Crónica de las fronteras grises, libro 1: cocodrilo.

12-la catedral.

Águila se había quedado pensado en el borde del abismo, si alguien hubieran visto sus cafés y limpios ojos se hubiera dado cuenta de hasta donde llegaba su cambio interno, el cazador por su parte se había puesto a trabajar, observo detenidamente el orden en que estaban colocados los enseres de cocina y el desorden de la iglesia, que permanecía cerrada, había intentado preguntarle a águila un par de cosas pero al no encontrar respuesta lo dejo por la paz.

El cazador logro entender como era que habían actuado los cuervos, pero no comprendió como fue que águila ocultó la lagrima eterna o como logro confundir a los delincuentes.

Al repasar todo el templo por quinta vez, noto que la sabana que cubría el altar estaba mal colocada, se maldijo por no notar antes algo tan obvio.

La jalo de un borde con furia, no le importo que las pocas cosas de vidrio que quedaban en el altar se estrellaran contra el piso, un candelabro rodo a sus pies, la oscuridad era profunda y le era difícil distinguir a su alrededor.

Tomo el candelabro encendiendo la vela que aún tenía con la yesca que usaba para encender sus cigarros.

La flama le permitió ver una puerta detrás del altar, lo que le pareció más extraño es que el altar era muy bajo.

-¿ A dónde irá esa puerta?- se preguntó, aunque sabía que eso poco tenía que ver con los cuervos, pero aun así abrió la puerta con curiosidad y se sorprendió de la profunda oscuridad del otro lado de la puerta a pesar de que tenía una luz en su mano, piso el primer escalón con precaución y pudo entrever levemente que el sótano de este templo era gigantesco, le pareció ilógico que el sótano fuera más grande que la iglesia en sí, -¿hasta dónde llegara esto?- se preguntó después de casi diez minutos de bajar por esa escaleras sin barandas, el cazador jamás hacía notar lo que sentía, de vez en cuando sonreía, pero su sonrisa era áspera y mecánica, si es que podía sentir dolor, miedo, pena o amor, no lo expresaba, su rostro casi siempre era una máscara de ira y desinterés, los pocos que se habían atrevido a mirar debajo de su sombrero, jamás hablaban de ello por el miedo, se parecía tanto a un humano, por eso llevaba cubierta su cara, no ignoraba su aspecto, pues todo ser en fronteras que llegaba a ver su rostro corría espantado, -excepto uno- se dijo así mismo, hundido en sus ideas, no se dio cuenta que los escalones ya habían acabado y dio un paso en el aire, para caer boca abajo en el piso, liso y lleno de polvo, (por suerte la caída no fue muy larga).

Se levantó un poco enojado y después de encender la vela del candelabro de nuevo la cual no soltó al caer, busco con la vista su sombrero, lo vio unos cuantos metros adelante y agradeció a la suerte que nadie lo hubiera visto, dejo el candelabro en el suelo y se agacho a tomar su sombrero, de pronto levanto la vista, pues se dio cuenta que estaba frente a un muro tan amplio, que la luz del candelabro no alcanzaba a cubrirlo, mudo de asombro, se recargo en un pequeño taburete de mármol que la oscuridad no le dejo ver en un principio, se puso el sombrero y levantando el candelabro, presiono su palma contra el centro del taburete, el cual ante el peso de la mano del cazador comenzó a temblar sin razón aparente, el cazador lo miro un tanto asustado, un zumbido grave y profundo se escuchó en todo el templo, el pequeño risco en que águila estaba parada empezó también a temblar desviándola de sus pensamientos, volteo a ver la puerta que se ilumino de forma continua, hasta que la luz lo cubrió todo, el templo de la flama eterna estaba iluminado por dentro, águila tímidamente se acercó a la puerta intentando ver algo , pero escucho un zumbido agudo, de algo que se acercaba, retrocedió un poco y salió el cazador de la puerta tan rápido como una flecha tropezando con águila quedando sobre ella, la cual apenada comenzó a respirar muy rápido por el sentimiento tan extraño que tenía.

-levántate, tienes que ver esto- le dijo de pronto el cazador tomándola de la mano y echando a correr de nuevo por la larga escalera hacia el gran muro, águila paso de la pena al asombro pues lo que vio jamás pudo haberse imaginado que existía.

Ellos corrían por unas largas escaleras amplias de dos metros de ancho que daban la vuelta en espiral alrededor de una columna tan grande como el pequeño templo sobre ella, esta columna estaba en medio de un salón inmenso, frente a la gran columna, se podía entrever un gran portal con las mismas figuras de una águila y un búho como la que tenía en la punta de su cúpula la iglesia, los imponentes muros hechos del más duro y puro granito estaban llenos de grabados y pinturas que en esencia contaban la historia de fronteras pero que para el cazador no decían nada, frente al portal como a sesenta metros estaba un altar hecho de mármol con una hermosa caja de cristal que aunque vacía estaba hermosa, con un letrero grabado en el mismo mármol con letras de oro que decía: recuerdo eterno.

Cuando después de un largo recorrido llegaron al final de la escalera el cazador señalo con su dedo índice la alta pared frente al taburete y preguntó: -¿qué dice ahí?-.

Águila cayó de espaldas sin poderlo creer.



Locust

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En el texto hay: animales antropomorficos, brujas, un cazador

Editado: 19.01.2019

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