Conociendo al príncipe (el Príncipe 1)

Especial navideño.

Navidad, una de las festividades más esperadas por muchos, a otros les da igual, y a algunos les causa disgusto. La mayoría de la gente de Arcadica la celebraba, en aquella época era común ver a las personas apresuradas y agitadas por conseguir lo regalos de último momento, preparar la cena, arreglar su casa y a su familia para la fiesta.

Desde la gente más rica hasta la más pobre. Aunque eran dos formas de celebración distintas, el objetivo era el mismo. Convivir con la familia.

No obstante, las fiestas de Archie eran de todo menos familiares. A pesar de estar rodeado de personas, recibiendo y dando regalos, bebiendo, comiendo las exquisitas preparaciones de los sirvientes, sentía esas noches las más frías de todo el invierno. Archie no era un tipo al que no le gustaran las fiestas, disfrutaba mucho de ellas y más si era en compañía de los que amaba, pero tener una vida que está atada a relacionarse con personas peligrosas no podía llevar a nada bueno, mucho menos tener un momento agradable.

Recordaba su infancia, cuando cocinaba con su madre las deliciosas galletas y las decoraba con glaseados de colores. En la primera cena en palacio, a donde iba a jugar con sus amigos Carston y Khaldun, ambos chicos peculiares, con vidas distintas a las de él y costumbres singulares. El primero parecía odiar todo lo que le rodeaba, el segundo daba la impresión de querer salvar al pavo de ser comido y miraba con anhelo los caramelos.

En ese momento prefirió no hablarles en toda la noche, solo permaneció junto a su madre sin llamar la atención. Sin embargo, al siguiente año que regresaron al palacio a celebrar la navidad de nuevo, Archie estaba solo. No hubo más galletas, ni regalos por abrir con su madre, porque ella ya no estaba. Aunque su padre le había dicho que ella había viajado a otro país, el niño era lo suficientemente mayor para entender que no iba a volver, no porque no quisiera, sino porque la terrible vida que llevaban la había orillado a acabar consigo misma.

Aquel suceso hizo que entendiera un poco más a Carston, y solo así comenzaron a hablar hasta volverse amigos junto a Khaldun, luego se unieron los demás. Las fiestas se volvieron solo entre los cinco porque entre ellos se había formado una familia peculiar. Hasta que llegó ella.

—¿Qué te hace pensar que voy a ir? —preguntó Archie observando la invitación hecha a mano. Willow había ido personalmente a su mansión a dejársela.

—Que todos vamos a estar ahí, además de que celebraremos también la salida de Stan del hospital.

—Lo siento, no puedo, tengo planes.

—He consultado tu agenda, no tienes ningún plan.

—¿Quién te crees que eres para...?

—Willow, la entrometida, ustedes lo dijeron —repuso cruzándose de brazos—. Oye, si por mí fuera, te habría dejado fuera de la fiesta porque no me caes bien, pero Carston insistió.

—¿Lo hizo?

—Sí, así que al menos hazlo por él.

Archie miró la invitación un momento, la brillantina excesiva se pegaba a sus dedos y el pegamento aún estaba fresco. El reno mal dibujado lo miraba con ojos enormes y le causaba cierta inquietud.

—Lo pensaré.

Willow sonrió, ya había conseguido invitar al más difícil, el plan iba de maravilla. Ahora tenía que ir con el resto.

—Entonces te veré en la fiesta.

—Dije que lo iba a pensar —suspiró, pero ella ya se había ido.

Archie estaba acostumbrado a las fiestas de cinco, no podía imaginar tener que lidiar con otros, quizás ese año iba a ser diferente. Quizás era mejor hacer un cambio por una vez.

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—Me encantaría ir —dijo Vergil—, pero tengo un vuelo esa noche.

—Oh, entonces irás a visitar a tu familia.

—No exactamente —tomó el saco del perchero y se lo puso mirándose al espejo. Unas bolsas oscuras habían aparecido bajo sus ojos—, son cuestiones de trabajo.

—¿Trabajo? Entonces, ¿Qué tal para año nuevo?

Vergil abrió los cajones de su escritorio. Hacía poco que iniciaron las vacaciones de invierno, pero él seguía asistiendo de vez en cuando para recoger algunas de sus cosas. Sacó libros y los metió en su maletín. Se detuvo unos minutos manteniéndose en silencio, luego la miró fijamente.

—No voy a regresar pronto, Willow.

—¿Día de Reyes?

—No estaré aquí para ninguna festividad, posiblemente durante varios años.

—¿Qué?

Vergil acomodó sus anteojos.

—Me he dado de baja de la academia, asistiré a otra en Nueva York donde terminaré mis estudios.

—¿Los demás lo saben?

—Planeaba decírselos hoy mismo.

Willow se dejó caer sobre el sofá de Stan, derrotada.

—¿Entonces no estarás con nosotros en enero?

—Lo siento, pero fue una decisión reciente. No lo tenía previsto.

—¿No puedes posponerlo? Archie irá incluso.

—Me encantaría, pero no puedo —cerró la maleta. En su voz había decepción, Willow estaba segura de que esa decisión no fue tomada del todo por él. Quería hacer algo, pero por un momento se le cruzó en la menta que quizás eso sí era lo que Vergil deseaba, quién sabe qué oportunidades le estarían esperando en otra lado.

—Entiendo.

Él se sentó en el escritorio frente a ella. En otras ocasiones no habría dudado en irse, pero ahora había algo que lo arrastraba a no acceder, quedarse solo por unos días más. Pero todos los años eran similares.

Desde que era niño se había mantenido viajando de un lugar a otro con sus padres, sin tener un momento fijo en donde pudieran sentarse a la mesa a cenar, ni siquiera por ser un día especial. Los regalos no faltaban, pero en esas mañanas que los recibía, ninguno de sus padres estaba presente.

El señor Farney siempre estaba en reuniones con la prensa o de negocios, mientras que la señora tenía una vida despreocupada como cualquier actriz, siendo la sensación en los espectáculos y siempre con la agenda llena. Ambos solo enviaban regalos a su único hijo como compensación por el tiempo que no estaban con él.



Epsilion Crescent

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En el texto hay: amorprohibido, enemistad, diferenciassociales

Editado: 25.12.2020

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