Cuando me recuerdes√

Parte Siete

PARTE SIETE

 

 

   —Parece que conoces muy bien de Nueva York —Dean se comporta como un caballero y aparta la silla de la mesa para que me pudiera sentar.

 

   Le doy las gracias sintiéndome como si esta fuera nuestra primera salida juntos y solos. A pesar de que eso no era así.

 

   —¿Por qué lo dices? —pregunto, tomando la cucharita del café para disolver bien el azúcar de mi café con leche que he pedido al llegar a Frisson Espresso.

 

   —Porque cuando te pregunté donde querías que fuéramos, sencillamente te lo pensaste dos segundos antes de responderme —se encoge de hombros, me guiña un ojo amistoso—. Pero algo me dice que no eres de aquí, ¿o sí?

 

   —Sí, en realidad si soy de Nueva York, aquí nací y crecí. Pero actualmente estoy viviendo en España.

 

   —¿España?

 

   —Así es, desde hace tres años ya —le contesto con toda naturalidad. Le informaba sobre mi vida pese a que él pueda creer que estoy hablando con un desconocido y no es muy recomendable contar cosas privadas. Pero él no es un desconocido para mí.

 

   Bebe un poco de su café negro, hace una mueca de asco casi inmediatamente. Sonrío inconsciente, no sabía cómo era el nuevo Dean, la nueva persona que ahora tenía sentada frente de mí, sus gustos, sus actividades o sus pasatiempos, pero aparentemente sigue odiando el café solo. Aun no entiendo cómo es que lo ha pedido, supongo que no se lo ha pensado mucho para ser sincera. Ahora se muestra asqueado ante la taza completamente llena.

 

   —¿Sabe mal? —pregunto.

 

   Él sacude la cabeza ligeramente.

 

   —Horrible.

 

   —¿Qué es lo que tiene?

 

   —Es desagradable así sin nada de dulzor.

 

   —¿Entonces por qué lo has pedido?

 

   —La verdad es que no tengo ni idea —reconoce—. Bueno de hecho creo que es porque jamás lo he probado, y quería parecer alguien con buen gusto frente a ti.

 

   —¿Y por qué querías hacer eso? —mi expresión debe de haberlo hecho avergonzar, porque me baja la mirada.

 

   —Lo lamento, Daisy. Es que las primeras impresiones son las que cuentan, ¿No? Si quiero volver a saber de ti en un futuro necesito que te lleves una buena imagen de mí —ahora me dedica una linda sonrisa. Sus ojos verdes brillan con aquellas elevaciones de las comisuras de sus labios—. Aquí entre tú y yo, me pareces muy guapa.

 

   Y este era el Dean que conocía, el Dean que decía todo, que soltaba lo que pensaba sin importarle las consecuencias de aquello. No hay nada en su lengua que lo detenga en el momento que siente que debe de hablarte, lo hará a pesar de que puedas estar en contra. Va directo al grano sin piedras interponiéndose.

 

   —Gracias por lo de guapa.

 

   —Ni siquiera tienes que dármelas, simplemente digo la pura realidad.

 

   —De todas maneras, te lo agradezco —digo, él asiente—. Y dime, Derek…

 

   Llamarlo por otro nombre era algo sumamente difícil de hacer, pensar en que no era para nada su nombre real y aun así debía seguir con la actuación de que no lo conocía, de que no conocía nada de su vida me oprimía el pecho.

 

   —¿Qué te digo? —quiere saber Dean.

 

   —Dime algo de ti, yo ya te he dicho algo de mí.

 

   Tenía que descubrir cualquier cosa sobre su nueva vida como Derek.

 

    —Algo de mí —repite susurrando para sí—. Bueno ya sabes que me hago cargo de una tienda con unos amigos, y también… bueno… esto es muy personal, pero me inspiras confianza, Daisy. Así que creo que te lo diré, después de todo no es como si fuera un secreto del gobierno o algo igual de turbio.

   Lo escucho atenta.

 

   —Comencé mi vida hace aproximadamente cinco años.

 

   Me sostuve fuertemente del borde de la mesa con el mantel, porque de lo contrario caería por uno de los dos lados de la silla al oírlo.

 

   —No puedo entender muy bien —murmure.

 

 

   Él sonríe relajado.

 

   —Tuve un accidente automovilístico y quede en coma por un año entero, luego de eso desperté sin un solo recuerdo de mi vida pasada —lo dice tan normal, que es como si eso no le afectara en nada—. En fin, rechice mi vida gracias a algunas personas que me acompañan hasta el día de hoy, gracias a ellos vivo como si nunca me hubiera pasado absolutamente ningún accidente.

 

   —¿Y nunca te dio algo de curiosidad saber sobre tu vida anterior? ¿Antes del coma? —mi voz decaiga, pero trate de no decaerme yo también.

 

   Cierra los ojos unos dos segundos.

 

   —Prefiero no seguir hablándolo, sencillamente te lo comente por comentar —me evade la pregunta—. Bueno, y otra cosa de mí es que soy fanático de los Brooklyn Cyclones. Adoro el béisbol. ¿A ti te gusta algún deporte en especial?

 

   No.

 

   No.

 

   Lo último que quiero es hablar de equipos los deportes más populares de la ciudad o los menos o cualquiera. Quiero seguir sacándole información y así armar la historia, de lo que verdaderamente le ocurrió.

 

   Sin embargo si le salía con otra pregunta, temía que se pusiera a la defensiva conmigo y perdiera la oportunidad de estar cerca de él. Luche contra mí para no abrir la boca y atacarle con miles de preguntas.

 

   Tome la compostura.

 

   —No, no me gusta ningún deporte en especial.

 

   —¿No te llama ni uno solo? ¡Vamos! ¡Eres una neoyorkina! Tiene que ver algún deporte famoso que te atraiga.

 

   —No a todos los neoyorkinos les tiene que gustar el beisbol, fútbol, o e incluso el hockey sobre hielo —respondo sin ánimos—. Soy un poco más de los libros, películas románticas, o cosas por el estilo.



Itsaldanat

Editado: 24.09.2020

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