Despertar a la madurez

SEPTIMO MOMENTO: AFLICCIÓN

Y en el momento en que el niño sucumbía, desde la distancia pudo notar un destello de luz como un rayo que atravesaba las llamas y se aproximaba velozmente hacia a él. El sonido que apenas podía escuchar era un galopar, un hermoso animal, un corcel, llego hasta el  como enviado para salvarlo. Y con las fuerzas que le quedaban pudo subirse a él y salir de aquel lugar.

El niño fue encontrado lleno de heridas, agonizando por en su mayoría laceraciones en su cuerpo. Y el corcel llevo al niño lejos de los destrozos del rio donde lo encontró.

¿Quién eres? Le pregunto el niño al corcel cuando apenas recobraba su conciencia.

Descansa niño. Necesitas sanar, recuperar fuerzas y no he venido a quitártelas. Descansa niño. Le repitió y se quedó profundamente dormido.

En sueños caminaba en un jardín donde podía sentir el niño bajo sus pies descalzos, la calidez del césped. A pocos metros se encontraba la Dama de Azul, entre las flores que adornaban el jardín.

Hola… ¿Llegue tarde? Le pregunto el niño.

La Dama lo miro, le sonrió y le respondió: ¿A dónde?

A mi muerte le dijo el niño… ¿Es este el paraíso?

No mi niño le dijo, no has llegado tarde porque aún no es tu tiempo y ni este es tu lugar. Continúo respondiéndole la dama: Te pregunto ¿Necesitas más aventuras para aprender la lección?, ¿Qué buscas?, ¿Qué necesitas?

Decidiste emprender un viaje que puso en riesgo ciertamente tu integridad ¿Qué es lo que te hace falta ?

¡Despierta niño!

Entonces, aturdido el niño despertó y a su lado postrado estaba el corcel y observándolo le dijo: Has dormido lo suficiente para recuperar tus energías y continuar. Tus heridas han sanado, ya es tiempo de que te levantes.

Y el niño le respondió con incredulidad: ¿Continuar?, ¿levantarse?, ¿Qué sabes tú del tiempo? El tiempo no cura ninguna herida, no cura nada. Es un hipócrita, que sabe el final del juego y se entretiene en los intermedios.

¿Qué haces aquí?, ¿Quién te dijo que yo quería ser salvado? Debiste dejarme donde me encontraste. No sé quién eres. Yo no pedí tu ayuda.

 Y levantándose el corcel, le respondió: ciertamente has avanzado, un paso a la vez. Y aunque en este momento no lloras. Has transformado tu tristeza en rabia. Cuidado con la emoción que usas, cualquiera de las dos te impulsará para bien o para mal, eso lo decides tú.

A su vez y enfadado, el niño se levantó y le dijo: ¿Quién te ha enviado?, ¿Eres acaso un mensajero?, tus palabras me son familiares, pero no es la misma voz, es otra. No eres él, eres otro.  

He decidido continuar y esta vez, no necesito mensajeros, ni compañía. Así que vete, puedo continuar solo y lo haré.

Entonces el corcel le respondió: Esta bien Joven, solo que antes de irme ve hacia ese rio  y observa que hay en el fondo, puede que te sorprenda la forma que veas y lo necesites para el camino. Y sin decir más partió.

Y así, el enfado del niño se disipado ante el curioso comentario del corcel. ¿Qué hay en el fondo de ese río? ¿Qué quiso decir?



La flor de Apolo

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En el texto hay: emociones, joven adulto, crecimiento personal

Editado: 08.04.2018

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