Conociendo al príncipe (el Príncipe 1)

12: Elige bien

—¡Por cuarta vez, ya le explicó cómo era ese tipo! —exclamó la señora McGilvery. 

—Señora, necesitamos más rasgos de la persona para poder identificarla —repuso el policía.

—¿Un tatuaje no le basta? ¿cuántos tipos hay con una marca así? 

Willow estaba cansada de estar en la estación de policía, gracias al oficial había localizado a su madre, aunque ahora se estaba arrepintiendo de que haya llegado muy rápido. No vio a Varlet después del intento de secuestro, supuso que se había asustado y escapó antes de que el peligro fuera mayor. Aún temblaba y el té no había podido calmar sus nervios, por su mente cruzaban todas las posibilidades que hubieran ocurrido si no lograba safarse de los brazos de su captor, posiblemente ahora mismo ni siquiera estuviera viva. 

—Willow, vamos a casa —dijo su madre—, ellos se harán cargo, vayamos a casa. 

Willi se puso de pie y dejó que su madre la llevara. El resto el camino se mantuvo en silencio, no dijo ni una sola palabra a las preguntas de su madre, estaba tan sumida en sus pensamientos que no fue capaz  de comer. Simplemente se fue a la cama para tratar de olvidar el tema. 

Esa noche no soñó.

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Permaneció en su sofá durante la mañana, no cedió a levantarse con los llamados de su madre, se quedó envuelta en las sábanas, sus padres no hicieron más esfuerzo en levantarla. Simplemente la dejaron descansar. Era sábado, el día de la fiesta de los Ainsworth, Willow lo había olvidado o quizás era que no le daba importancia. 

Irem había alistado la ropa de su hija en caso de que decidiera ir, aunque con el pasar de las horas no parecía que fuera a hacerlo. Willow tenía planeado pasar todo el día en el sofá, pero el hambre no la dejaba. Ya era medio día cuando se levantó a comer, su madre se la pasaba remendando una camisa de su esposo, y él seguía en cama leyendo el periódico. 

Fue entonces que tocaron a la puerta, la chica suspiró y miró a su madre. 

—No abras, se irá si nota que no hay nadie. 

—La puerta es muy ligera, puedo oírte —dijo la voz de Stanis detrás de la puerta—, ¿puedo entrar? 

Willow suspiró, y se acercó a esta. 

—Lo siento, Stan, no iré.

—¿Puedes al menos abrirme la puerta? 

Irem asintió con la cabeza y Willow la abrió dejando aparecer a Stanis, que vestía un elegante traje blanco, de sus hombros se sostenía un costoso saco gris. No llevaba corbata, solo una camisa del mismo color que el saco. Tenía en la mano una canasta cubierta con una manta blanca.

—¿Qué es eso? —preguntó la joven. 

—Un regalo para los padres de Willow McGilvery, como agradecimiento por dejar que su adorable hija asista conmigo a la fiesta. 

—Te lo agradezco, pero no voy a ir.

Stanis dejó la canasta en la entrada. 

—Willi —llamó su padre—, el joven ha sido muy amable en invitarte y en traernos un regalo, además de que ya te has comprometido en ir. Míralo como una distracción. 

—Si estás preocupada por tu seguridad, te diré que la casa está rodeada de guardias, algunos nos acompañarán hasta la mansión y otros se quedarán aquí a custodiar a tu familia. Sé que no deseas salir por lo que te ocurrió, Varlet me lo contó. Tomé mis precauciones. 

Willow suspiró sintiéndose derrotada, habría sido mejor no levantarse del sofá. 

—De acuerdo, pero volveremos temprano. 

—Te esperaré en el auto, ve a arreglarte. 

Stanislav no dejó que Willow respondiera, ya había regresado por donde llegó. Irem le pasó la falda que había arreglado para ella, después de todo se esforzó por tenerla lista por si cedía a ir. Willow se arregló como planeó, no salió tan bien pero al menos era algo presentable. Se ató el cabello a una coleta y luego de despedirse de sus padres bajó. 

Fue fácil distinguir el auto de Stan, pues resaltaba entre tanta casa pobre, la gente no dejaba de verlo y él parecía disfrutarlo. Le gustaba llamar la atención. En cuanto la vio, abrió la puerta para dejarla entrar. 

—¿Nos vamos? 

Ella tuvo que ocultar su rostro con la bufanda por la vergüenza que le hacía pasar con los vecinos, estaba segura de que no dejarían de murmurar. Se metió rápidamente y él cerró la puerta, luego caminó al lugar del conductor y se sentó. 

—Lindo atuendo. 

Ahora que estaban solos, podía reclamar. 

—Llegaste antes de la hora acordada, dijiste que vendría tu chofer, ¿y qué era eso del regalo?

—¿Accediste a venir solo para reclamarme? —preguntó él—. Cielos Willow, deberías relajarte un poco. 

—¡¿Cómo voy a relajarme cuando estuve a punto de ser secuestrada?! 

Stanis arrancó el auto haciendo que ella se fuera hacia atrás de manera violenta y se diera con el respaldo del asiento. 

—Vine más temprano porque quiero que hablemos de eso, y preferí pasar yo mismo por ti ya que soy un caballero, ah, el regalo son algunos de mis cultivos. No te lo mencioné, tengo un huerto en casa. 



Epsilion Crescent

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En el texto hay: amorprohibido, enemistad, diferenciassociales

Editado: 25.12.2020

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