Criminales

Capitulo seis.

La hora de la siesta del abuelo Nelson llegó.

Lo acompañé a su habitación que era muy grande. En una esquina había un carrito de medicinas que él mismo me indicó cuales le tocaban a esa hora.

Según el ya mi trabajo estaba listo hasta el día siguiente.

Después de despedirme de él tomé mis cosas, me había cambiado volviendo con mi ropa de llegada.

Salí por el pasillo pero antes de tomar las escaleras observe como la figura de Nahím se acercaba a mi.

Ave María purísima.

Estaba semi desnudo, con solo una toalla alrededor cubriendo la mitad de su cuerpo. Pequeñas gotas de agua decoraban su aceitunado cuerpo, al igual que su cabello que estaba mojado.

Su cuerpo parecía una barra de chocolate con pequeños dibujos que eran sus tatuajes esparcidos por su piel los cuales no sabia que tenían.

—Ya terminaste de violarme.

¿Quisieras?

Su voz me sacó del pequeño viaje que había tenido. Carraspee la garganta como si no supiera de lo que hablara.

Le di una ultima mirada antes de continuar mi camino.

Pero antes de seguir él interpuso su cuerpote frente a mi.

—Me das permiso, tengo que irme.

—No.

Rodee los ojos con molestia. El olor a champú y jabón inundó mi fosas nasales.

Al levantar la mirada note un golpe rojizo que comenzaba a tornarse morado.

Quise esquivarlo moviéndome a la derecha pero el hizo lo mismo deteniendo mi paso.

—Voy a golpearte si no me dejas pasar.— Le amenacé.

No le daría la paliza que en realidad quería pero un golpe no estaría mal.

—Quiero ver eso.

Él estaba provocándome y lo estaba logrando el muy hijo de su mamá.

— Nahím, quitate tu prometida podría vernos y la verdad no quiero problemas.— Lo mire directo a sus ojos cafés los cuales me observaban.

Sus ojos brillaban y de cerca eran mucho mas bonitos junto con esa sonrisa que dibujaban sus labios.

Me regañe a mi misma por la forma en que lo miraba.

No podía negar que el condenado estaba bueno pero él solo era un objetivo más de mis planes.

Entonces él se hizo a un lado y yo pude ser libre.

Bajé las escaleras y por mi lado pasó Nikolaí Cooper, estaba tan concentrado en su llamada que ni se percató de nuestro casi choque.

—¡Hey!.

Voltee girando mi cuerpo. Él hombre del que tanto mi padre gastaba energía odiándolo estaba frente a mi con el celular pegado a su oreja.

Su mirada estaba sobre mi, tenía la boca abierta y me observaba con una ligera confusión.

—Que pena, señor Cooper, soy Jules Smith y soy la nueva empleada que encargará de su padre.

Parpadeo un par de veces y camino hasta quedar más cerca a mi.

—Un placer y puedes tutearme tampoco estoy tan viejo.— Sonrió y en esa sonrisa es como si hubiera visto a Nahím.

—Ya me voy. — Le sonreí.

Él se quedó observándome.

Hasta que me fui.

Mi padre estaba encima de mi presionándome, queriendo saber más de la red de narcotráfico de los Cooper.

Ellos estaban en problema ya que el dinero que quemamos era una deuda que le pagarían a un magnate asiático.

Sí, al mismo de la cafetería.

Cada mañana al salir a trabajar la misma camioneta me seguía y eso me daba mala espina.

Me estaban vigilando y aunque creían que yo no me daba de cuenta si lo hacia.

Mi padre me pedía paciencia y que tratara de calmarme pero eso no era suficiente, estar metida en la casa de los Cooper sabia que estaba más desprotegida.

—¿Que haces después de que te vas?.— El abuelo me preguntó. Estábamos paseando por la casa deteniéndonos en medio del patio.

El sol golpeaba los árboles verdes que nos regalaban una cálida sombra pero cada vez que el viento movía las ramas de esta se colaba un rayo de sol que golpeaba mi rostro.

—Estoy intentando ingresar a una universidad.— Mentí. — Quiero tener un buen futuro.

Mi futuro era incierto pero mi presente estaba lleno de caos y hacia cosas que chicas a mi edad no hacían.

Nunca supe que era ir a un instituto, salir a fiestas o tener pijamadas con amigas o siquiera tener amigas. Yo no sabia que era eso.

—Como quisiera que mis nietos tuvieras esa idea en su mente, en cambio están metidos en la mala vida al igual que su padre.— Se encogió de hombros.

Observé la rama de un árbol de ella habían dos especies de argollas de hierros. Al parecer cumplían una función.

—¿Que había allí?. — Le señalé el árbol.

Sus ojos se achicaron observando la rama.

—No lo se, supongo que algún columpio. Ya estaba aquí cuando llegamos.

—¿Llegaron?.— Pregunté curiosa.

—Si, hace unos quince años esta casa se incendió con los propietarios adentro. Al parecer tenían niños, es una lastima.

—Si, lo es.

Volví a casa a pie, quería conocer un poco la ciudad al oscurecerse.

Pero me arrepentí en el momento en que me di de cuenta que la camioneta negra me seguía.

Me sentí nerviosa por que no cargaba mi arma conmigo pero sabia como defenderme a la perfección.

Apresure mi paso, tenía que llegar a un lugar donde hubieran más personas y así escabullirme.

Cruce una esquina y a lo lejos observe un parque donde se veían personas por todos lados. Pero antes de que pudiera llegar la camioneta frenó a mi lado y eso detuvo mi andar, las dos puertas traseras se abrieron y de ellas bajaron hombres de traje y con armas que me apuntaban.

Yo los había visto ante, eran los asiáticos que me gritaban cosas en su idioma.

A la chingada, aquí fue.

Me tomaron del brazo y a la fuerza me metieron a la parte trasera quedando en medio de los dos monos asiáticos.

¿Y ahora que?.

Pues buena pregunta que ni yo misma sabia responder.

El auto estaba en marcha por las calles mientras yo observaba a los hombres. Luego el asiático que iba en el asiento del copiloto se giro para mirarme con una sonrisa.



NANDAefec

#1578 en Otros
#234 en Acción

En el texto hay: armas, accion peligro, armas mafia peligro

Editado: 08.01.2021

Añadir a la biblioteca


Reportar