Disponible Hasta 1-3-21 La rebelión del Ángel (3)

Capítulo 52: el humano escogido.

Bien entrada la noche Anthony esperaba, junto al Rebelde, a Alexander y a Anna en la habitación del Four Seasons Resort Hualalai. Ambos habían dado una vuelta por los alrededores del hotel, pero no los habían encontrado. Así que decidieron esperarlos, tenían que regresar en algún momento.

Anthony tenía la mirada clavada en la cama, ya todo estaba planeado,  toda la tarde y parte de la noche había explicado al Rebelde como intervenir, por esa parte estaba tranquilo, pero de pronto estaba siendo invadido por nuevos miedos ¿Cómo se sentirá mover su cuerpo? ¿Se acostumbraría pronto? ¿Cómo se sentía caminar de verdad? ¿Qué era el sueño? ¿El hambre? ¿El dolor? ¿El placer? Creía que eso no debía ser así, porque él no sentía esa fascinación por ser de carne y hueso como los Rebeldes ¿Se arrepentiría al convertirse? No habría vuelta atrás, era como saltar, solo que esta vez no solo perdía sus alas y sus privilegios, con esta decisión le daba la bienvenida a la muerte y ella, algún día muy cercano en comparación a todos los años que había existido, significaría el fin.

Anthony comenzó a pasearse por la habitación, imitaba el movimiento que hacían los humanos al respirar profundo, necesitaba hincharse por completo y liberar la presión, pero ¿cómo se hacía eso? Los sentimientos humanos se habían ido apoderando de él cada vez más y más, no podía imaginarse cómo sería siendo un humano, perdería el control total, debía ser en extremo difícil contenerse.

En eso escuchó como alguien intentaba abrir la puerta, y miró en esa dirección con verdadero pánico.

—No estoy listo —dijo con firmeza.

—Me pediste no dejar que te arrepintieras, así que eso mismo haré —dijo el Rebelde que estaba a su lado—. No te preocupes, todo saldrá bien, lo repetimos varias veces.

Anthony cerró los ojos y solo esperó.

—No sé qué hacer —dijo Anna en voz baja un instante después de que entró a la habitación con su alma gemela.

—No tienes que hacer nada si no quieres, solo déjame tocarte —explicó Alexander.

Anthony abrió los ojos, no pudo mantenerlos cerrados después de eso. Debía actuar ya.

Alexander se mostraba paciente, amable, pero no por eso quería retrasar lo que deseaba. En poco tiempo despojó a Anna de la camiseta que llevaba, y comenzó a besarle el cuello.

 Anthony sentía en definitiva que no estaba listo ¿Y si no resultaba? ¿Y si no lograba salir de la isla y debía de quedarse a vivir allí para siempre? El terror de apoderó de él, pero Alexander ya estaba por su parte apoderándose de Anna, comenzó a bajar las manos por su espalda y la apretó más hacia él para iniciar a quitarle la falda.

Entonces el teléfono de la habitación sonó, y Alexander, un poco enojado, se quejó, pero terminó por atender justo después de dirigirle a Anna una sonrisa.

—Diga.

Hubo un silencio y la expresión de Alexander cambió en un segundo. 

—¿Qué ocurre? —preguntó Anna.

—Debo tomar una llamada en el vestíbulo —respondió Alexander obedientemente y salió de la habitación sin siquiera mirarla.

Anthony se preguntó qué había pasado, y el Rebelde se lo dijo como si pudiera leer sus pensamientos.

—Tuve que detenerlo, porque al parecer tú no ibas a hacerlo. Anda, está afuera. Búscalo —insistió—, te espero acá, y… regreses como regreses, en Ángel o en humano, te ayudaré hasta el final —aseguró muy serio.

—Gracias —murmuró sin saber que más agregar.

—Suerte.

Anthony dio un vistazo a Anna que se encontraba completamente confundida, temió no poder llegar hasta ella, ¿y si se le acababa el tiempo? Había decidido que el primero sería Alexander, era casi como si pudiera predecirlo, como si esta vez le hubiera llegado algún tipo de advertencia que decía, «escoge solo uno de ellos». Y él había tomado su decisión. Salió de la habitación atravesando la puerta con lentitud, algo le decía que esa sería su última vez atravesando algo.

Afuera en el pasillo estaba Alexander, con una expresión en su rostro que indicaba que luchaba por salir del trance del cual se encontraba, pero no podía hacer nada, Anthony ya estaba junto a él y no lo soltaría.

—Camina —ordenó, y el humano lo obedeció.

Ambos llegaron hasta la entrada del hotel sin contratiempos, aunque más de tres personas se le quedaron mirando a Alexander sin disimulo alguno, y no era para menos, se veía muy alarmado, pero caminaba como un robot, daba un paso tras otro sin enfocar nada, y es que no necesitaba ver a dónde iba, Anthony iba dirigiendo sus pasos.

Caminaron varios minutos, Anthony quería asegurarse de estar bien lejos de la multitud que rodeaba el hotel. Ya tenía planeado el lugar y a medida que se acercaba se imaginaba un grupo de personas reunidas allí como si lo estuvieran esperando para impedirle que interfiriera más de lo que ya había hecho.

La caminata se le hizo eterna, casi que podía sentir que estaba cansado, miraba a Alexander con gran sentimiento de culpa y comenzó a hablarle aunque no se concentró lo necesario para que él pudiera escucharlo.

—De verdad lamento esto que te estoy haciendo, pero se me hace imposible dejar que la vida de Anna continúe contigo a su lado, no tiene nada que ver con tu persona, no te conozco casi, pudo haber sido cualquier otro. Tal vez no entiendas porque hago esto, pero estoy desesperado, algo así como cuando te colocaste frente ese taxi, fue culpa mía por cierto, lo lamento. Anna estará bien, yo cuidaré de ella, no debes preocuparte, no te va a recordar —aseguró con dudas en su voz—. Llegamos  —dijo luego de un instante—. Detente —pidió, y Alexander obedeció.



Laura Zarraga

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En el texto hay: misterio, romance, suspenso

Editado: 14.01.2021

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