Después del fin

Capítulo 11: Problema inesperado

—¿Por qué hiciste eso? —le pregunta Willy a mi papá, gritando con furia.

—Tenía que hacerlo o sino seguirían riéndose en nuestra cara —contesta mi papá hablando muy tranquilo.

—¿No te das cuenta que tendremos que esperar una hora más? ¿que con uno más podrías matarlos o quizás ya los mataste? No todos mueren a las 3 veces, otros mueren a las 2 veces. Las 3 veces son para los más fuertes —le contesta Willy quitándole el objeto que electrocuta.

Mi papá no le hace resistencia y se lo pasa. Nos confiamos y dejamos de fingir la voz.

Salimos de la habitación a ver la casa en busca de las respuestas que no nos quisieron dar. Podrían tener en algún lugar escrito todo lo que queremos saber, o bien, podrían no tener nada y estaríamos perdiendo el tiempo. Realmente no estaríamos perdiendo el tiempo: estaríamos haciendo algo en vez de quedarnos sentados esperando a que se despierten.

Reviso detrás de los cuadros, en hojas, todo en lo que vea letras, y se lo pasamos a Willy para que los lea. Algunos son cartas, otras son dedicatorias y otras son recordatorios, pero nada es lo que buscamos.

Ahora que lo pienso, dudo que alguien vaya a escribir los secretos si no quiere que nadie lo sepa, y menos escribirá algo que no es trascendente en su vida.

Después de recolectar varias cosas en que haya algo escrito y de que Willy las haya leído sin tener éxito, devolvemos todos los papeles en su lugar.

—¡Alo! —escucho el grito de alguien afuera.

Todos nos paralizamos. Willy camina lentamente hacia la ventana. Mueve un poco la cortina y asoma la cabeza.

Nos señala la ventana y susurra:

—Hay gente afuera.

Todos nos aproximamos a mirar. Son sus familiares, estoy segura. Ellos salían en algunos cuadros.

—¡Alo! —insisten.

—¿Qué hacemos? —susurro.

—Fingiremos que no hay nadie —nos propone Willy.

Aceptamos su idea. Menos mal que no han despertado aún, porque o sino podrían gritar, y con un solo grito es suficiente.

Esperamos a que se vayan. Willy asoma la cabeza de vez en cuando, siempre corriendo un poco la cortina para que no lo vean.

—Se han ido —nos susurra Willy, feliz.

Dejamos escapar un suspiro de alivio.

—¿Ya pasó la hora? —pregunta mi papá impaciente.

—Quedan unos minutos; debemos ser pacientes —le contesta Willy observando la hora en su celular.

Seguimos esperando.

Después de que pase la hora, ellos aún no despiertan, lo que se hace raro.

—¿Qué pasa? ¿Por qué no despiertan? —pregunta mi mamá acercándose a los inconscientes.

—Quizás están fingiendo —supongo.

Mi papá vuelve a acercar el objeto que electrocuta a nivel medio; pero esta vez ninguno de los dos reacciona.

—No tienen pulso —dice mi mamá tocándoles el cuello.

Así es, no sabemos leer ni escribir, pero si sabemos el pulso porque es demasiado importante y vital de hecho. Al menos sabemos eso.

—Esteban —dice Willy tomando los cuerpos—, los mataste

—Pero ¿cómo? se supone que mueren a las 3 veces —contesta mi papá fingiendo tranquilidad, aunque se nota el miedo que tiene de haber matado a alguien.

—Ya te dije que no todos soportan las 3 veces —le contesta Willy, fastidiado.

—¡Los mataste! —grita mi mamá. Veo en su rostro una expresión de sentirse culpable, a pesar de que ella no mató a nadie.

—¿Y qué si los maté? ¡Ellos han matado más gente en cada Salida! —grita mi papá.

En parte, tiene razón. Esas personas quizás qué hicieron con la gente que iba a La Salida, ni siquiera alcanzamos a preguntarles eso; hubiera querido oír la mentira que se habrían inventado. Ya no alcanzamos, pero algo bueno e importante hicimos: eliminamos a dos personas que nada bueno hicieron por nadie.

Ahora debemos salir de aquí antes de que vuelvan sus familiares, y peor si nos ven.

—¿Los enterramos o los dejamos aquí? —les pregunto al pensar en esas opciones.

—Que se queden aquí. Si los enterramos demoraremos mucho además de que alguien podría sospechar al ver tierra removida. Y ellos no merecen ser enterrados —me contesta Willy. Es convincente.

Todos nos vamos dejando a mi ex jefe y a su esposa semisentados sobre el sofá sin las cuerdas.

No nos vamos silenciosos; eso sería lento. Nos vamos prácticamente corriendo, básicamente por el miedo a que algún adinerado o sus familiares nos hayan visto y terminen con nosotros.

Llegamos a la casa de Willy, claro, porque ahora estamos viviendo ahí desde que empezó todo esto de la revolución, obviamente porque en las habitaciones hay cámaras y en las casas no, y estamos constantemente haciendo planes, por lo que estar en una casa es prioridad.

Todas las noches, en la placidez del silencio y la relajación, se sienten gritos y tensión, de seguro los gritos de los electrocutados por no decir la verdad, o los gritos de los nuestros sufriendo por ser descubiertos. Enigmático.

Ya han matado a cinco adinerados que no quieren decir la verdad, incluyendo a los que hoy murieron serian 7. Todavía nos queda el jefe de mi mamá y 10 más. Todavía podemos tratar de sacar respuestas.

Mandamos a uno de los nuestros a ir a la comunidad subterránea más cercana a la nuestra y que así esa comunidad avise a la otra, y luego tengamos a todas las comunidades a nuestro favor.

Pero no estarán absolutamente todas las comunidades subterráneas a nuestro favor, ya que todas las comunidades tienen adinerados, algunas más y otras menos.

Así que al convocar a las otras comunidades tendremos más aliados, pero, a la vez, más contrincantes.

Miro la hora en mi celular: las 8 pm. Estuvimos varias horas allá, como unas 5 horas aproximadamente, y todo para nada, solo para que mi papá los matara.

Al principio pensé mal de mi papá por matar a alguien, por ser un asesino y más al ver que él no se inmutó al saber que mató a un ser humano. Me hizo pensar que ya lo ha hecho antes; pero el argumento que dio Willy es convincente.



the_icegirl

Edited: 19.07.2019

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