Cuando me recuerdes√

Parte Dieciséis

PARTE DIECISÉIS

 

 

 

   Dejo las cajas sobre el umbral de la puerta, había perdido la costumbre a cargar tanto peso por mucho tiempo. Me quito un poco el sudor de mi frente mientras los chicos vienen detrás de mí, a pasos lentos ya que ellos traían consigo tres cajas cada uno, no pudimos subir por el ascensor porque aparentemente estaba averiado, por lo tanto tuvimos que tomar las escaleras del edificio donde Dean vivía. Un bonito edificio dentro de Manhattan.

 

   Había optado por ayudar a Dean gracias a Nathan que me convenció pese a que yo estaba segura.

 

   Me dijo que así nos involucraríamos más en su vida personal, y en el trayecto que duro al menos unos veinte minutos para recoger las cajas y llegar a su departamento, él nos fue contando algunas anécdotas de su reciente vida.

 

   Una de ellas es que un día hace unos dos años atrás, estuvo a punto de ser atropellado mientras cruzaba el semáforo en rojo, eso me sorprendió pero a él no lo tomo como algo extraño dado donde vive, la ciudad es un completo caos en muchas ocasiones. Más que causarnos risa dado que ha pasado hace tiempo ya, nos causó escalofríos. Es horrible tan solo poder imaginarlo, tuve que forzarme a no recordar ese hecho, me temblaban las manos de pensarlo.

 

   —Finalmente —exclama Dean dejando las cajas en el suelo, respira profundamente—. Muchas gracias, Daisy, fue muy amable de tu parte hacer esto por mí.

 

   Su sonrisa provoca que mi corazón palpite de emoción.

 

   —De nada.

 

   Segundos más tarde, Nathan termina de subir las escaleras. Al soltar las cajas como si estas fueran rocas de diez toneladas, estira todos sus músculos y estos truenan.

 

   Dean saca la llave de su departamento, lo introduce en la cerradura, y a continuación abre la puerta de par en par dejando ver un hermoso piso excelentemente cuidado.

 

    —Por favor, pasen —nos dice—. Luego entrare las cajas.

 

   —¿Seguro? —Cuestiona Nathan—. Podemos hacerlo ahora, no hay ningún problema.

 

   —Sí, vengan, les daré algo refrescante de beber.

 

   Dean desaparece detrás de una puerta que supongo es de la cocina.

 

   —¿Y ahora qué? —le pregunto a Nathan.

 

   —Nos quedaremos un rato al menos, necesitamos sacarle información, Daisy. Con el detective privado, no alcanza.

 

   —Lo sé —conteste—Déjamelo a mí.

 

   Él asiente.

 

   Luego vuelve Dean con tres vasos con jugo de naranja. Nos entrega uno a cada uno, y nos invita a que tomemos asiento para descansar.

 

   —¿Y hace cuanto te dedicas a lo de las playeras? —pregunto para comenzar de a poco con el tema que más nos importa aquí.

 

   Dean da un sorbo más a su bebida y contesta:


   —Un año quizás.

 

   —¿Te gusta mucho?

 

   —La verdad que más que gustar, y además de ser un pasatiempo, es algo que me relaja bastante cuando siento un altibajo sin motivos. Creo que ahí soy más productivo con las playeras.

 

   Deja su vaso en la mesa de madera, y se dirige hasta un cajón de una cómoda, saca una playera bien doblada blanca, y nos muestra su perfecto dibujo estampando en el centro de ella.

 

   —Este lo hico hace unas semanas atrás —explica, lo que hay en el dibujo es una carretera con una luz al final, eso me recuerda a cuando sufrimos el accidente, pero a comparación de aquella noche, en el dibujo que nos muestra Dean, es uno que trasmite calma y paz—. Me vino a la mente como un flash, fue extraño. No lo quise vender, me lo he quedado para mí.

 

   —Es hermoso —le susurro.

 

   —Gracias.

 

   Lo vuelve a guardar.

 

   Miro a Nathan que se ha quedado callado desde que salió Dean de la cocina, parecía que se perdió en el dibujo de Dean. No lo culpo, por un momento yo también creí perderme.

 

   —Él lo recordó —murmura por lo bajo, pero su voz llega a oídos de Dean quien se voltea confundido.

 

   —¿Disculpa?

 

   Nathan sale de su trance.

 

   —¿Qué?

 

   —Dijiste <<Él lo recordó>> ¿Qué has querido decir con eso? —la expresión de Dean era de puro desconcierto, ha sentido que aquellas palabras dichas por Nathan han sido dirigidas a él, y no está equivocado.

 

   —Yo…no… yo hablaba de otra cosa. Lo siento, no estaba aquí con ustedes —se justifica Nathan.

 

   No era una respuesta muy convincente para nadie, pero de todos modos Dean ha decidido tomarlo igual.

 

   Nathan me dedica una mirada de disculpas.

 

   —He conocido todo tipo de personas en Nueva York, pero ustedes dos en especial me dejan desconcertado por completo —dice Dean.

 

   —¿Por qué? —preguntamos al unísono Nathan y yo.

 

   —Porque hay algo que siento y no puedo evitarlo sentir. Es una sensación de que ya los conozco desde hace tiempo atrás, pero simplemente no logro ubicarlos. Mi mente se pone en blanco inmediatamente —confiesa—. Aunque de igual manera, si es fuera el caso, no tendrían porque ocultármelo. Por lo tanto, descarto aquel pensamiento casi de inmediato. No me hagan caso. La falta de memoria me juega en contra últimamente.

 

   No volvemos a tomar el tema, es increíble que Dean nos haya dejado sin el habla por su confesión.

 

   Deje pasar una media hora hasta que adentramos las cajas que permanecerían afuera del departamento. Luego de eso, cuando tenía poco tiempo para irme a casa de mis padres, tomo la iniciativa para comenzar con el pequeño interrogatorio para Dean.

 



Itsaldanat

Editado: 24.09.2020

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