Como la primera vez

36. El verdadero perdedor

Katherine

Apreté la sábana fuertemente contra mi cuerpo, sintiéndome terriblemente humillada mientras Jonathan salía por la puerta luciendo devastado. Rememoré la noche anterior, esa que pasé con Edward planeando todo lo que haría y en donde me aseguré de que él entendiera que mi ex novio ya no significaba nada para mí, y sobretodo, que Jonathan ya no me causaba ningún tipo de sentimiento indescriptible, que pudiera amenazar mi corazón.

Pero todo fue una mentira, pues comencé a llorar tan pronto se marchó.

Pensé en lo nerviosa que estaba mientras aguardaba a la entrada de nuestra habitación. Vestía aquel pequeño vestido de seda que compré esa tarde con ayuda de Isabella y usé una de sus gabardinas, pues no pensaba salir de aquella manera vestida a la calle. Me armé de valor para ingresar y poder tentar a Jonathan, y aunque cabía una enorme posibilidad de que ya estuviera dormido, de todas formas no pararía hasta cumplir con mi objetivo esa misma noche.

Sin embargo, las cosas se salieron de control. Me creí inmune y lista, capaz de obtener cualquier tipo de resultado sin terminar herida, pero tuve que saber que no iba a ser así. En cuanto nos besamos, una gran alarma de alerta se desplegó en mi mente. Mis sentidos comenzaron a nublarse una vez comenzamos, y lo que yo creí sería la escena perfecta donde una Katherine fría y despiadada, jugaría con Jonathan para hacerlo sufrir, terminó siendo una en donde fui arrastrada por un montón de intensos sentimientos.

—No tienes que seguir intentando destruirme, créeme que lo has logrado.

Su contestación me tomó por sorpresa. De pronto, aquella calentura que me afligió, se desvaneció como si nunca la hubiera experimentado y se me secó la boca. Él ya lo sabía todo. Miró a través de mis intenciones desde el principio y solamente continuo para ver hasta donde era capaz de llegar. Jonathan parecía realmente herido por lo que estaba sucediendo y yo no podía salir de mi desconcierto. ¿Lo supo desde el principio? ¿era consciente de mi plan de seducirlo? ¿por qué nunca dijo nada? Lo cierto era que nunca lo sabría, pues dudaba que él tuviera ganas de hablar conmigo nuevamente. Pronto, experimenté un gran vacío dentro de mí y me pregunté si aquel resultado era el que quise lograr, me pregunté una y otra vez si en verdad solo buscaba la destrucción de ese chico o quería algo más de él. La respuesta, creo que siempre estuvo conmigo y no quise mirarla. Deseaba un “lo siento”. Anhelaba con todas mis fuerzas que me mirara a los ojos y se disculpara por haber sido un cretino, por mentirme durante tantos años y no poder confiar en mí. Porque antes que novios, fuimos amigos, los mejores amigos, y él que ni siquiera supiera algo tan básico como que sus padres eran dos personas horribles me dañó todavía más, pues por mucho tiempo pasé culpándole de todo sin saber la realidad de las cosas. Claro que verlo con Juliana y saber que estaba enterado de su engaño me dolió, era casi un tipo de traición, pues pensé estábamos recuperando un poco de aquella amistad que tuvimos, y como siempre, tuve que entender que no había posibilidad entre nosotros de tener nada, pues él nunca me permitiría acercarme lo suficiente como para lograrlo. Él solamente me veía como una chica que no valía la pena suficiente como para desear involucrarla en su vida, y yo ya me encontraba demasiado cansada de toda esa basura, ya no pelearía más con Jonathan.

Al final, lo único que me dejó mi supuesta venganza, fue un mal sabor de boca, la realización que yo nunca signifiqué nada grato para él y la terrible sensación de que quien salió perdiendo, nuevamente, fui yo.

Transcurrió más de una semana hasta que volví a ver a Jonathan. No se apareció por completo ninguno de esos días, ni tampoco yo le esperaba. Me enfoqué muchísimo en las sesiones de fotos atrasadas que tenía y volví a concentrarme todo lo que pude en mis estudios. Asistí normalmente a clases, siendo de vez en cuando interrumpida por Isabella y Edward, quienes insistían en que debía hacer cosas con ellos, como ir al cine o salir a correr. Al parecer, ellos dos se habían acercado bastante durante esos días y comprendía que pronto yo comenzaría a sentirme la tercera rueda en esa relación, aunque ellos todavía no eran conscientes de la enorme química que poseían. Comenzaba a pasármela realmente bien, y por primera vez en mucho tiempo, disfrutaba como alguien normal la universidad.  Mentiría si no aceptara que ocasionalmente, buscaba con la vista a Jonathan, pues una parte de mí, la tonta y romántica, aun anhelaba un cierto tipo de afecto de él que sabía jamás obtendría. Luego negaba con la cabeza, pensando que probablemente él la estaba pasando de maravilla con Juliana o alguna otra chica y continuaba mi rutina. Ese día no fue la excepción, y la tarde siguió pasando,  hasta que llegó el momento de enfrentarme al profesor Estaban, al que estuve evitando desde que me encargó cuidar de Edward. En su momento estuve resentida, porque pensé que estaba usando al chico de intercambio como un método de tortura para mí, pero luego de conocer a fondo a Edward y que se convirtiera en mi mejor amigo, sabía que tenía mucho que agradecerle al maestro. Así que me acomodé la blusa y me paré con dureza frente a la puerta de su oficina. Toqué delicadamente hasta que él me abrió y me instó a pasar.

—Pensé que nunca volvería a verte—ironizó.

Yo me ruboricé porque al parecer fui más obvia de lo que pretendía y no objeté.

—Bueno, no te traje aquí para reprocharte, sino porque tengo otra oferta para ti.

Me quedé en silencio mientras observaba como sacaba una carpeta y me la extendía.



Laisha Vega

Editado: 07.12.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar