Disponible Hasta 1-3-21 La rebelión del Ángel (3)

Primera parte / Capítulo I: Ángeles.

Los días iniciaban siempre con el enérgico sonido de la gran trompeta, y, cuando las Luces cubrían toda la oscuridad y las estrellas, era el momento para que los Ángeles salieran de las torres e iniciaran el camino hasta el Centro, la torre más alta.

Anthony salió de su Lugar, un espacio lo suficientemente grande como para pasearse por allí como quisiera, pero él había pasado la noche igual que todas las anteriores, de pie. Nunca se había detenido a observar su Lugar, jamás había admirado su belleza. Las paredes blancas parecían nubes esponjosas, tal vez si las tocara se daría cuenta de que eran sólidas y que no podían atravesarse como en realidad parecía. El techo era tan alto como para estirarse al máximo y alzar los brazos, saltar y aun así estar lejos de acariciarlo. El suelo, igual que las paredes, era firme aunque no lo pareciera, sus pies quedaban cubiertos por una densa nube.

Llegó el momento y salió de allí al igual que siempre, por la puerta que nunca se abría ni cerraba, podía atravesarse sin hacer el mínimo esfuerzo, una especie de telón que se abría a su paso como si tuviera el poder de detectar cualquier ser u objeto que se aproximase a él.

No tuvo que dar muchos pasos para comenzar a descender la magnífica escalera de mármol blanco con forma de espiral, y que conducía desde el pie de la torre hasta la parte más alta. Anthony se encontraba muy cerca de la punta y no lo sabía, nunca se había molestado en mirar hacia arriba. Bajaba cada escalón con asombrosa precisión, todos los Ángeles descendían con un andar muy lento y no había peldaño vacío, iban uno detrás del otro, ninguno tenía prisa ni se mostraba preocupado, nadie se hallaba saliendo de su Lugar, todos habían comenzado a descender al mismo tiempo, con una perfecta sincronía que no se veía alterada en lo más mínimo.

Llegó hasta la gran puerta, era muy ancha y varios Ángeles podrían salir a la vez, pero no era así, uno a uno en fila iban abandonando el sitio donde habían pasado la noche, sin aglomerarse, sin rozarse siquiera, sin mirar atrás, sin preocuparse de haber olvidado algo, ninguno llevaba nada, nada más que su vestimenta y calzado.

La torre donde habitaba Anthony era la primera en abrir su puerta, allí dentro solo había Ángeles como él, que vestían una larga túnica, tenían el cabello lacio, rubio y largo que caía en parte a los lados de su rostro, solo un par de mechones iban atados en la parte de atrás.

La otra torre abría su puerta cuando faltaba poco para que los Ángeles con túnica terminaran de entrar en el Centro. Los Ángeles que la habitaban usaban vestidos largos que se ajustaban en la cintura con un cinturón de oro semejante a una cadena. La tela se arrastraba un poco, aunque nunca se ensuciaba, todo el vestido era de un blanco puro. Estos Ángeles tenían el pecho un poco voluminoso, las caderas más anchas, sus facciones eran suavizadas, los labios eran más rosados e igual las mejillas, debajo de sus ojos tenían una fina línea de diamantes tan diminutos como escarcha plateada, sus pestañas eran más largas y gruesas. El cabello, rubio igual, tenía varios mechones recogidos y estos se juntaban para formar una trenza en el medio y llevaban el resto suelto, largo hasta el final de la espalda. Ambos tipos de Ángeles tenían la piel de sus manos, cuello y rostro, que era lo único que dejaba ver su vestimenta, de un tono claro, sin ninguna mancha o arruga que pudiera entorpecer su belleza. Sus cabellos eran de la misma textura y color, y el azul de sus ojos también lo compartirán.

Aquella mañana después de haber recorrido todo el tramo del puente, desde la torre hasta el Centro, Anthony se adentró en aquel lugar al igual que cada uno de los otros Ángeles iba haciendo. Comenzó a subir una escalera de espiral que estaba adherida a la pared del interior, estaba hecha de cristal y se encontraba adornada con hermosas rosas del mismo material, unas más grandes que otras. La escalera continuaba hasta casi la parte más alta del Centro y todos subían sin quejarse del largo camino, con cada paso que Anthony daba se encontraba más cerca del lugar en donde tendría que detenerse, pero esto no causaba efecto en él, podría haber tardado el doble de tiempo y no le hubiera afectado, no tenía ninguna prisa, las cosas transcurrían del mismo modo, todos los días eran iguales, la misma rutina, primero entraban los Ángeles con túnica, luego los de vestido hacían su entrada y ocupaban la parte inferior del Centro, dejando un considerable espacio entre cada tipo de Ángel.

Una vez que todos se encontraban en el interior de aquella torre central, salía de la parte inferior un pequeño grupo de Ángeles. En ese momento todos se giraron al mismo tiempo y dieron un par de pasos hacia la barandilla de la gran escalera, sin apoyar sus manos en ella, solo de pie, sin mover ninguna parte del cuerpo que no fuera la cabeza para mirar en dirección al grupo que acababa de hacer su entrada. Así se quedaron, tiesos, esperando a que empezara la ceremonia de inicio del día.

 

 



Laura Zarraga

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En el texto hay: misterio, romance, suspenso

Editado: 14.01.2021

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