Detrás de la máscara

CAPÍTULO XX

CAPÍTULO XX

Después de pasar el día en mi apartamento sin ningún tipo de suceso extraño y más tranquila que nunca, estaba en el sofá pasado los canales de la televisión para encontrar algo de mi agrado, pero no había nada.

En más de una ocasión tuve el impulso de llamar a Derek, pero me arrepentía y colgaba antes de que pudiera sonar siquiera. No quería ser la típica pesada que después de un polvo se creen que ya son pareja. Quería darle espacio, aunque me moría de ganas por oírle y estar con él.

No me había dado cuanta de cuánto me gustaba hasta que me percaté de que pensaba en él a cada segundo. Pensar en sus ojos verdes mirándome con ternura y a la vez con deseo como en la noche anterior. Era perfecto en todos los aspectos. Y eso, en cierto modo me asustaba. No podía ser perfecto. Todo el mundo tenía defectos y él no sería la excepción, pero lo que me preocupaba era por qué los ocultaba.

No podía quitarme de la cabeza lo que me dijo esa misma mañana. Que su hermana quería que rehiciera su vida. Eso significaba que alguna vez estuvo hecha, por así decirlo. ¿Sería divorciado? Si así era, ¿por qué no me lo quería contar? Se calló de golpe, como si no quisiera contar algo que no debiera saber. ¿Por qué? Esa pregunta resonaba en mi mente y quería averiguarlo. Quería conocer mejor a Derek. No me importaba si era divorciado, aunque quizá él pensara que sí.

Incluso estaba la posibilidad de que ni siquiera se hubiera casado. Quizá solo fue su novia durante muchos años y le engañó. Eso explicaría por qué se puso tan serio con el tema de serle infiel a su supuesta novia, que resultó ser su hermana. Sí, eso debería ser. Le habrían engañado y no quería contarlo. Por vergüenza, quizá.

Con el móvil en la mano y sin percatarme de ello, ya había llamado a Derek y estaba sonando.

—Mierda —maldije y me levanté del sofá sentándome como es debido. Cómo si él me pudiera ver.

—Kate.

Me quedé estática al escuchar mi nombre. No había sido Derek quien lo había dicho porque aún no había contestado. Colgué la llamada en cuanto volví a oír mi nombre. Era una voz grave que ya había escuchado una vez. Era la voz del enmascarado.

Me levanté del sofá y me pegué a la pared mirando por todos lados.

—Kaaate —canturreó mi nombre oyéndose más perturbador y tenebroso. Horrible. En ese momento me dio asco y, sobre todo, temor. Pánico.

No estaba dormida. Era imposible. Pero ¿por qué escuchaba a ese hombre llamándome? ¿Por qué no aparecía como solía hacerlo siempre?

No podía saber la procedencia del sonido porque en todos lados sonaba exactamente igual. Con la misma intensidad. Eso me hizo pensar que era fruto de mi mente. No, no, no, no. Yo no oía voces. No. Me negaba a creer semejante estupidez.

De pronto, sonó mi móvil. Me aproximé a la mesita vacilante y miré el indicador. Derek. Contesté sin miramientos.

—Hola —mi respiración era agitada, pero se tranquilizó al oír su voz. Una voz para nada perturbadora ni terrorífica. Me daba paz. Serenidad.

—Hola, muñeca. ¿Cómo estás? —preguntó y yo miré a mi alrededor esperando que pasara algo fuera de lo normal. Pero no. Ni siquiera volví a escuchar esa horrible voz.

—Bien. Sí, bien. Estoy bien —aclaré mi garganta y me deslicé por la pared hasta quedar sentada en el suelo.

—¿Seguro? Pareces agitada. —Me obligué a mí misma a calmarme y respiré hondo.

—No, para nada. Estoy bien. ¿Tú? ¿Qué tal tu hermana? —cambié de tema y funcionó para que dejara de preguntar por mí. Estaba bien. O eso me obligaba a mí misma a creer.

—Genial. Me ha echado una buena bronca por no recogerla a tiempo —se rio y sonreí al escuchar ese sonido.

—Me siento culpable. En cierto modo, fue mi culpa —soltó una carcajada.

—No te sientas culpable. Es más, Rose está deseando conocerte —mi corazón se paró momentáneamente.

—¿Cómo? —mi voz había salido más aguda de lo normal.

—Bueno… Quería decir que le he hablado de ti y… esto… —comenzó a trabarse y yo seguía sin decir nada—. Eso no significa que…

—No, tranquilo. Me ha sorprendido saberlo. Como esta mañana se lo intentabas ocultar pues…

—Se pone muy pesada y por eso mismo se lo he contado.

Así que era solo para que su hermana se callara. Me había hecho ilusiones por saber que se lo había contado por sí mismo, porque ve futuro en lo nuestro.

Pero ¿a quién pretendía engañar? ¿Cómo iba a querer tener un futuro conmigo? Si solo era una loca con pesadillas y que, además, empezaba a oír voces.



Tessa T. Sky

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En el texto hay: amor, pesadillas

Editado: 17.04.2018

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