Destino

Capítulo 3

***Días después***
La primera semana en la Universidad estaba por concluir y las cosas no mejoraron mucho con Arlene y sus amigas, ya que han venido buscando la manera de molestar a Mariana, pero también están quienes inesperadamente se han acercado para ayudarla. Como Diego, Patty y el mismo Alonso.

—Hola, Mariana.

—H-Hola. —Lo mira sorprendida. — Es raro verte sin escolta.

— ¿Lo dices por Arlene o Diego? —Sonríe destellando ese brillo en sus ojos que atraviesa su alma haciéndola estremecer.

—Por ambos.

—Te esperaba para ver sobre el tema de anatomía que nos tocó realizar juntos. ¿Te parece si hoy almorzamos y coordinamos el proyecto?

—Por mí no hay problema, pero ¿Te dará permiso tu odiosa?

—No tengo que pedirle permiso a nadie. —sonríe.

—Me alegra saberlo, no quiero tener más roces con ella.

—Nos encontramos en la cafetería.

—Perfecto.

Alonso se marcha sonriendo y mientras ella sigue de pie junto a su casillero, aparece Arlene y sus amigas. Desde que la maestra designo las parejas de trabajo, todas se fueron contra ella. ¿Pero quién podría ir contra el destino? Fue su suerte el que los eligieran.
Volvieron a rodearla y a Arlene le tira sus libros haciendo su berrinche de niña rica, sin duda, la habían estado esperando y nadie le garantizaba que no hayan estado espiando su conversación.

— ¿Ustedes no se cansan? ¿Acaso les gusto o qué?

Todas se acercan sin decir nada, más la cara de Arlene decía mucho, la lleva contra los casilleros.
 

—Si te crees especial por tener nuestra atención diaria, estás equivocada, mugrienta. El estar de pie frente a ti es humillante para nosotras, no solemos rebajarnos a un nivel como el tuyo, pero tenemos que hacerlo porque estás invadiendo nuestro terreno. ¡Mi terreno!

—No sé de qué hablas.

— ¿Te haces la idiota ahora? —Coloca sus manos a su lado acorralándola.—No quiero verte cerca de Alonso.

—Eso es inevitable, si ambos tenemos trabajo en conjunto.

— ¡Escúchame bien, maldita perra! —grita. — Espero que no te estés haciendo la idea de que alguien como tú, pueda gustarle. Si él se acerca es solo porque es amable y es necesario el contacto visual contigo. Porque a ambos nos causas repugnancia.

—¿Sabes? El que estés aquí advirtiéndome, dice lo contrario. Te sientes insegura, porque temes que me elija a pesar de lo que soy.

Arlene, se aparta dejándole una fuerte bofetada e indicándoles a sus compañeras hacer lo mismo. Una a una fue pasando, recibió cuatro bofetadas extras. Y como si eso no fuera suficiente, habían grabado ese bochornoso instante. ¿Cómo es que suelen ser tan rápidas para esas cosas?
Ahora la diosa de la universidad la toma del cabello y la hace doblar a un lado, de un tirón, sin darle tiempo a defenderse.

—No te sientas tan lista, pequeña ramera, que todos sabemos de sobra la clase de mujeres que son, las de tu clase. El que estés en un proyecto con Alonso no te hace importante en su vida. Si se acerca a ti, es por le das lastima como a la mayoría de aquí. ¡Mírate! ¡Pobretona, rata de cloaca! Este no es tu lugar. —La estrella contra los casilleros.
 

—Puedes hacer conmigo lo que quieras. —Responde sin intimidarse. —Y eso no cambiará en nada tu situación con Alonso. Ya todos saben que entre ustedes no hay nada. Solo son apariencias y aunque te duela, no se casará contigo.

Arlene se le lanza encima, y eso era solo lo que esperaba Mariana para darle unas buenas bofetadas y tirones en su hermoso cabello rubio, tan falso como ella.
En un segundo se armó un gran lío, Mariana ya no estaba dispuesta a seguir aguándolas. Podía con dos o todas. Como cualquier pelea callejera las chicas lindas se despeinaban y recibían sus buenos golpes. Los gritos llegaron a oídos de Alonso y Diego, que aparecieron de inmediato para separarlas, pero ya el director estaba siendo informado de ese gran alboroto en los pasillos de su universidad. Poco después, todos fueron llevados a su oficina.
En medio de más alboroto Alonso y Diego abogaron por Mariana haciendo estallar en gritos de histeria de Arlene.
 

—¡Silencio señoritas! Este no es un mercado. Además ya tomé mi decisión, ¡Todas están sancionadas por una semana!

—¡No es justo! ella empezó todo. —grita Nicole.

—¡Guarden silencio o subiré el castigo a dos semanas! ahora se tranquilizan y se van a clases .

—Pero…— interrumpe Arlene.

—Sin peros, o ahora mismo se van a sus casas.

Entre miradas de muerte, abandona la oficina y guardan silencio hasta estar lo suficiente lejos para poder seguir discutiendo. Más lo que ellas no sabían, era que los chicos seguirían en su firme decisión de apoyar a la nueva.
 

—¡No puedo creer que prefieras está callejera!

—¡Basta! ¿Qué es lo que tanto te molesta de Mariana? —Grita Alonso.

—¿Por qué la defiendes? —Chilla Arlene. —¡Yo soy tu novia!

—El que nuestros padres deseen casarnos, no nos hace novios oficiales, desde hace unos meses he tenido ganas de terminar con esta mentira. Tu presencia me asfixia y tu comportamiento es desesperante.

Arlene lo abofetea con tal rabia que marca su mejilla.

—¡Te guste o no seré tu esposa, así tenga que llevarte arrastras! —grita

—¡estás loca!

La mira enojado y se aleja, Diego por su parte toma a Mariana de la mano ante la mirada absorta de las chicas lindas.
 

“Si buscaban llegar a ser las dementes de la universidad, lo consiguieron”
 

Si para ellas esa escena apestaba, para Mariana no era diferente. Debería salir de casa todos los días, si faltaba su padre lo usaría de excusa ya no la dejaría asistir. Pero a los nuevos amigos se les ocurrió una genial idea, mientras la ayudaban a estar presentable tras esa riña.
 



Deysi Juarez (Dama de Hierro)

Editado: 22.01.2021

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