Doce Años Menor

ENAMORADA

No sé, si alguna de ustedes les habrá pasado lo que a mi. Conocí al padre de mis hijas en una fiesta, es decir, con unas cuantas copas de más. Y nos hicimos novios, sin que mediara, ningún tipo de juego amoroso entre nosotros. Es decir, que es como que nos saltamos todo eso.

Normalmente, conoces al chico y te gusta. Se te llena tu estómago de mariposas, cada vez que lo ves. Tus rodillas, se aflojan y por el más simple acto que el haga. Tú corazón salta acelerado. Hasta, que llega la primera cita, el primer beso. La emoción, de dejar de ser virgen en tú primera vez.

Para mi, pasó todo en una noche. Lo conocí, nos besamos, nos acostamos. Y aunque, me enamoré de él y lo amé. No tengo experiencia, en el juego del enamoramiento. Es por eso, que ahora me siento como una niña de quince años, con su primer novio. A pesar, que ya saltamos una faceta. Robin, me enamora de todas las maneras posibles cada día.

 Mi rutina, a cambiado por completo. Ya no me despierto, con mi música latina de mi preferencia. Ahora, lo hace el timbre de mi teléfono, cinco minutos antes que suene mi música.

_ Ema, amor. ¿Ya estás despierta? Mi reina, abre los ojos. Te estaré esperando, delante de tú casa. Ema, amor, háblame, quiero escuchar tu dulce voz.

_ Ya me desperté amor, voy a bañarme.

_ ¿Ya quitaste tu ropa?

_ Si amor, deja que me bañe.

_ Dime, que tienes tu cuerpo mojado lleno de jabón.

_ Robin, déjame bañarme. Me estás calentando, y no estás aquí.

_ ¿Quieres que vaya, estoy cerca?

_ Robin, amor, tenemos que trabajar. Además, las mellizas están aquí.

_ Está bien linda. Te amo.

_ Yo también.

 Cierro el teléfono, porque si lo dejo, seguirá diciéndome todas esas cosas. No es que no me gusten. Me encantan mucho, al punto, de coger calenturas yo sola. Me baño rápido, salgo, me seco mi cabello, hago mi desayuno, porque las chicas, están de vacaciones. Se levantan muy tarde.

 Me he dado cuenta, que dejar mi cabello suelto, me ahorra tiempo. Pasaba mucho trabajo, para hacer mi cola perfecta. Suelto, el se acomoda muy bien. También, me duele menos la cabeza. Y a Robin, le brillan los ojos, cada vez que me ve.

 Después, del fin de semana en que trabajamos muy poco, y no nos cansamos de hacer el amor. La semana, nos cogió cargados de trabajo. Hemos hecho varias presentaciones. Y para mi sorpresa, todas han sido muy exitosas, tengo un gran número de contratos y clientes nuevos.

 Cuando nos separamos el lunes, muy temprano, para dar tiempo que Robin fuera por su ropa a su apartamento. Me asombró, al llegar a la empresa, ver parqueado a mi lado en el parqueo, un auto igual que el mío, solo, que era del último modelo. Al llegar a la recepción, como cada día, saludé a Susi.

_ Buenos días Susi. ¿Tienes, un enamorado secreto que te envía flores?

_ Buenos días Ema, no son mías, son tuyas.

_ ¿Mías?

_ Si, las acaba de traer el mensajero.

_ ¿Tienen tarjeta? Deben de ser de un cliente. Deja ver. Abro el sobre, y me llama inmediatamente la atención la carta. ¡Igual a la de las Vegas! Sonrío.

_ Parece que sabes de quien son Ema.

_ Si Susi, sé quien las envía.

_ Al parecer, te gusta mucho la persona que las envió. Te brillan los ojos, y sonríes hermosamente.

_ No te lo voy a negar. Me hace feliz esa persona. Hasta luego Susi.

 Me despido, llevando en mis brazos el ramo de flores. Mi corazón salta, de solo pensar que lo voy a ver en un instante. Al abrir el elevador, no está Joe. Recuerdo, que va entrar más tarde.

 Miro para la oficina de Robin, y tampoco está. Abro la puerta de la mía, y soy empotrada en la pared, por unas manos muy fuertes.

 Me besa, como si hiciera años que no me ve. Me acaricia con lujuria, pegándome a él. Nos separamos para respirar. Lo miro desconcertada.

_ Buenos días amor. ¿Te gustaron mis flores? – dice susurrando en mi oído. Besa suavemente mis labios, abre la puerta, marchándose a su oficina.

  ¡Mi corazón late desbocado! ¡Mi coño se contrae! ¡Mi boca está reseca! ¡Lo miro como sonríe triunfador! ¡No puedo creer, que, en solo un minuto, a causado tantas sensaciones en mi!

 Me meto en el baño de mi oficina, lavo mi rostro, tratando de bajar la calentura. Al fin, respiro normal.

 Salgo y me siento en mi buró, después de poner las flores en agua. Lo miro, está concentrado, dibujando como si no hubiese hecho nada. ¿Cómo puede dibujar? Pienso. Vuelvo a respirar profundo, y me concentro en mi trabajo.  Veo un vaso de jugo, que colocan en mi mesa.

_ Gracias Joe. – digo automáticamente.

_ No soy Joe amor. - salto asustada.

_ ¡Robin, me asustaste!

_ Disculpa amor, no fue mi intención- se adelanta para acercarse a mi.

_ ¡Detente ahí! – le grito.



Bris

Editado: 25.12.2020

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