Destino De Vampiros (sds#9)

Capítulo 4: De Vampanez A Vampiro

Pov Becca

A Sophie no le gustaba (¡ni a nadie!), pero al final la convencimos de que no había otra solución. Ella quería esperar, meditarlo y consultarlo con su médico, pero le expliqué que debía ser ahora o nunca.

—Vancha y yo tenemos una misión que cumplir —le recordé—. Puede que no podamos regresar después.

Cuando habíamos hablado de la transfusión por primera vez, Vancha se había ofrecido voluntario. No creía que fuera seguro para mí intentarlo. Me encontraba en plena purga: mis células vampíricas estaban imponiéndose, convirtiéndome en una vampiro completa, y mi cuerpo se hallaba en un cambio continuo. Pero cuando lo presioné, admitió que no había ninguna razón real para pensar que la purga fuera a tener algún efecto negativo en el procedimiento. Hasta podría actuar a nuestro favor: ya que mis células vampíricas estaban hiperactivas, puede que tuvieran más probabilidades de destruir a las células vampanezas.

Habíamos intentado preguntarle varias veces a Evanna sobre los peligros que entrañaba. Podría verlo en el futuro y decirnos si saldría bien o no. Pero se negó a ceder.

—Esto no tiene nada que ver conmigo —había dicho—. No haré ningún comentario.

—Pero debe ser seguro —había insistido yo, esperando alguna palabra de aliento—. Estamos destinados a volver a encontrarnos con Steve. No podremos hacerlo si yo muero.

—Tu encuentro final con Steve no está en modo alguno escrito en piedra —me había respondido—. Si mueres de antemano, él se convertirá en el Señor de las Sombras por defecto, y la guerra se inclinará a favor de los vampanezes. No creas que eres inmune al peligro a causa de tu destino, Becca: puedes morir, y quizá mueras si lo intentas.

Pero Darius era mi sobrino. Vancha no lo aprobaba (habría preferido
pasar de Darius por ahora, y concentrarse en Steve y recuperar a Cate), pero yo no podía abandonar así al chico, con semejante amenaza pendiendo sobre él. Si podía salvarlo, lo haría.

Podríamos haber practicado la transferencia de sangre con jeringas, pero Darius insistió en emplear el método tradicional de las yemas de los dedos. Estaba emocionado, a pesar del peligro, y quería hacerlo a la
antigua.

—Si voy a ser un vampiro, quiero ser uno de verdad —gruñó—. No quiero ocultar mis marcas. O todo o nada.

—Pero será doloroso —le advertí.

—No me importa —suspiró.

Sophie aún tenía sus dudas, pero al final estuvo de acuerdo con el plan. Puede que no lo hubiera hecho si Darius hubiera titubeado, pero él
se mantuvo en sus trece con implacable determinación. Odiaba admitirlo (y no lo dije en voz alta), pero poseía la capacidad de compromiso de su
padre, Tommy y Steve había aportado aún más al criarlo así. Steve era demencialmente malvado, pero siempre hacía lo que se proponía, y nada podía hacerle cambiar de idea una vez que había tomado una decisión. Darius era igual.

—No puedo creer que esté ocurriendo esto —suspiró Sophie mientras me sentaba frente a Darius, disponiéndome a insertar mis uñas en las yemas de sus dedos—. Al comenzar la noche, en lo único que pensaba era en ir a hacer la compra mañana, y en estar aquí para dejar entrar a Darius cuando volviera a casa desde la escuela. ¡Entonces mi hermana vuelve a entrar en mi vida y me dice que es una vampiro y que tengo una sobrina! ¡Y esa sobrina es hija de un ser malvado! ¡Y ahora,
cuando acabo de asimilarlo, podría volver a perderla tan rápido como la
encontré… y a mi hijo también!

En ese momento estuvo a punto de cancelar la operación, pero Alice se le acercó por detrás y le dijo suavemente:

—¿Preferirías perderlo mientras es un ser humano, o cuando sea un asesino como su maestro?

Eran palabras crueles, pero aplacaron los nervios de Sophie y le recordaron lo que había en juego. Temblando violentamente, llorando en silencio, se apartó y me dejó proceder.

Sin previo aviso, hundí mis uñas en las suaves yemas de los dedos de Darius. Profirió un chillido de dolor y se echó bruscamente hacia atrás en su silla.

—No lo hagas —dije cuando se llevó los dedos a la boca parabchupárselos—. Deja que sangren.

Darius bajó las manos. Apretando los dientes, hundí las uñas de mi mano derecha en las yemas de los dedos de la izquierda, y luego, a la inversa. La sangre brotó de diez manantiales carnosos. Presioné mis dedos contra los de Darius, y los mantuve así mientras mi sangre fluía al interior de su cuerpo, y la suya al interior del mío.

Permanecimos unidos durante veinte segundos…, treinta…, más.

Sentí las células vampanezas en cuanto su sangre entró en mis venas, escociendo, ardiendo, chisporroteando. Ignoré el dolor. Vi que Darius también era consciente del cambio, y que le dolía más que a mí. Me apreté aún más contra él, para que le resultara imposible apartarse.

Vancha permanecía en guardia, observándonos, calculando. Cuando creyó llegado el momento oportuno, me agarró los brazos y me apartó las manos. Lancé un grito ahogado y me levanté, sonreí a medias y entonces caí al suelo, retorciéndome de agonía. No esperaba que las células reaccionaran tan pronto, y no estaba preparada para la brutal rapidez con que se produjo la reacción.

Durante mis convulsiones, vi a Darius retorcerse violentamente en su silla, con los ojos desorbitados, haciendo ruidos ahogados mientras sacudía frenéticamente brazos y piernas. Sophie corrió hacia él, pero Vancha la apartó de un empujón.

—¡No interfieras! —ladró—. La naturaleza debe seguir su curso. No
podemos interponernos en su camino.

Durante varios minutos me convulsioné frenéticamente sobre el suelo. Me sentía como si hubiera un incendio bajo mi piel. Había experimentando jaquecas cegadoras y un montón de molestias durante la
purga, pero esto me elevó hacia nuevas cotas de dolor. La presión creció detrás de mis ojos, como si mi cerebro fuera a salir a través de mis cuencas oculares. Hundí con fuerza la cara interna de las muñecas en mis ojos, y luego a ambos lados de mi cabeza. No sabía si estaba rugiendo o resollando. No oía nada.



SiVeLa123

Editado: 17.08.2019

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