Cortejando al enemigo

CAPITULO 4

—Su excelencia, lord Nicholas Bladeston, noveno duque de Stanton. —Lady Honoria Bladeston, duquesa de Stanton.
—Lady Clarissa Bladeston.
Luego de ser anunciados, Nick ingresó al baile de los duques de Malloren llevando en cada brazo a su madre y a su hermana. Toda cabeza dentro de ese salón se giró a mirarlos. De inmediato se extendieron los murmullos por cada habitación. Nicholas avanzaba escuchando a las damas cuchichear...: «Oh, Dios mío, ¡el duque está aquí!»; a los caballeros...: «Pobre Stanton, lo que le espera», y a las madres desesperadas...: «Hija, enderézate, se acerca el duque. 
¡Ponte en su campo de visión, niña!». Justamente esto es lo que había querido evitar; se sentía como un pedazo de carne expuesto a la venta. Suspiró para sus adentros mirando a la culpable de que estuviera padeciendo esa tortura: su madre, que caminaba muy sonriente saludando con la cabeza a sus conocidos. 
Cuando encontró un espacio libre en el atestado salón, se detuvo y soltó a sus acompañantes.
—Espero consideres como cumplida mi promesa, madre, porque nada volverá a arrastrarme a un lugar como este en mucho tiempo —dijo Nicholas viéndola severamente.
—Sí, hijo, por supuesto. Aunque quién te dice y encuentres esta noche a una hermosa jovencita que te motive a volver muy pronto. —Su hermana se rio al ver la cara de espanto del duque.
—No lo creo, madre. Ninguna belleza es suficiente para hacer que siquiera considere pasar por esto nuevamente —replicó él viendo cómo avanzaba hacia ellos una vieja matrona arrastrando a sus dos hijas detrás.
—Nunca digas nunca, hermanito —dijo Clarissa moviendo las cejas—. Madre, veo que esta mañana no exagerabas cuando dijiste que todo el mundo vendría al baile —continuó su hermana divertida.
Nicholas vio que la vieja dama casi llegaba hasta ellos, así que se apresuró a huir.
—Si me disculpan, las dejo un momento.
Sin esperar repuesta, Nick escapó. Estaba ansioso por reunirse con su mejor amigo, Steven. Habían acordado verse allí para comentar sus avances en la búsqueda del traidor, al que se les había encomendado descubrir. Buscó con la mirada a su amigo por el salón y, casi al acto, lo vio rodeado de damas, que reían de algo que el descarado les decía.
—Buenas noches, mis ladies. —Saludó a las damas, que lo miraron boquiabiertas—. Lamento interrumpir, pero se necesita la presencia de este petimetre un momento. —Y tras efectuar una inclinación con la cabeza, dio media vuelta.
Luego de un momento, Steven lo siguió. Ya fuera del salón, se detuvo en el jardín y vio venir a su amigo con expresión ofendida.
—¿Qué te sucede, Bladeston? A ti no te cuesta conseguir compañía femenina, pero ten misericordia de nosotros, los menos afortunados. 
—¡Sí, claro! Olvidé que solo eres un pobre conde, heredero de unas muy humildes cuatro mil quinientas yardas de tierra y cuatro propiedades. No llegas ni de cerca a mis diez mil ni a mis nueve propiedades —dijo Nick irónico.
—¡Qué cínico te has vuelto, viejo amigo! No todo se trata de dinero, ¿Qué hay de mi falta de apostura, carisma, simpatía? —enumeró Steven poniendo la mano en su pecho.
Nick meneó la cabeza: se negaba a discutir sobre la rubia apariencia o la encantadora personalidad de su amigo, que por cierto eran bastante alabadas en cada salón y gacetilla de sociedad de Londres. Lo miró severo, aunque — muy a su pesar— divertido por sus ocurrencias. Se conocían desde la niñez; primero fueron vecinos y camaradas en los juegos de infancia; después, compañeros de estudios en Eton; pero lo que más afianzó su amistad fue luchar y sobrevivir juntos en la temible batalla de Waterloo. Por eso, cuando le encomendaron esta nueva misión, no dudó en pedir su ayuda.
—¿Qué descubriste? —inquirió cambiando de tema. Steven se puso serio al instante.
—No mucho, solo rumores de que William Albright, marqués de Arden, ha estado manteniendo asiduamente reuniones sospechosas con un francés. — Nicholas se tensó.
—¿De quién se trata?
—De un tal Fermín de Moine, conde de Mousse. —¡Ese mal nacido! —exclamó Nick.
Ambos conocían a ese bastardo —de madre inglesa y padre francés—; durante la guerra, él había aprovechado sus conexiones para vender información, como ubicaciones, estrategias, nombres, etc. Al finalizar esta, Moine había huido como la rata que era. Steven continuó:
