Cuando tus ojos me hablan

Capítulo 13

Estar tan agotada a mediodía no es un muy buen augurio.

He tenido la semana más extenuante, abrumadora y agitada de mi vida. Mi tanque de energía está siendo agotado tan rápidamente que ya no sé de dónde sacar más municiones para el resto de los días. Entre el trabajo y la universidad han sobrecargado mi tiempo. Benji lleva enfermo desde el martes, por lo que solo hemos sido Alberto y yo tratando así de cubrir sus turnos, lo cual me ha llevado a estar más tiempo en el Madison que en casa, por otro lado, estos cinco últimos días he vivido encerrada en la biblioteca junto con Francesco y Sophie, con quienes me reúno para avanzar con el trabajo de la clase gráfica; tenemos plazo de entrega hasta mañana sábado, por lo que hoy me quedaré horas extras al culminar mi última clase. En conclusión, ha sido una semana de locos, estar de un lado a otro con apenas tiempo para dormir y con las mismas despertar y preparar todo para que el día vuelva a darte más de lo mismo, no es para nada bonito.

Con todo el correr de los días, no he tenido tiempo ni para Juls, Mat e incluso para el mismo Aaron, a quien por cierto no le he visto más que en nuestros pocos minutos que tuvimos desayunando el martes. Él al igual que yo ha estado muy saturado de trabajo, dice que llevaba tiempo queriendo concluir con un proyecto que por fin ha conseguido darle forma, por lo que ha demandado quedarse horas extras en su lugar de trabajo. Esta lejanía, por así decirlo me ha hecho volver a mi rutina de antes, quiero decir, antes de haberle conocido. La que consistía en ir y volver del trabajo a casa sola, de la universidad a casa sola, la de cenar a altas horas de la noche sola y en la que volvía a usar a rápida y furiosa, la cual ha sido muy abandonada en estas últimas semanas, con lo que me estaba acostumbrando al suave sillón de copiloto de la camioneta de Aaron o a la emoción que sentía al estar sentada en su motocicleta. No saben cuan ansiosa estoy porque sea mañana, solo quiero dormir, dormir y dormir.

El día lleva muy nublado desde la mañana, está tan gris como mi ánimo y mis ganas de mandar a volar todo incrementan. Hasta el propio Alberto se ha abstenido de hacerme bromas y no es porque yo se lo impida, sino que él al igual que yo está muy estresado, los turnos que ha suplido a Benji le han caído fatal, ni con mencionar a Julia ayuda a mejorar su estado de ánimo, y eso sí que es realmente grave. El exceso de horas estando en pie en el restaurante, yendo de un lugar a otro, siempre en movimiento, sumado al ritmo constante de personas que no dejan de llegar, van a terminar por acabar con él.

Mi siguiente clase inicia a las tres de la tarde, por lo que siendo exactamente las dos me dispongo a salir del Madison si quiero llegar a tiempo. No he parado ni para almorzar, solo devoré un par de manzanas durante mi jornada, tampoco tengo hambre. Hablar de almuerzo me recuerda a Mat, no le he visto desde el lunes, y a decir verdad le echo de menos, aunque aún no hemos tenido oportunidad para estar a solas, su compañía durante los pocos minutos en el cafetín han sido muy agradable. Ojalá pronto tengamos al fin nuestro momento, en verdad me gusta y quiero intentarlo con él, bueno, si es que tengo alguna oportunidad, de lo contrario me tendré que contentar con ser su amiga, aunque la idea no sea mi favorita, mientras tanto como dice Aaron, nada está dicho, apenas estamos empezando, no debo darme por retirada sin siquiera haberlo intentado.

En el salón me encuentro a un Francesco poco entusiasta y serio, esto es raro.

—Fran ¿Te encuentras bien?—le digo acariciando su bello rostro.

—Hola, zorrita. Pues, no. Mírame, luzco horrible. Este maldito trabajo me está matando, ni con pepinillos voy a poder sacarme estas ojeras que me llegan hasta el mentón. Sé que estamos poniendo mucho de nosotros, pero en serio quiero dejarlo todo y dormir mis catorce horas completas. Esta belleza no se mantiene sola.

—Pero Fran, solo un poco más, hoy es el último exceso y mañana salimos de esta tortura. A mí también me está matando. Si te sirve de consuelo, mírame, tu eres un bombón a mi lado.

—Ahora que lo dices, al verte me siento como una preciosa mariposa. ¡Por dios! Estás espantosa. ¿Te has visto en un espejo? Estás muy demacrada, parece que en cualquier momento te vas a desmayar.—Se gira un momento y me entrega una barrita de cereal—Toma, come esto, vas a necesitar mucha energía para más tarde y con ese aspecto terminarás en el hospital.

Sin más continuamos con la clase, horas y horas de clases. Voy a resultar con el brazo morado por tanto codazo que me está dando Francesco, pero a decir verdad se lo agradezco, me estaba perdiendo varios fragmentos de este interesantísimo tema para los próximos exámenes con todas las cabeceadas que estoy dando. En serio, necesito un redbull, no voy a durar si continúo pegando ojo cada cinco minutos.

Ya para las ocho tenía medio cuerpo con hematomas.

—Oye, zorrita. ¿Estás segura que puedes andar?



Carolmiranda

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En el texto hay: comediaromantica, primeramor, primera vez

Editado: 14.05.2019

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