Cuando tus ojos me hablan

Capítulo 19

Dormir en el sillón no es del todo placentero, y más si se trata de uno no tan cómodo como el que tengo en el salón. Mi cuello protesta de dolor, giro de un lado a otro tratando así de componerlo pero es en vano. El dolor sigue, está totalmente agarrotado. Si yo estoy así no quiero ni imaginar cómo va a despertar Aaron, su cuerpo sobresale del sillón. Nos hemos quedado dormidos a media película, y sin estar previstos de almohadas ni de mantas.

Me debato entre despertarle o no. Está tan dormido que ni siquiera oye los ruidos del televisor que se ha quedado velando nuestros sueños. Me tomo el tiempo para mirarle detenidamente, está tranquilo y sereno. Hasta dormido es demasiado bello, sin dudas voy a ser muy envidiada. Río mentalmente y le deposito un casto beso en su mejilla. Me encantaría poder hacer algo por él, una idea empieza a tomar cuerpo dentro de mi cabeza y opto por darle vida. Voy hacia la cocina y le preparo su desayuno favorito, un súper platillo de ensalada de frutas. Cuando he acabado, empiezo a ponerle empeño a la mesa. He colocado los tulipanes que me dio ayer como centro y servilletas a juego con los tonos de las flores. Esta vez he querido consentirle, todos estos días ha sido él quien ha estado preparando los desayunos y ocupándose de casi todo. Me tiene muy mimada. Es momento de hacer lo mismo por él.

Le doy una última revisión a mi súper decoración y estando todo conforme me preparo para ir a despertarle, doy media vuelta e inmediatamente me doy de bruces. Mi apuesto novio está apoyado en el marco de la puerta, observándome, escrutándome.

—Ho-la—saludo mientras él entrecierra los ojos.

—Esto me parece un Déjà vu, ¿Lo recuerdas?—No entiendo lo que dice, me quedo pensativa mirando hacia la mesa que acabo de poner—Esto, se parece mucho a la primera vez que nos conocimos. Yo había dormido en tu sillón y desperté muy hambriento, vine hacia la cocina y lo primero que vi fue a ti poniendo la mesa.

—Cierto, y cuando giré te vi a ti en la misma posición en la que estás ahora—sonrío mientras él va acercándose.

—Exacto. Que preciosa coincidencia, ¿crees que el cosmos nos esté diciendo algo?—levanta las cejas pícaramente.

—Sí, que tu comida ya está lista—reímos.

—Me encanta que seas tan romántica—me besa—Veo que tienes una ligera molestia en el cuello. Lo siento, he acaparado gran parte del sillón y te he dejado solo un poco a ti. Ven, siéntate. Te daré un masaje para compensar eso.

Le hago caso y colocándose detrás de mí empieza a mover sus manos. Da un primer roce en la sensible piel de mi cuello y yo me estremezco entera, ¡Qué paz! cierro los ojos y solo así me permito disfrutar de esta maravilla. Empieza a mover los dedos con verdadera maestría sobre toda la longitud de mi agarrotada piel. En verdad es muy diestro en esto, no quiero detenerme a pensar en cómo lo habrá aprendido porque creo que no me gusta para nada. Desecho la idea y me concentro en su masaje. Sus manos son tan prodigiosas que ha hecho que el dolor se vaya esfumando. ¿Pero qué tiene este hombre que es tan mágico? Un verdadero deleite se instala en mí, provocándome ciertas cargas eléctricas con las que últimamente ando muy familiarizada, haciendo alarde de presencia cada vez que estoy con él. Un nudo en mi estómago empieza a crecer y a crecer, cada vez más grande, más pesado, por lo que decido poner fin a esta sesión de fisioterapia.

—Creo que el dolor ya se ha ido, gracias.—me animo a decir

«¡Uff! Cómo que de pronto hace mucho calor aquí»

Él toma asiento delante de mí. Se toma el tiempo en observarme unos segundos, para después hincar el tenedor en una fruta mientras intenta ocultar una sonrisa.

—¿De qué te ríes?—pregunto.

—De nada—vuelve a sonreír.

—Aaron…

—Mandi…—Agrega divertido. Le miro un poco más y niego suavemente—Es solo que traes las mejillas coloradas.

—Ah…

—Sí, «ah»—dice esto último muy sonriente.

—Me he alterado un poquito, eso es todo.

—Mi amor, estamos juntos. Creo que debemos empezar a hablar con las palabras adecuadas sin pudor, ¿no crees?

Ahí está el «Mi amor» otra vez. Tan corta y tan profunda a la vez. Oírselo es un sueño, mi corazón se enternece cada que la dice y una extraña sensación de propiedad me invade.

—Está bien.

—Entonces, como decías, ¿te he excitado?—Espera, espera y espera un poco más. Esto es algo difícil pero debo dejar a un lado el pudor verbal si estoy con él, por lo que tímidamente asiento—Es bueno saberlo. Tú y yo tenemos el mismo punto erógeno, el cuello. Lo tomaré en cuenta desde ahora.—zanja el tema y continúa comiendo.



Carolmiranda

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En el texto hay: comediaromantica, primeramor, primera vez

Editado: 14.05.2019

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