Dance with the dragon

Princesa

Se encontraban comiendo cuando Jormunand dio la "grandiosa" noticia de que se celebraría un grandioso baile en la mansión.

Monica dejó la cuchara a medio camino hacia su boca y se volvió para mirarlo por primera vez en días.

A Raquel se le iluminó el rostro y dio un par de palmadas de emoción.

-¿Baile? ¿Como antes? - dijo la chica casi al borde del llanto.

Jormunand asintió sin una pizca de emoción en su rostro.

-Es una excelente manera de presentar a Monica ante el... pueblo.

Monica dejó la cuchara en el plato y se cruzó de brazos.

-Te aseguro que no es necesario. - Soltó agria. Era la primera vez que le dirigía la palabra al dragón desde hacía días.

-Al contrario, las personas comienzan a rumorear... es mejor que su curiosidad sea satisfecha cuanto antes para que nos dejen tranquilos.

-Simplemente haz tu truco ese de hipnotismo con ellos.

-Ellos han sufrido demasiada crueldad en sus vidas ya, no seré yo quien los prive de su libertad de nuevo.

-¿Y a mi si?

-El tuyo es un caso diferente... si hubieras aceptado desde un principio mi mandato yo no hubiese tenido que...

-¡Si tú no fueras un maldito secuestrador yo no hubiese tenido que desobedecer tu mandato porque no estaría aquí!

-No estarías aquí de no ser por que quisiste probar que eras la mujer más fuerte de todas, internándote en el bosque, buscando... lo que no querías encontrar.

Monica se levantó y se retiró de la mesa. Era cierto, ¿que había querido probar? ¿Lo fuerte que era? ¿Lo valiente que era? Lo único que probó fue su estupidez. Después de lo mucho que se le advirtió...

Raquel entró en su recámara después de un rato.

-Será divertido. Cuando tu madre estaba aquí, se festejaban bailes todo el tiempo. Ellos solían bailar toda la noche, siempre sonriéndose el uno al otro...

-Ah, ¿sí? - pregunto Monica, la verdad era que, no recordaba a su madre sonriendo mucho. - ¿Como era?

-¿Tu madre? Ella era... valiente. Hermosa, divertida, muy amable... tierna, se comportaba como lo que era... una princesa. Pero... cuando se molestaba... daba miedo.

-Si, eso lo recuerdo, aunque la verdad es que... conmigo casi jamás se molestaba. Cuéntame más.

-Una vez... una de las doncellas le cortó mal el cabello, solo fue un mechón pero... ella... bueno... lanzó una llamarada de fuego de su mano y... la chica... se incineró.

-¿Que?

-Si... pero eso fue... casi lo peor que hizo, después de eso, Jormunand no le permitió tener más doncellas, las cosas fueron mejor entonces. Yo siempre supe manejar su ira mejor que cualquiera, incluso que mi hermano.

-Rebeca... - a veces olvidaba que Rebeca y Jormunand eran hermanos. - ¿Que edad tenías cuando comenzaste a ser... bueno... ammm... criada?

Rebeca la miro de una manera que Monica no pensó que pudiera tener. Eran una mirada de seriedad que más bien esperarías ver en una mujer anciana.

-Yo, era la doncella de tu madre Monica, no su sirvienta.

-Claro...

-Y lo mismo soy de ti, no me creas tu criada.

-Jamás lo pensaría. - soltó Monica.

-Bien... yo... era joven, muy joven... pero ella... era diferente conmigo, siempre me cepillaba el cabello y... me contaba historias.

-¿De verdad crees que... lo amaba?

-Si... solo que... se amaba más ella misma.

Monica pensó en esto todo el tiempo en el que Raquel le ayudó a vestirse. La vistió como una reina. Con un vestido del color del vino, con encajes negros. Cuando se miró al espejo pensó que había salido de alguna pintura del siglo diecisiete.

Bajo al salón en donde ya se escuchaba la música y los murmullos de la multitud.

De pronto se sentía como en su graduación, si hubiese asistido claro, porque prefirió ni siquiera entrar. En lugar de eso se había ido con Ben, su novio de la escuela, a celebrar su propia fiesta con cigarrillos y licor comprado con identificaciones falsas.

Tomo tanto aire como pudo y entró por el umbral grabado con angelicales diseños. El salón era hermoso, casi tanto como la librería en su opinión. Tenía un cielo raso impecable, enormes ventanales, en el mármol pulido del suelo podías ver tu propio reflejo. Del techo colgaban hermosos candelabros y un intenso olor a rosas se colaba desde el jardín.

Monica captó la atención de todos los presentes. De pronto, sintió la necesidad de hacerse un ovillo y comenzar a mecerse.

Su respiración comenzó a entrecortarse. Los presentes, al igual que ella, parecían sacados del siglo diecisiete y por un momento, le pareció ver sus verdaderos rostros detrás del maquillaje. Rostros diabólicos que no le gustaron nada.

Sintió desfallecer. Sus piernas temblaron escondidas bajo su pesada falda. Estaba a punto de salir corriendo cuando una mano sujetó su cintura infundandole fuerzas.

Miro hacia arriba, a donde sabia estaría el rostro de Jormunand.

Él llevaba un traje negro, como era de esperarse, son una extraña cosa en el cuello hecha de encaje blanco a modo de adorno. Llevaba el cabello negro sujeto en una coleta en su nuca, pero un par de mechones lacios caían por su pálido rostro. Monica sintió su fría mano en su cintura, le sorprendió que la frialdad de su cuerpo pudiese penetrar la gruesa tela del vestido.



Frann Gold

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En el texto hay: dragones, secretos, magia

Editado: 04.09.2020

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