cuentos para dormir

III

LA NOCHE ETERNA

Una noche fría de 1883, en un pueblo lejano dónde la luna caía y dejando todo a completa oscuridad, una niña de cabellos rubios y regordetas mejillas sonrojadas, miraba atentamente por la venta de su cuarto.

 

Los búhos cantaban anunciando la llegada de la media noche, el color fantasmal de la solitaria luna se intensificaba cada vez más, los ojos oscuros de la niña miraban con curiosidad como una delgada figura baila alrededor del bosque con una voz de lamentos y chillidos de angustia, tan fuertes y débiles que a veces se oían, clamando por sangre.

 

La figura delgada y deforme se giró miro a la niña, su cara deformada, la piel calleándosele a pedazos tirita por tirita, goteando sangre negra con unos ojos vacíos y sin un suspiro de vida, se posaron en la ventana, su boca se alzó mostrando una sonrisa macabra, con grotesco dientes deformes y puntiagudos, sangre cayendo de sus labios.

La boca de la niña se abrió para gritar, pero nada salía, las lágrimas se acumularon en sus ojos a cada paso que daba aquella figura diciendo entre chillidos- ya voy, ya voy-gritos y una risa enronquecida por el esfuerzo-el tiempo ha llegado, ya voy, sangre sangre sangre.

 

Los búhos doblaban sus cabezas y abrían sus párpados mostrando unos ojos amarillos con las pupilas puntiagudas negras, sus cuerpos giraban sin control y sus chillidos sonando sin cesar.

 

-sangre sangre sangre, viseras, un festín de viseras-su risa resuena-ya voy, ya voy, un festín de visera.

 

La niña grita, pero no se escucha ningún sonido, sus ojos lagrimean sin cesar, pero sus mejillas sigues secas sin rastro de su llanto, la figura deforme se acerca a la niña -ya estoy aquí-habla por última vez.

 

El cuello de la figura se tuerce aún más, sus ojos se vuelven dos pozos negros, agarra los brazos de la niña clavándole las uñas y le sonríe mostrando todos sus dientes y encía de una manera grotesca. La niña se retuerce en sus brazos, su cuello comienza a doblarse, grita, ríe y llora.

 

Agarra su pequeña cabeza con desesperación, sus dedos se mueven con vida propia llegando a sus ojos oscuros, se incrustan en ellos aracandose un por uno, un ojo rueda hacia la puerta del cuarto y otro queda en sus pequeños pies, pasa con desesperación sus uñas por la cara arrancándose tirones de piel, de dónde brota sangre espesa y una risa aguda se escucha, dejando todo en un completo silencio.



Tex Sanchez

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En el texto hay: cordura, fantasia, demente

Editado: 25.12.2020

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