Corazón: La historia de Isabella y Massimo

Capítulo 15

Massimo y yo nos hemos mirado fijamente desde hace unos segundos.  

El pecho nunca antes me había dolido de esta manera, y mi corazón, jamás había latido tan rápido. Siempre pensé que al conocer a mis padres estaría feliz, probablemente dolida si es que fue su decisión dejarme, pero jamás pasó por mi mente todo lo que está sucediendo. El hombre que me detestó desde el primer momento es mi padre, y la mujer, aquella que duele que le mencionen es mi madre.  

Él y Paloma son mis padres. 

—¿Qué? —dice Massimo acabando con el silencio. 

—Ella es tú hija  

Quito la vista de Massimo y me giro hacia Alonzo. 

—Cuando tú y Paloma se separaron ella estaba embarazada —continua. 

—¿Por qué nunca me lo dijo?  

—Sus padres no lo permitieron  

—¿Cómo sabes? —digo  

—Blanca me contó —dice agachando la cabeza.  

Blanca sale de la cocina, su mirada demuestra que se siente arrepentida, pero no siento lastima por ella. En este momento no puedo pensar en ningún otro dolor más que del mío mismo. 

—¿Tú sabes quién soy? —le pregunto.  

—Sí, Verónica  

Siento como el dolor en el pecho crece más y más a medida que sale la verdad.  

—¡¿Por qué no me dijiste?! —grito.  

—Alonzo me pidió que por tu bien no te contara  

—¿Qué sucedió conmigo? —pregunto.  

—Paloma quedó embarazada de ti y sus padres no lo aceptaron, por eso la comprometieron con Federico  

—¿Con Federico? —dice Massimo.  

—Sus padres te odiaban Massimo y era por tu empresa, así que le dieron la condición de que si se casaba tenía a Isabella o bueno Verónica, pero si te decía algo o se negaba a casarse tendría qué abortar  

—¿Quién es Federico?  

Blanca agacha la cabeza, Massimo se coloca rojo de furia y se coloca frente a ella.  

—¡Quién! —grita Massimo.  

—Su hermano  

Abro la boca asombrada y puedo ver cómo Massimo aprieta su mano formando un puño.  

—¿Cómo? —digo.  

—El señor Federico siempre estuvo de lado de los padres de Paloma y él se hizo cargo de ti, pero no te dio su apellido paterno, sino que el materno 

Massimo sube rápidamente las escaleras y golpea fuertemente en la mejilla a Federico, James lo sujeta y Massimo lo empuja. 

—Tú me traicionaste, te metiste con Isabella que más encima era mi hija y lo sabias  

—Massimo, yo no sabía que era tu hija —dice James. 

—Isabella tú nombre es Verónica Saldívar Castillo —dice Blanca cuando la miro. 

Me vuelvo hacia Federico que está colocándose de pie y limpiándose la sangre que tiene en el labio.  

—¿Tú sabías que yo era Verónica? —le pregunto.  

—Si, por eso quiere adoptarte quiere llevarte con él, pero él no te quiere como hija —responde James.  

—¿Qué dices? —dice Massimo.  

—Él te quiere como mujer, por qué veía a Paloma en ti  

—¿Qué? —digo asombrada.  

—Fueron muchas veces que lo vi cerca de tu habitación, siempre en las mañanas cuando ibas a cambiarte ropa, pero yo lo alejaba —añade el Gato. 

—¡Lo mataré! —dice Massimo alterándose y James lo sujeta impidiéndole matar a golpes a Federico.  

—¿Quién fue la mujer que me llevó al orfanato? —le pregunto a Blanca, ignorando a los orangutanes que están bufándose a mis espaldas. 

—La hermana de Paloma, Ana 

—¿Y por qué nadie me buscó? 

—El padre de Paloma se encargó de ocultar las otras pruebas de que estabas en ese auto, para que no surgieran preguntas  

—¿Nadie sabe de mi existencia?  

—Sólo lo sabíamos, yo, los padres de Paloma, la hermana de Paloma, y Federico  

—¿Por qué la hermana de mi madre me llevó al orfanato? 

—Ella siempre te odió, Isabella, y es por qué eres la hija de Massimo, el hombre que ella amaba —dice Blanca  

—¿Me amaba? —dice Massimo confundido. 

—Ana fue quién te drogó e hizo que Paloma lo viera, por eso Paloma se fue, porque creyó que le fue infiel —dice Blanca.  