—Es preciso averiguar qué tiene que ver Arden en todo esto.
—¿Cómo nos acercaremos a él? Sé de buena fuente que es muy severo y desconfía de la gente en general —respondió el duque frunciendo el ceño. 
Steven asintió; ambos se quedaron en silencio cavilando, para luego descartar distintas posibilidades. De repente, a Steven se le iluminó la mirada. 
—¡Ya sé! —Nick se irguió ansioso.
—¿Qué?
—¡Ja, sí! ¡Soy un genio! —exclamó el otro haciendo un pequeño baile en su lugar. Nick puso los ojos en blanco.
—Dime de una vez lo que se te ocurrió.
—El marqués de Arden tiene una hija en edad casadera. —Steven sonrió angelicalmente. Nick lo observó sin comprender.
—¿Y? —Su amigo solo lo miró moviendo las cejas hacia él—. Steven, ¿y eso qué tiene que ver? —El otro asintió esbozando una sonrisa maliciosa—. ¡Ahh, no! No pensarás que yo...
—Claro que sí, piénsalo. Es el plan perfecto: ¡tú fingirás cortejarla! —dijo señalándolo.
—¡De ninguna manera! —estalló el duque—. Olvídalo. No estoy dispuesto ni por el rey ni por nadie a soportar a una tonta jovencita, de seguro feúcha e insulsa, con una risa tonta y con cerebro más hueco que el de mi perro.
—Pero así podrás acercarte al padre —dijo Steven persuasivo— y tendrás la excusa perfecta para merodear por su casa, ¡piénsalo!
—¡No, rotundamente no! —Nick negó con la cabeza.
Steve Hamilton, sexto conde de Baltimore, encontraba muy divertida la actitud de su viejo amigo, el muy ilustre duque de Stanton. Había planteado — más como broma que otra cosa— la estrategia de Nicholas fingiendo cortejar a la —hasta ahora— desconocida hija del marqués de Arden. Pero al ver la actitud tozuda que había tomado su mejor amigo, decidió divertirse a su costa y lograr que él acceda a su plan. Después de todo, la temporada recién comenzaba y él ya se estaba muriendo del aburrimiento. Por supuesto, Nick no tendría que enterarse, pues no era famoso por tener un carácter amable o una personalidad paciente y divertida.
En ese momento se encontraban en un balcón que daba al jardín, el cual permitía más intimidad para hablar. Nick lo miraba ceñudo y, con sus brazos cruzados, negaba con la cabeza.
—Entiendo tu negativa, viejo amigo. Pero tal vez te apresuras a descartar la buena posibilidad de acercarnos a nuestro objetivo —dijo Steve ocultando una sonrisa.
—¡Sí, claro!, ya que has tenido esta idea tan… brillante, ¿por lo menos has conocido a dicha dama? —replicó Nick, que ya estaba llegando al límite de su paciencia. Su amigo lo pensó.
—No, solo sé que tiene diecinueve años, que estuvo en el exterior por un tiempo y que acaba de regresar para hacer su presentación en sociedad esta temporada. —Se encogió de hombros—. Eso me dijeron mis hermanas; ya sabes que le huyo como a la peste a estos bailes, así que no he coincidido con ella.
Nick gruñó. ¿Diecinueve años? Debía ser muy poco agraciada para que su padre —siendo tan orgulloso— la hubiera mantenido escondida, retrasando tanto su presentación.
—Hasta puede que traiga los dientes deformes y que sea bizca. —Su amigo se rio y Nick le dio un puñetazo en el hombro—. ¿Por qué no lo haces tú? ¡Ya que fue tu idea!
—¡Ay, no! Recuerda que dijiste que no me entrometiera en la misión, que tú ibas a hacer lo difícil; mi trabajo era solo averiguar. Además, el conquistador de mujeres eres tú. —Se burló Steven.
Nicholas se giró hacia el jardín mientras meditaba sobre la idea de Steve; no podía dejar de admitir que era una buena posibilidad para avanzar en su investigación. Porque, hasta ahora, no había descubierto nada que le sirviere sobre el marqués, y él no se había presentado a la reunión organizada por los magistrados.
—De acuerdo, lo pensaré. —Aunque ya veía que no hallaría otra alternativa mejor; el condenado tenía razón.
—Pues te dejo para que medites —dijo Steve viendo el gesto adusto de Nick y presintiendo la victoria.
El duque solo le contestó asintiendo con la cabeza y Steve, haciendo una reverencia burlona, se volvió y regresó al interior.



Eva Benavidez

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En el texto hay: nobleza, regencia inglesa, serie romance

Editado: 10.06.2020

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