Criminales

Capitulo cinco.

El sonido eran ensordecedor.

¿Que estaba pasando?. — Me preguntaba sin saber la repuesta.

Podía sentir el calor de mi hermano mayor abrazándome.

—Todo estará bien. —Me susurró.

Yo abrazaba a mi pequeño oso de peluche. Por debajo de la puerta se veía una luz, el sonido de armas disparándose inundaban el silencio que siempre había.

—Tu quedate aquí, iré por mamá.

Mi hermano se separó de mi y yo sentí mucho miedo, no quería quedarme sola. No aquí que sabia que ya no estaba a salvo.

Entonces lo vi alejarse, dejándome sola.

Allí permanecí llorando, durante mucho tiempo.

Pero lo curioso era que yo podía ver a la niña desde una distancia y esa niña era yo. Había una especie de conexión que nos unía y aunque intentaba acercarme algo me lo impedía.

Me preocupé por que debajo de la puerta entraba humo, humo que me sofocaba a mi.

Hasta que alguien abrió la puerta.

Allí estaba mi salvador, aquel hombre que yo había visto muchas veces de pequeña pero sobre todo por que él fue quien me dejo en el orfanato.

Me cargo y me sacó de la casa.

Luego fui arrastrada como si alguien estuviese manipulando el espacio tiempo y me llevó a otro lugar.

Con árboles y una gran casa. La reconocí por que allí pase años de mi infancia.

El orfanato.

Me acerqué corriendo al hombre y a la pequeña yo.

Lo observé hablándole aquellas palabras que tenia grabadas a la perfección en mi mente y cuando me entregaba aquel collar que tenía quince años conmigo.

Entonces observé cuando el se marchaba subiendo a aquel auto y yo corriendo detrás de él queriendo que me llevará pero no lo hizo. Él sólo se marchó dejandome sola en compañía de la dueña del lugar.

Todo se sumió en oscuridad.

Abrí los ojos con mi corazón latiendo muy rápido.

Me senté sobre la cama tomando mi cabeza con ambas manos, frustrada.

Tratando de olvidarme tomé mi celular y revise la sección de empleos.

Allí resaltando entre tantos estaba uno perfecto el cual llamo mi atención.

Copie el número y llamé.

—Si, puedes estar aquí a las siete así estarás a prueba. Igual pagaremos tu día.

—Esta bien, nos vemos allí.

La mansión Cooper buscaba personal de limpieza por lo cual siendo Jules no tendría la menor idea de con quien me encontraría allí.

Había dejado el trabajo en la cafetería.

Durante los años había aprendido mucho de mi trabajo. Por ejemplo como manipular a las personas, me había vuelto una buena mentirosa capaz de hacer que mi cuerpo sintiera la mentira como si realmente fuese así además de haber aprendido a como hacer que un hombre cayera a mis pies y luego engañarlos.

Realmente nunca sentía nada por ellos solo una atracción de trabajo.

Por eso mi padre decía que como yo no podría haber nadie más.

Por eso el me protegía tanto.

Mi cabello rojizo lo amarre en una cola baja y me vestí con unos jeans, zapatos deportivos y una camisa.

Salí del departamento hasta la parada de autobuses donde me quede allí esperando unos minutos.

Observe a una camioneta negra que estaba estacionada al otro lado de la calle.

Fingí revisar mi celular mientras observaba disimuladamente el auto.

No sabia quien estaba adentro pero si sabia que estaban aquí por mi.

Me metí a WhatsApp y le envíe un mensaje a papá.

Un auto me esta vigilando, ¡no tiene placa!.

Pero no respondió.

Estaba nerviosa. No traía mi arma conmigo por obvia razones.

Pero gracias al cielo el autobús hizo su parada y yo subí de inmediato.

La camioneta siguió al autobús hasta cierto punto y tres cuadras antes de bajarme la camioneta tomó otro rumbo.

Suspiré con alivio.

Cuando llegue frente a la casa, observé el lugar.

Me parecía muy conocida por lo cuál tuve una sensación de haber estado allí.

Una mujer de unos cuarenta años me esperaba con un bonito uniforme a blanco y negro de mucama.

—¿Jules Smith?.— Me sonrió. Algunas arrugas se asomaron en su líneas de expresión. Sus ojos tan azules como el mar me examinaron.

Solo asentí.

—Soy Elaine. Bienvenida a la mansión Cooper.

Pasamos, yo observé la naturaleza que la rodeaba. Árboles grandes daban una exquisita sombra y grandes ramos de rosas decoraban loa alrededores.

La casa estaba pintada de un color mostaza con blanco.

Observe muchos hombres alrededor con grandes armas y un micrófono en su oído derecho. Un alrededor de veinte esparcidos como arroz.

—Te dije que el trabajo era para la limpieza, pero ya no será así. — Se detuvo para observarme, me di de cuenta que era unos dos centímetros más pequeña que yo.—Pero te ocuparas del padre del señor Cooper, da mucha lata pero estoy segura de que tu le agradarás.—Me sonrió.

—Estoy segura.

Nos adentramos a la casa por la puerta trasera de la cocina.

Allí había una muchacha de mi edad la cuál preparaba comida.

—Hija, te presentó a Jules.

La muchacha de cabello castaño me observó de pies a cabeza.

—Ah, hola. Mamá el joven Nahúm requiere tus servicios ya sabes como es.

Ya no me caía bien la chica.

Me habían asignado un uniforme el cual me había quedado un poco pequeño.

Observé la casa con algo de duda.

—¿Quien eres tú?.

Un anciano en bastón se acercaba a pasos lentos, estaba vestido de cuadros ya que su atuendo lo llevaban.



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Editado: 08.01.2021

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