Cortejando al enemigo

CAPITULO 19

—¡Mentirosa! ¡Sabes quién soy! Lo supiste todo el tiempo y me engañaste deliberadamente —reclamó Nick en voz baja y poniéndose en pie exclamó—: ¡¿Por qué?! ¿Por qué lo hiciste?

—Yo no soy una mentirosa, tampoco te engañé. No sé quién eres o, mejor dicho, ya no sé quién eres —contestó Lizzy una vez se recuperó de la conmoción que le había provocado su tierno beso.

—¿De qué rayos hablas? Sé que todo esto es difícil; has pasado por mucho desde que huimos de Londres —siguió el, mirándola confuso y molesto a la vez. Sus ojos púrpuras se llenaron de lágrimas y él, conmovido, tomó una de sus blancas manos entre las suyas—. Estamos juntos, mi amor; esto pasará rápido, ya lo verás.

—Esto no pasará, y no estamos juntos. El hombre del que me enamoré no existe; tus palabras de amor, tus besos, tus caricias, cada momento fue una farsa. Solo me usaste, jugaste con mis sentimientos y me engañaste. Mientras yo te entregaba mi corazón y mi vida, tú llevabas a cabo tu venganza —dijo Lizzy arrancando su mano y limpiándose una lágrima que caía.

—Elizabeth... no... No digas eso. No es así lo que estás imaginando que pasó... no… ¡déjame explicarte, mi amor, por favor! —suplicó Nicholas conmocionado por sus cortantes palabras.

—¡Jaja!, ¿quieres agregar más? Gracias, pero ya tuve suficiente, me quedó 

muy claro en la capilla. Para ti soy solo una mocosa molesta que toleraste para 

lograr tu objetivo —interrumpió soltando una carcajada carente de alegría.

—No puedes  creer  que  dije  aquello en  serio, ¡por  favor,  Elizabeth, escúchame! —respondió Nick con aprensión.

—¡No!, solo dime una cosa. ¿Te acercaste a mí para investigar a mi padre? 

¿Sí o no? —lo cortó levantando una mano para silenciarlo. 

El duque la miró de hito en hito paralizado y atormentado. Mientras, Lizzy se abrazaba a sí misma y las lágrimas resbalaban ya sin control por sus mejillas.

—Elizabeth... yo... tienes que saber que te amo y lo de tu padre... —El grito de frustración que la joven lanzó lo hizo callar.

—¡Aaaagggggg! Ya no digas más. No puedo creerte una palabra. Todo fue un engaño, una ilusión. Te acercaste a mí para investigar a mi padre, me mentiste diciendo que necesitabas a una falsa prometida. No conforme con eso, me asediaste y enamoraste sabiendo que destruirías a mi familia. Solo querías vengarte, y no te atrevas a negarlo; tu hermana me dijo que la última víctima era tu mejor amigo. ¡Bien, felicitaciones! Lograste tu cometido. Querías una venganza, la tienes y de paso obtuviste una gran enemistad conmigo.

»Pero te tengo noticias, maldito tramposo: arruinaste la vida de un hombre inocente. Mi padre no tiene nada que ver con los crímenes, no es el asesino de Mayfair Square, ¡él es inocente! Espero que ese hecho te torture el resto de tu vida, la cual no pienso compartir contigo; no quiero saber nada de ti, impostor, canalla, mal nacido. ¡Veteeee! —Terminó ella, sollozando de dolor.

—Elizabeth... no... no lo hagas. No me eches de tu vida, solo pido que me escuches, ¡todo tiene una explicación! —insistió angustiado el duque, sintiendo su llanto como un puñal clavado justo en su corazón.

—Es demasiado tarde, ya no confío en usted. Por favor, retírese de mi cuarto, no quiero volver a verlo —respondió secando sus lágrimas y sosteniéndole la mirada fría y sin expresión.

—Escúchame, aunque no quieras saber nada de mí, debemos casarnos. Tu reputación está completamente arruinada; no puedes simplemente volver y pretender que no huiste de tu boda con un hombre. ¡Te destrozarán!, entiéndelo —argumentó impotente Nicholas.

—Ese ya no es su problema, excelencia; de mi reputación y mi vida me ocuparé yo. Y nada me importa menos que lo que piensen de mí sus pares. No pienso casarme con usted solo para agradarle a esa patética gente llamada nobleza. Por mí pueden irse al infierno y llevárselo a usted, de paso. Ahora ¡retírese!, o gritaré tan fuerte que me oirán hasta en Londres. —Terminó Lizzy señalándole la puerta airadamente.

—Solo una cosa puede lograr que salga de aquí. Dime que no me amas, Elizabeth, dilo y prometo que no sabrás de mí nunca más —contestó esperanzado, aguardando su respuesta.

—Eso es fácil, escúchalo bien y convéncete de una vez: yo no te amo — declaró Lizzy remarcando cada palabra y clavando sus ojos en él con desprecio y odio.

El duque se quedó mirándola en silencio. Su mandíbula se contrajo y apretó los dientes con enojo. Pareció que iba a decirle algo, pero luego de un momento inclinó la cabeza despidiéndose y, sin más, salió de la habitación, cerrando con un fuerte portazo.

Elizabeth dio un brinco al oírlo, y se desmoronó en la cama dejando salir todo el sufrimiento, angustia y dolor que le provocaba perder al único hombre que amó y que, a pesar de su engaño, amaría por siempre hasta su último aliento.

—¿Y bien? —preguntó Nicholas con gesto esperanzado al ver entrar al salón a Clarissa.

—Lo  siento,  hermano,  no  quiso  recibirme.  La  doncella  que  la  está atendiendo me dijo que no quiere ver a nadie y que cenar en su habitación —respondió con pena ella viendo cómo el rostro de su hermano se entristecía.

—¡Perfecto!, no me perdonará —se lamentó el duque poniéndose en pie mientras pasaba sus manos por su pelo con desesperación y se detenía de espaldas frente a la ventana.

Todos en el salón lo observaron en triste silencio. Clarissa se sentó junto a su madre y le hizo seña a Steve para que hiciese algo. El conde carraspeó, algo incómodo ante la situación; se levantó y se acercó al aparador para intentar pasar con una copa ese mal trago.

Luego sirvió uno para su amigo y con paso vacilante caminó hacia él.

—Nick... creo que te debo una disculpa. No sabes cuánto lamento que por mi culpa estés así —le dijo interrumpiendo su taciturna contemplación. 

—Se puede saber ¿de qué diablos hablas, Hamilton? —respondió Nick volteando a verlo.



Eva Benavidez

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En el texto hay: nobleza, regencia inglesa, serie romance

Editado: 10.06.2020

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