Él se cubre la boca y me mira asombrado.  

—Cuando ella se fue, meses después tuvo a Isabella, Ana muchas veces cargaba a Isabella en sus brazos, pensado que era su hija, hasta que entendió que era tuya y de Paloma, y fue creciendo un odio en ella —continúa Blanca 

—No entiendo nada de esto ¿Dónde están los padres de Paloma? —pregunto.  

—Ana quemó la casa con ellos adentro, por eso ella está presa —dice Massimo. 

—No puedo entender esto, yo soy hija de Paloma y de Massimo —digo tragando saliva.  

—Sí, yo te reconocí cuando te vi —dice Blanca.  

—¿Por qué nunca me dijiste que tuve una hija? —dice Massimo furiosamente. 

—Es que creí que estaba muerta y bueno creí que ya no hacía falta —dice Alonzo. 

—¿Y cuándo la reconociste? —dice en un intento de sonar calmado pero ese intento falla.  

—Ella estaba en peligro, la querían matar  

—¿Por qué no me dijiste cuando Isabella llegó con nosotros? —dice Massimo dirigiéndose a Blanca. 

—Yo le dije que no hablara —dice Alonzo.  

—¿Tú papá? ¿Por qué?  

—Por qué quería estar seguro de todo esto, la muerte de Paloma te hizo mucho daño  

—¿Desde cuándo lo sabes? —dice Massimo.  

—De hace unos días  

—Quiero irme de acá —digo.  

—No te irás —dice Massimo.  

—¿Dónde quieres que me quede?  

—Conmigo, con tu familia  

—Ustedes no son mi familia, yo no tengo familia 

Me acerco hacia Federico y lo golpeo con fuerza en la mejilla.  

—Eso es por mentirme  

Lo vuelvo a golpear y está vez él lleva su mano a la mejilla que golpeé.  

—Esa es por intentar propasarte  

—¡Yo te estaba protegiendo de éste Imbécil! —dice.  

—¡Es mi hija! —dice Massimo.  

—¡No, es mía!  

—¡No soy de nadie! ¡No tengo padre ni madre, soy huérfana! ¡Hasta hace unos meses mi vida estaba estable, era huérfana, sí, pero no sufrí tanto como lo que ustedes me hacen sufrir! 

—Isabella —dice Massimo.  

Me giro hacia él y me limpio las lágrimas que corren por mis mejillas.  

—Yo no soy tu hija —digo. 

—Isabella...  

Subo rápidamente y me encierro en mi habitación tirándome sobre la cama. 

Los últimos quince minutos me he dedicado a mirar el techo. Me duele el pecho y mucho. Me siento en la cama y me coloco mis zapatillas. Abro la puerta y veo a James frente a mí habitación. 

—Isabella 

—Creí que te habías ido  

—Estoy ordenando mis cosas  

Da un paso hacia mí y me sujeta tomándome los brazos. 

—Estoy seguro que Massimo en algún momento me perdonará, porque eso hacen los amigos, pero no tengo la seguridad de que vuelva a amar a alguien con la misma intensidad con la que te amo a ti, Isabella. 

—Y tú siempre vas a ser mi primer amor, y no sabes cuánto deseo que siempre seas el último. 

Me da un beso en los labios, y le doy un abrazo. Es la despedida, estoy segura.  

—Sé lo que piensas, y no, no es la despedida, te prometo que vamos a tener un futuro juntos —dice y junta su frente con la mía. 

—¿Qué es un futuro para ti? 

—Que tu estudies, que después podamos casarnos, y tener hijos 

Se me escapan algunas lágrimas y le doy un fuerte abrazo. Bajo las escaleras y veo que sentados en el sofá están Massimo y Alonzo, ambos se colocan de pie, me coloco frente a ellos y puedo ver que Massimo al igual que yo, tiene los ojos rojos. 

—Isabella —dice Massimo. 

—Te quería decir dos cosas; la primera, siempre voy a amar a James a pesar de que tú te opongas y lo odies, aunque no tienes el derecho de tratar así a tu amigo por lo que él siente. Segundo; me quiero devolver al convento, y no dejaré que me adopten. 

—No lo haré, ¿Es que acaso no te das cuenta? Eres mi hija, te amo, te empecé a amar antes de saberlo y ya lo entiendo, nuestra conexión ocurrió en el primer momento en que tus ojos y los míos se encontraron reflejándose a sí mismos. Somos una familia, y te voy a criar como mi hija. 

