Donde nacen los lirios

Capítulo 1:Eventualmente, la lluvia

Capítulo 1:Eventualmente, la lluvia

A cada paso que daba levantaba un chapoteo de gotas que le mojaban las medias. Aun así siguió avanzando. Era un pésimo día para decidir ir andando hasta la escuela, pero ya estaba a mitad de camino. El paraguas no la protegía tanto como le hubiera gustado así que su abrigo ya estaba húmedo, especialmente de la parte de abajo. Ese deprimente clima no había hecho más que acoplarse a su estado de ánimo. Dos silenciosas lágrimas describieron un lento descenso por sus mejillas hasta su mentón. De un manotazo las retiró de su rostro, frunciendo el ceño y acelerando más su paso. Pero dos lágrimas más ocuparon el lugar de las anteriores.

Salir de casa tan temprano, después de soportar una sarta de gritos e insultos.... No había manera más horrible de comenzar un día y ella lo sabía mejor que nadie. A esas horas la ciudad sumida en tinieblas comenzaba a despertar acompañada del estridente chirrido de los primeros autos que circulaban en las avenidas, y precisamente fue su acostumbrado oído a ese sonido el causante de que no se diera cuenta del lujoso automóvil que pasó a su lado, con un motor que ronroneaba suavemente como la seda y sin embargo con la velocidad suficiente como para lanzar a presión el agua del charco que estaba en el asfalto directamente sobre ella.

Si la lluvia no se había encargado de empaparla de pies a cabeza el sujeto que manejaba ese carro sí que lo había logrado, hasta las botas le escurrían. De pronto todo el desánimo que sentía fue bruscamente reemplazado. Se quedó inmóvil, con especie de ardor subiéndole hasta las orejas y tiñéndole la cara de rojo.

−¡Maldito imbécil!−Gritó lo más fuerte que pudo, a punto de llorar por la rabia que hervía en su interior, cerrando su puño con más fuerza de la necesaria alrededor del mango de su paraguas.

El auto se estacionó unos metros más adelante, para su estupefacción. Un hombre bajó de él, y por la cortina de lluvia que caía monótonamente, no alcanzaba a divisarlo bien. Genial ahora le iba a echar bronca por haberlo insultado, lo último que le faltaba, pero aun así jamás se retractaría. De hecho siguió maldiciendo por lo bajo mientras se exprimía la ropa con la mano que le quedaba desocupada.

−Oye ¿estás bien? Lo siento mucho...−Una voz jovial pero sin perder el toque grave se dirigió a ella, en un volumen más alto de lo normal para hacerse oír a través del insistente repiqueteo de la lluvia.

−¡Eres un completo idiota!−Exclamó al tiempo que trataba afanosamente de sacudir el exceso de líquido del abrigo. Él se protegía de la lluvia con un paraguas transparente en el que las gotas rebotaban curiosamente, mientras caminaba hacia ella.

−No era mi intención−dijo él, haciendo caso omiso a su anterior insulto, en cuanto estuvo a cierta distancia de ella, pero aún lo bastante cerca para que pudiera escuchar con claridad sus palabras, en un tono de disculpa que sonaba bastante honesto pero que no aminoró su enojo.

−Debiste verme cuando pasaste−reclamó pensando en qué clase de sujeto era capaz de detenerse después de echarle un charco de agua encima a alguien. No se puso a pensar en que discutir con un completo desconocido era potencialmente peligroso, podría ser un maniático o algo peor, ¿sino para qué había parado? Pero estaba tan furiosa que ni se le pasó por la cabeza. Además a juzgar por su aspecto parecía ser el típico universitario o algo así. Los faros del auto lo iluminaban, pero desde atrás, por lo que los contornos de su cuerpo estaban rodeados de un halo de luz y su cara quedaba parcialmente ensombrecida. Lo detalló, pero de una manera superficial y sin mucho interés, estaba muy molesta como para tomarse demasiado tiempo en ello. En aquel breve vistazo advirtió que era joven, aunque indudablemente bastante mayor que ella, o al menos así le pareció, no podía aproximar su edad, no era buena en ese tipo de conjeturas, y no podía verlo bien, pero no se parecía en nada a sus compañeros de escuela, quienes a pesar de ser en su mayoría altos, nunca eran lo bastante fornidos.

−No te vi, de verdad.

−¿Si? Pues ahora mira lo que has hecho imbécil−Rechinó los dientes, dándole una mirada de odio como un animal salvaje a punto de saltar sobre él.

−Sí ya lo note, ¿Qué puedo hacer para remediarlo?−Respondió con una actitud pacificadora. El resplandor de los faros del auto echaba su luz sobre ella de frente y advirtió que sus ojos eran azules, de una tonalidad profunda y suave, sin embargo su expresión era helada.

−No hay nada que puedas hacer.

−Claro que sí, todo tiene remedio menos la muerte.

−No, a menos que tengas otra muda de ropa.

−Oh, vamos, no es el fin del mundo, te secarás y pronto solo será un mal trago que habrá pasado−Había cierto toque de humor en la manera en la que le respondió, cosa que le hizo pensar que se estaba burlando de ella.

−¿No sabes que la gente no debería salir de casa sin tus lentes para ver y mucho menos en días como estos?−Exclamó sin ningún tipo de pudor, perdiendo las casillas. En serio, estaba discutiendo con un extraño. Pero en realidad él no le causaba miedo, le resultaba bastante inofensivo.



Annie Lee

Editado: 19.03.2019

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