Desearía ser tu amigo

5-¿Qué soñaré?

Tiempo después, la policía y la ambulancia llegó al lugar donde murió Mauricio. Julieta y Alan se traumatizaron mucho y Diana sólo expresaba seriedad. Le toqué el hombro y se alejó de mí, después me senté en la banqueta evitando buscar la lógica de la maldición.

–Miranda, ¿Te puedo hacerte algunas preguntas? –me preguntó una mujer policía, de cabello rubio artificial y un lunar en su ojo derecho... con apariencia de más de 39 años.

–Disculpe, ¿Cómo me conoce? –le pregunté con seriedad.

–Soy Mirgo. Mi hijo fue compañero tuyo en la primaria.

–¿Doña Mirgo? –trataba de recordar pero aun así la desconocía –, ¿Su hijo se llama Fabián?

–Sí, él es mi hijo –contestó la señora con confianza.

– ¡Oh ya me acordé de usted! –recordé casi olvidando mis emociones fúnebres.

–Sí si, ya te llegó el recuerdo –dijo la señora y después se acordó de las preguntas, lo cual nos fuimos a un rincón privado –. Bueno comencemos. ¿Sabías que iba suceder un paro cardiaco a Mauricio?

–Al parecer no. Es que... no sé si es verdad la maldición.

–¿Te refieres al famoso fantasma Julio? –me preguntó.

–S... si –tartamudeé –. No sé si esto es verdad.

–Bien, así que eso fue como una "causa". ¿Qué sucedió realmente? –me preguntó la señora y necesitaba convertir mi respuesta en un argumento.

–Bien. Todo empezó cuando acompañaba a Diana, de repente apareció Alan, Julieta y Mauricio; Mauricio empezó a comportarse muy grosero y maldecía el nombre de Julio. Así fue como le dio el paro cardiaco. Y sólo trataba de que Diana no mirara la agonía de Mauricio.

–Mmm... bien. ¿Y ese tal fantasmita lo conocías?

Le iba a contestar su pregunta pero su propio hijo interrumpió la interrogación.

–Perdón, pero la mamá de Miranda la busca –dijo Fabián señalando.

– ¡En serio!, creo que está preocupada –exclamé.

Doña Mirgo me acompañó y ambas miramos a mi madre muy preocupada. Con mente perdida o algo así, me miró y me abrazó, yo solamente expresaba dudas.

– ¡Miranda!, ¿Te sucedió algo?, ¿Estás bien?, ¿Qué tienes? –preguntó mi madre desesperadamente.

–Estoy bien mamá, no sucedió gran cosa –le contesté con seriedad –. Lo único que sucedió fue la muerte inexplicable de Mauricio –concluí fríamente.

Sólo mi madre decía palabras católicas y doña Mirgo la tranquilizaba. Después de eso mi madre y yo nos retiramos no antes de agradecer a doña Mirgo, cuando estaba más alejada ella me alcanzó a dar una advertencia:

"Sea o no sea cierta la leyenda, debes de cuidarte de cualquier peligro"

Sólo giré la cabeza muy rápido y regresé mi rostro a la ruta de mi casa.

Cuando llegamos, mamá me abrazó de nuevo, la abuela nos miró con admiración y nostalgia tratando de no interrumpirnos. Nos dimos cuenta de las miradas que hacía y nos separamos. Avisé que iría a mi recámara y antes de subir las escaleras, mamá también dijo un mensaje importante:

"Miranda... siempre te voy a querer. Porque eres el principal pilar de mi vida"

Sólo agradecí con carisma y me dirigí a mi habitación. Tomé mi teléfono y subí a la cama de forma boca abajo en mi cama y horas después me dormí.

En el sueño, la briza y el atardecer se juntaban en el verano. Plantas doradas agradables acariciaban cuando caminaba, el cerro del Muerto era más verde que de costumbre. En medio del paisaje estaba un árbol, me dirigí al árbol para sentir su sombra. Cuando estaba debajo del árbol vi una manzana roja, sin razón alguna me subí a una rama para tomarlo, pero perdí el equilibrio, lo cual iba a caerme. Pero el chico de mis sueños me atrapó en sus brazos.

– ¿Por qué estabas arriba en el árbol? –me preguntó al mismo tiempo que me ayudaba a ponerme en pie.

–Por una... manzana... supongo –tartamudeé sin razón.

–La qué está arriba –señaló y con un sólo golpe a la madera hizo caer la manzana –... yo diría que fue un trabajo fácil.



Julio 2000

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En el texto hay: terror, terror psicológico, romance

Editado: 01.03.2019

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