Cuando tus ojos me hablan

Capítulo 7

—¡Buenos díaaasss!—Saluda una enérgica Julia—¡Bella durmiente, mueva ese diminuto trasero!—un segundo después—¡Despierta! ¡Despierta! ¡Tierra llamando a Mandi!—Unos segundos más tarde—Oye, despierta o canto.

—No, no, por favor. Ya estoy despierta.—Me estiro, froto mis ojos y me encuentro con una Julia ya lista para emprender el día—¿Tan madrugadora?

—Sabes bien que no lo soy. Son casi las ocho y debes mover ese trasero o llegaremos tarde. Lo que me sorprende una vez más es que no hayas despertado a tu hora habitual. ¿Otra fantasía?—Pregunta con sorna.

Y yo estoy a punto de responderle muy bonito, pero ahora recuerdo que anoche algo he dejado a medias, el mensaje de Matt para ser más exactas. Ayer no pude responder porque sinceramente no sabía qué decir. No quería ser tan notaria ni tampoco tan distante, quería hallar un término medio, pero debido a mi desbordante emoción me temía ser demasiado entusiasta para su gusto, lo que me dejaría obviamente en evidencia. Con más calma ahora me propongo a responder a su petición, y dando un mortal respingo, me hago de mi móvil. Reviso, actualizo, y vuelvo a revisar y no encuentro su nombre en mi lista de mensajes. ¿Pero qué es lo que ocurre?

—¿Has usado mi móvil esta mañana?—Obviamente mi pregunta la desconcierta.

—Claro que no. ¿Para qué lo querría? Tengo el mío

—Lo siento, es solo que no encuentro algo que…

Ok, definitivamente o lo he soñado o estoy teniendo alucinaciones. ¿Cómo puede ser posible que lo creyera real? Él no tiene mi número, y si Julia se lo hubiera dado, sería la primera en saberlo. ¿Cómo he podido creerlo siquiera?

—Algo que por lo visto debió ser muy importante—completa por mí— ¿A caso se trataba de una fotografía del paquete de tu Superman?

—No estoy para bromas, Juls. Y sí, era importante—Respondo en tono áspero y voy hacia la ducha.

¿Cómo he podido creer que el «Me gustaría verte, Mandi» de Matt era real? Esto definitivamente ha sido producto de mi potente imaginación. En todo este tiempo que «llevamos siendo amigos» su extensión de palabras siempre ha sido muy limitada, e incluso nula, lo que obviamente, tal invitación debería parecer absurda desde el segundo uno de haberla recibido; pero no, tuve que emocionarme al punto de sentirla real. «¡Tonta y mil veces tonta! Me hice ilusiones por nada.» Ok, vamos frenar esto, aún estamos a sábado y falta muy poco para lunes, donde finalmente ahí, sí que podrás dar por sentado un acercamiento real con él.

—¿Se te pasó la rabieta?

—No era una, pero estoy mejor. Tengo más claro todo.

—¿Eso quiere decir que si hallaste la foto de su paquete?—ríe—¿La compartirías conmigo?

—Julia, no empieces, por favor. Ahora vete que quiero vestirme.

—Como si no supiera lo que traes bajo la toalla. Te informo que yo también tengo lo mismo, por si no lo sabes, claro que con mejores proporciones—le lanzo una almohadazo en la cabeza—Ya, está bien, me voy—se va riendo sin parar.

Una vez lista y equipada, voy a buscar a Julia allá fuera, que desde hace unos minutos atrás llevaba gritando mi nombre con impaciencia para que yo me apurara, pero ahora, estando a un par de metros de su camaro, logro dar con el porqué de su repentino silencio y evidente buen humor. ¡¿Pero qué estoy diciendo?! Si eso no solo es buen humor, ya que ella técnicamente está idiotizada mirando cómo mi vecino nos da la bienvenida a primeras horas de la mañana, lo que instantáneamente me lleva a mí a ponerme igual o más que la reacción de Juls. Y no es para menos, ya que al ver como él luce en pantalones de pijama y sin camiseta mientras se va llevando una taza de café a sus labios, no es para estar tranquila tampoco, y por eso, solo por eso no la voy a molestar, porque honestamente, sé lo que se siente estar frente algo así.

—¡Oh, carajo! ¡Qué hombre! ¡Qué hombre, caray!—golpea al volante con emoción—¿Has visto lo que he visto?—le asiento seriamente, como si no me importara ni un ápice—¡Estaba sin camiseta, Mandi! ¡Sin camiseta!—Da un pequeño grito y vuelve a golpear al volante sin parar—¡Santos sean los angelitos que Dios manda a la tierra! Definitivamente, este tipo debe ser todo un semental en la cama, ¿Te imaginas? No, que te vas a imaginar tú sí solo usas esa mano, ya deberías...

—Tanto mencionas a mi mano, que voy a terminar colocándotela en la cara para que dejes de extrañarla—para de reír, asustada ahora—Tú buscaste y encontraste. Deja de molestar si no quieres que te sorprenda—ahora la que ríe encantada soy yo—Vamos, arranca.



Carolmiranda

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En el texto hay: comediaromantica, primeramor, primera vez

Editado: 14.05.2019

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