel entonces, Kate ya se había convertido en mi amiga y fiel consejera, si bien, tardé toda la secundaria en aceptarla por mi alrededor, llegado a ese punto me gustaba su compañía. Se sentía bien estar lejos de la avaricia y de las relaciones por conveniencia, aunque Katherine fuera una alumna extremadamente pobre y apenas capaz de estudiar en nuestra escuela por la beca de excelencia académica que poseía, nunca de los nunca intentó pedirme dinero prestado. Ni siquiera permitió que le pagara un simple helado. Ella siempre recitaba un tedioso lema que decía "Lo que es mío es mío, y lo tuyo es tuyo. Mientras que cada uno pueda sostenerse por si mismo, no se debe tomar nada de otras personas". Aunque eso me desquisiara la mayoría de las veces, sabía que lo hacía de buena voluntad y como una forma de asegurarme que ella no intentaba estar a mi alrededor por las cosas que yo podría darle.

Entonces, fui el diligente espectador que se dedica solamente a contemplar lo que pasa y sin poder ejercer ningún poder para modificar algo de su entorno. Como el lector en una novela. Así era mi rutina con Katherine, pasaba las horas de aburrimiento sentado en cualquier mesa disponible en todos sus múltiples trabajos de medio tiempo. A veces, cuando el día no tenía mucha productividad, solía ordenar raciones enteras de comida o productos, pasa solo así aumentar sus ganancias. Pero como antes les mencioné, cuando ella se enteraba de que lo hacía, ponía el grito en el cielo y comenzaba a darme sus nada intimidante sermones sobre que debía cuidar el dinero y que yo no estaría seguro de cuanto este me duraría. 



Laisha Vega

Editado: 07.12.2020

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