Cuando tus ojos me hablan

Capítulo 11

La mañana del sábado estaba empezando a ser muy normal como todas las mañanas de estas últimas semanas. Quiero decir que, me encontraba yo en mis aposentos, debatiéndome entre moverme o no de la cama. Estaba estirándome mientras los primeros rayos de un extraño día soleado en Inglaterra continuaba impidiéndome abrir los ojos. Cuando los pitidos constantes de un correo electrónico, un texto y mensajes en WhatsApp y en Facebook, terminaron por romper la magia. Lo siento Morfeo, la curiosidad me invade.

Tomo el celular y de inmediato quise no haberlo cogido. ¡Rayos! Otra vez Rosie. Ya he perdido la cuenta de sus innumerables recordatorios que ha ido dando a lo largo de esta semana. En verdad esta mujer ha hecho uso de toda la tecnología que hay a su alcance para que yo no olvidara invitar a Aaron al desayuno de hoy. De hecho, podría jurar que se ha pasado contando las horas. Ayer por la noche, al llegar a casa, encontré un mensaje suyo en el contestador, al segundo de darle play me arrepentí de haberlo hecho. No estaba sola, por lo que Aaron lo oyó todo. Dios, su mensaje era tan... «Mi niña linda, soy yo otra vez. Te llamo para hacerte recordar que estaré llegando alrededor de las 9am. Que ese precioso trasero, quiero decir, hombre, el buen vecino, sea puntual. Llevo toda la semana imaginando que tan bueno es. Julia ha sido muy generosa al describirlo, espero que no me haya tomado el pelo. Me voy a poner muy sexy, más de lo que ya soy, por supuesto. No me va a importar añadir un amiguito más a mi lista.... ¡No veo la hora en que amanezca! Te veo mañana mi bebé, te quiero.» Mi cara fue todo un poema después de eso. Me quedé estática, no quería ni mirar a Aaron, pero cuando me atreví hacerlo me di de bruces. Él había cruzado los brazos y con el dedo índice empezó a tantearse los labios mientras arqueaba una ceja y sonreía de costado, de inmediato sentí un retortijón en el estómago y cómo el corazón empezó a bombear con más fuerza.

 ¡Maldita sea! con ese gesto se veía inmensamente atractivo, guapo, sexy, encantador y... Ok, frena ya, Mandi. No vayas por ahí, es terreno pantanoso, luego vas a estar teniendo sueños muy sugerentes con él y la última vez no fue para nada bonito. ¡Uff, ya! volviendo al relato, una vez que retomé conciencia solo atiné por decirle un «lo siento» a lo que él solo respondió con un «no te preocupes» y que no sabía si sentirse halago o nervioso. Por lo que asumo que hoy será un día muy pero muy «entretenido» para él. Enhorabuena que invité a Benji y al pesado de Alberto. Bueno, manos a la obra, que este día sí que promete.

He decido que mejor será desayunar todos juntos en el jardín trasero, es un buen día para estrenarlo. Había hecho unas renovaciones en casa y a ese espacio le puse mucho empeño. Solo me faltaba ultimar unos detalles los cuales solo iban a ser notorios por la noche, ya que aún no había colocado las luces y todo lo referente a la iluminación. Pero por el momento en el día puede ser utilizado, así que empecé a colocar la mesa agregando un hermoso centro de flores y a doblar las servilletas. A ponerle mucha ondita, para que todo se vea muy acogedor. Sí, claro, no hace falta volver a mencionar que solo me estaba encargando de eso porque el gruñón ya había llegado a preparar el desayuno. De hecho, vino muy temprano porque yo aún me encontraba en pijama cuando le abrí la puerta, él ya estaba listo, es más se había peinado, tenía el cabello con gel y todo. Se notaba tan tranquilo, tan fresco. Traía un outfit que le aportaba una sensación juvenil, vestía con vaqueros negros, una camiseta blanca, muy delgada por cierto, que le remarcaban los perfectos músculos esculpidos y unas Stand Smith a juego. ¡Uff!

Faltando unos veinte minutos para la hora acordada, subí los escalones de dos en dos. Aún continuaba en pijama y con el cabello hecho un desastre. Tomé una ducha rápida, me sequé como pude el cabello y lo recogí en una cola de caballo. No necesité pensar mucho en lo que iba a ponerme así que elegí unos shorts color rosa pastel, una camiseta blanca y por último me calcé las vans de princesas disney. Me eché un último vistazo en el espejo y lo que vi fue a la misma muchacha pálida y con cara de espanto. No voy a negar, estoy nerviosa, muy pero muy nerviosa. He ahí el meollo del asunto, ¿Por qué debería estarlo? Si es un simple desayuno con amigos. La verdad, no entiendo por qué estoy así. Ok, vamos a tranquilizarnos, Mandi. Primero lo primero, quitar la palidez y darle vida a mi cara. Apliqué mi habitual y reciente costumbre de maquillaje, un poco de máscara de pestañas por aquí, un poco de blush por allá y como retoque final, decidí agregar una gargantilla negra a mi atuendo de hoy. Uhmm, sí, ahora tengo vida y no soy un Cullen. ¡Epa!

En medio de mi pequeño festejo mental, voy bajando las escaleras. No estoy ni a la mitad de ellas, cuando oigo un ruido de cosas cayendo, seguido de un «mierda» de Aaron. Me apresuro hacia la cocina y... ¡Dios! no sé si reírme o ayudarlo. Lleva la cara manchada de algo oscuro y su camiseta blanca ha pasado a ser café. Lo chistoso de esto es la pose en la que lo encontré, era el paso icono de Michael Jackson en smooth criminal, literal. Estoy exagerando un poco, tenía menos inclinación, pero ya entienden. Era algo así pero con los brazos muy abiertos. No pude controlarme, iba a carcajearme, pero de inmediato me mordí los labios.



Carolmiranda

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En el texto hay: comediaromantica, primeramor, primera vez

Editado: 14.05.2019

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