—Claro que no, por qué lo haré yo —dice Federico detrás de mí. 

La mirada de Massimo se torna de asombro y miedo, me volteo y entiendo su reacción. En su mano derecha Federico tiene un arma, la levanta y me apunta a mí. 

—¿Qué? —digo asustada y un impulso de esconderme detrás de Massimo aparece, pero Federico puede dispararle a él si lo hago. 

Se acerca a mí y apunta el arma hacia mi frente. 

—¿O no?  

Antes de responder, él me toma del cuello, me pega a él haciendo que el arma quede al lado derecho de mi cabeza. 

—No te acerques —le dice a Massimo quién se encuentra unos centímetros lejos de mí. 

James baja rápidamente y el arma se dirige hacia él. 

—Federico déjala —dice James levantando las manos a la altura de su pecho. 

—No —responde Federico. 

James se acerca y Federico dispara. Suelto un grito y James cae al piso con una herida en su brazo a la vez que Massimo y Alonzo corren hacia él. 

—¿Estás bien? —digo entre lágrimas. 

—Si...si —dice colocándose de pie con la ayuda de Massimo y Alonzo. 

De su brazo cae sangre a borbotones, la culpabilidad en mi interior me sacude por todo lo que está sucediendo. 

—Lo siento —digo. 

—Tranquila —dice suavemente. 

—Hijo por favor —dice Alonzo levantando un poco sus manos al igual que como lo hizo James 

—Lo siento, no quería lastimarlo, después de todo es casi como tu hijo ¿no? El segundo hijo que jamás tuviste, oh, espera, soy yo —dice con sarcasmo. 

—Esto es entre tú y yo —dice Massimo. 

—Quizás, pero quiero a Isabella 

—Federico ya basta —dice James. 

—¿Qué? ¿No te dejé estar con ella?  

—Federico, por favor suéltame —digo. 

—Isabella, tú siempre has deseado una familia y yo te la daré 

Comienza a pasar su boca por mi mejilla y desciende hasta mi cuello. 

—Podremos hacer una familia los dos —dice en mi cuello. 

Cierro los ojos intentando aguantar el asco. 

—¡No la toques! —dice James enojado. 

—Tu solo la lastimaste —dice Federico. 

—¡No te atrevas a tocarla de esa manera! —dice Massimo. 

Massimo lo mira furiosamente, su mano está formada un puño. Intenta acercarse, pero Alonzo y James se lo impiden. Federico comienza a caminar hasta la puerta, Alonzo, Massimo y James nos siguen hasta que llegamos al auto de Federico que se encuentra en la entrada de la casa. 

—No sé acerquen —dice Federico. 

Él me sube en el asiento copiloto, mientras camina aún apunta el arma. Se sube en el auto y lo enciende rápidamente. Massimo corre hacia nosotros, intento abrir la puerta, pero está con seguro, Federico comienza a conducir y miro hacia atrás. Los tres se suben al auto de Massimo y nos siguen. 

—Federico por favor para —digo entre lágrimas. 

—Colócate el cinturón 

—Federico 

—¡Colócate el cinturón! 

Su grito resuena por mi cabeza, con temor me coloco el cinturón, miro por el espejo retrovisor y veo el auto de Massimo quién lo conduce él. 

—Federico, por favor, detente 

Se desvía de la carretera y entra en un camino de tierra. Mi corazón late fuertemente en cuanto veo el cartel de "En construcción, sin salida" 

—¡Mierda! —masculla. 

—Detente —digo subiendo el tono de voz.  

Unos enormes carteles indican que aún no está terminado el puente que debería estar sobre la quebrada. 

—Federico nos caeremos a la quebrada detente —digo sollozando. 

—Lo siento  

Él no se detiene y nos acercamos más y más a la quebrada. 

—¡Detente! —grito. 

No tengo más opción que llevarme las piernas al pecho y cubrirme con las manos el rostro. Al sentir como el auto vuela en el aire recuerdo lo que me dijo James, y en que eso jamás podrá ser. Pero al menos él fue y será siempre mi único amor. Al igual que Massimo, él será siempre mi padre por más que lo rechacé no lo puedo negar, nuestra unión está en la sangre y nuestra conexión en nuestros ojos. 
 



Chica Paraiso

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En el texto hay: romance, millonario, huerfana

Editado: 22.10.2020

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