Disponible Hasta 1-3-21 El Ángel de su alma gemela (1)

Capítulo 50: una foto para James.

James se encontraba en la oficina del club revisando las finanzas, ya faltaba poco para irse a descansar. Los alborotados clientes se habían marchado, los trabajadores habían abandonado sus puestos y el personal de limpieza estaba haciendo la última revisión para dejar todo impecable para la siguiente apertura.

Estaba complacido porque el negocio continuaba creciendo como planta en época de lluvia, pero, aunque era feliz por eso y una ligera sonrisa asomaba a sus labios al ver los estados de cuenta en la pantalla de su laptop, estar peleado con su mejor amigo lo hacía perderse en pensamientos por instantes y en ocasiones se veía distraído. No era fácil para él, en todos los años de amistad nunca habían tenido una discusión que los mantuviera sin hablar durante más de veinticuatro horas. En realidad, él estaba deseoso por saber cómo se encontraba Alexander y no tendría ningún inconveniente en hablarle, al contrario, esperaba que pronto volviera a dirigirle la palabra, ya fuera porque recordara a Anna o porque admitiera que necesitaba ayuda. «Ojalá las fotos sirvan de algo» se decía con frecuencia.

James pensaba que tal vez se preocupaba demasiado y que solo debía darle algo más de tiempo, después de todo, sus otros compañeros y amigos que frecuentaban el club, luego de preguntar durante una pequeña temporada que era lo que le sucedía a quien solía ser el alma de la fiesta, dejaron de preguntar por Alexander y al parecer se volvió una costumbre para todos no verlo. James después cambiaba de opinión y pensaba que no eran muy buenos amigos, ya que solo él parecía vivir angustiado y no dejaba de preguntarse cuánto tiempo más tardaría este problema.

La única persona que no le había preguntado absolutamente nada por Alexander era Anna, en realidad habían hablado muy poco, se podría decir que casi nada, pues, según le había contado, ella estaba dedicando el cien por ciento de su tiempo despierta al artículo, si no estaba escribiendo en la computadora, lo hacía en su mente. Sus planes eran redactarlo en una semana, corregirlo en otra y así tener quince días para relajarse y divertirse antes de regresar al continente americano.

James no se atrevía a escribirle, no quería interrumpir su trabajo, así que esperaba paciente el día en que ella le escribiera o lo llamara.

Esa madrugada, James apagó la laptop después de revisar todo, y empezó a recoger las cosas para marcharse. 

Al estar casi listo, su teléfono vibró y al revisarlo leyó con una sonrisa un mensaje que no era muy largo, tan solo una palabra, pero sería el inicio a una conversación que no él hubiera podido imaginar cómo acabaría.

Anna_J: «Hola».

James: «Por fin tienes algo de tiempo para mí».

Anna_J: «James, cuanto lo siento».

James: «Anna, vamos, estoy bromeando».

Anna_J: «Eso no importa, de verdad lo siento».

James: «Lo sé, no te preocupes por eso. Espero puedas apartar pronto un rato para charlar, tengo mucho que preguntarte».

Anna_J: «Estaré feliz de contártelo todo, esto aquí es tan raro».

James: «Pero, ¿te gusta?»

Anna_J: «¡Me encanta!»

James: «Ya decía yo —escribió sentándose en su silla pensando que se enviarían mensajes por un rato—. Cuéntame, ¿te ha funcionado para olvidar a Alex?»

Anna_J: «Si me lo mencionas, no me ayudas mucho».

James: «Cierto, y ¿Anthony?».

Anna_J: «La verdad es que no quiero hablar de él, no ahora».

James: «Vaya, entonces las cosas van mal».

Anna_J: «No es eso, es que tengo dificultades para decidir qué haré al respecto».

James dudó un poco, seguía sin saber qué era lo correcto, contarle a Anna la situación de Alexander o dejar que ella continuara con su vida. «De todos modos, no voy a decirle eso en este momento» pensó James.

James: «Está bien, no voy a insistir. ¿Qué estás haciendo ahora? Yo estoy por cerrar el club».

Anna dejó de escribir unos minutos y James aprovechó para hacer los últimos arreglos antes de apagar la luz y cerrar la puerta con llave.

Salió, y caminó hasta la salida, se aseguró que no quedara nadie, apagó las luces y se quedó en completa oscuridad, en ese momento su teléfono sonó de nuevo.

Anna_J: «Hablaremos luego. Natsuki me acaba de decir que hizo reservaciones para ir a conocer el Palacio Imperial, ¿puedes creerlo? ¡Oh por Dios! ¡Sí que estoy emocionada! Te enviaré muchas fotos».

—¿Natsuki? —murmuró James.

En ese momento, como si lo hubiera escrito en un mensaje en lugar de decirlo, Anna envió otro texto.

Anna_J: «Por cierto, Natsuki es la chica que ha estado ayudándome con todo, entre tantas cosas creo que había olvidado decirte su nombre».

Debajo del mensaje había una fotografía con el rostro de ambas sonriendo muy alegres a la cámara. Al verla, James sintió una repentina y fuerte punzada en su corazón. Apretó con su mano el teléfono con toda la fuerza que pudo, y su rostro pareció contener unos potentes sentimientos, cerró los ojos, suspiró, guardó el teléfono en el bolsillo de su pantalón y salió del club.



Laura Zarraga

#1396 en Novela romántica
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En el texto hay: misterio, romance, suspenso

Editado: 23.12.2020

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