(3) La rebelión del Ángel.

Capítulo 4: frente a los árboles.

                     

La llegada de los nuevos Ángeles había quedado en el olvido para Anthony, no precisamente porque hubiera transcurrido demasiado tiempo, sino porque las preguntas que se había medio atrevido a formularse no habían regresado más, el hecho de que faltaran dos Ángeles y hubiera dos nuevos para reemplazarlos no afectaba en lo absoluto su trabajo, ni su día a día. Y, si no hubiera sido por algo que ocurriría, es casi probable que las cosas se hubieran mantenido igual por un tiempo considerable.

Anthony se encontraba en una de las paredes más altas del laberinto y había decidido sacar un diamante que por alguna razón se le había escapado la vez anterior, estaba más grande de lo normal, no pensó en la opción de dejarlo allí a pesar de su tamaño ¿Y si no lo cosechaba y crecía más y más? Tampoco se lo preguntó, solo se dedicó a golpear la navaja contra la pared, estaba muy cerca del borde, y entonces al dar un último golpe, como si tuviera vida propia y quisiera decidir por sí mismo a dónde ir, el diamante grande y deforme saltó al otro lado como un rebelde que no quiere sujetarse a las reglas. Anthony no dudó en ir a buscarlo, no había ninguna regla que decía que no se debía dejar perder un diamante, pero él nunca había perdido uno, así que bajó las escaleras sin apresurarse, sin pensar en lo que ocurriría en el momento de recoger la roca ¿Cómo podría imaginar que algo sucedería cuando todos los días eran iguales?

Salió del laberinto rompiendo la rutina diaria, comenzó a caminar por el borde con su saco guindado en el hombro y sin pensar en lo que hacía. La pared del Muro parecía infinita, pero continuó su camino.

La música comenzó, era hora de regresar, pero él no tenía aún el diamante. No se detuvo a pensar, siguió caminando con intenciones de recuperarlo y llevarlo al Lago Negro junto con los demás.

Terminó de rodear el Muro, su mirada estaba al frente, sus ojos no enfocaban nada, sabía dónde estaba el diamante, no tenía por qué explorar. Caminaba al mismo ritmo de siempre, de seguro ya todos los Ángeles estaban en sus torres, pero él no apuraba el paso en lo más mínimo. 

Se detuvo, miró hacia abajo, allí estaba el diamante, derrotado por no haber alcanzado la independencia anhelada. Lo tomó y al hacerlo echó un vistazo accidental hacía el frente. Árboles, había árboles allí, tan altos como el Muro, en sus ramas blancas dormían las Luces, él nunca había estado tan cerca de ellas y no sabía su nombre. Una pequeñísima parte de él parecía estar reteniendo preguntas, pero su rostro no se inmutó en lo más mínimo. El diamante no hizo ni un solo intento en escabullirse, y Anthony lo introdujo en el saco. No debería de estar allí, lo sabía, pero aun así estaba, observando los árboles sin preguntarse qué había detrás de ellos.

No pasó mucho tiempo para que decidiera marcharse. Emprendió el recorrido sin preguntarse qué ocurriría al llegar al Lago Negro o a la torre. Resultó que en el camino vio a lo lejos a un Ángel con vestido, era la primera que vez que estaba tan cerca de uno. A pesar de lo extraño de la situación siguió caminando del mismo modo, ese Ángel no debería de estar en esa parte de Hogar, pero no hizo ningún tipo de gesto al pasar a su lado, no se formuló ninguna pregunta, solo siguió caminando sin imaginar en que pronto volverían a encontrarse.                                                                                               



Laura Zarraga

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En el texto hay: misterio, romance, suspenso

Editado: 14.01.2021

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