Dulce Mentira

CAPÍTULO 6

—¿De qué hablas? — el hombre le da un arma a Leo, mis hombros suben y bajan y doy un paso atrás.

—Que quiero ser honesto contigo. — repite con simpleza, asiento y cuando quiero hablar trago saliva al mismo tiempo lo que hace que suene algo extraño —. No a muchas personas les agrada este mundo, pero a mí sí. Solo creo que debes saberlo.

Se encoje de hombros.

¡Oh, mierda!

—¿Mundo? — jadeo. Leo levanta la mirada de la 9mm y me mira. Entrecierra los ojos.

—¿Estás bien?

Oh, si tan solo supiera, mi mente no piensa, está completamente en blanco, no tengo idea de qué hacer, solo siento que me desmayaré de un momento a otro.

—Sí. — da un paso a mí, trago con fuerza.

—Estás pálida. — humedezco mis labios, mis ojos van de su arma hasta sus ojos.

—Estoy bien — miento. Asiente y le da el arma al hombre, se acerca a mí y cuando sus manos acunan mi rostro doy un pequeño salto.

—No sé qué te sucede, pero debes tranquilizarte.

—Dime lo que sea que quieres decirme — digo y abro la boca ligeramente para poder respirar.

—Promete que no reaccionaras de forma rara. — debe ser un maldito chiste.

—No puedo prometerte eso — me acaricia con sus pulgares y sonríe de lado.

—Lo sé — suspira —. Quiero mostrarte algo que hago.

¿Por qué no deja las preliminares y solo lo dice?

—Vengo aquí seguido, ya sabes, practica te tiro.

Abro la boca de golpe

¿Qué mierda?

—¿Ah? — sonríe y me observa con diversión.

—Practica de tiro, Lía. Lo práctico y quiero mostrarte a hacerlo.

—¿Práctica de tiro? — sueno tan confundida que él sonríe de oreja a oreja.

Esperaba de todo menos que me dijera practica de tiro, de todos modos, aun esto me sabe mal.

—Sí, cariño. — sonríe y la tensión desaparece de mi cuerpo al escucharlo decirme cariño, un nudo se forma en mi garganta, se aleja un poco —. Bien, quiero que me muestres lo que sabes hacer.

Se aleja hasta acercarse a Walter y nuevamente toma el arma, le dice algo y luego revisa sus rifles.

Yo aun no termino de asimilar todo, las armas, las practicas que realiza en este lugar, que me llamara cariño. Sé que eso no es lo más importante de todo, pero mi interior se estremeció de solo escucharlo.

Comienzan a caminar y yo lo sigo desde lejos.

—Y… ¿Estas armas son tuyas? — le pregunto, él me observa sobre su hombro y sigue caminando.

—Sí, las compre para poder practicar, ya sabes — asiento. Aun no me dice por qué lo hace y eso me mantiene alerta y un poco tensa.

—Necesito un trago — digo cuando nos detenemos en medio del campo, puedo observar que a lo lejos están ubicados los blancos a disparar.

—Yo podría traérselo, señorita. — el hombre se ofrece, Leo me da una mirada rápida, pero no dice nada.

—Sí, por favor.

—Ahora vuelvo. — dice, se da la vuelta y comienza a alejarse.

Paso las manos sobre mi rostro, siento la penetrante mirada de Leo taladrarme.

—Ahora… me quieres explicar ¿qué es lo que te sucede? No quiero que mientas, Lía. — advierte.

—No es nada — aseguro y lo miro intentando que me crea.

—No hemos hablado sobre anoche… — trago con fuerza, y desvío la mirada a otro punto.

—No quiero hablar sobre eso. — lo observo, está de brazos cruzados apoyado en la mesa donde descansan muchas armas, está demasiado serio y no lo culpo, siempre le respondo con evasivas y nunca le contesto lo que quiere saber.

—Como no… — murmura, luce decepcionado y mi pecho se aprieta ante eso, se da la vuelta dándome la espalda. Me acerco a él y lo abrazo desde atrás, descansando mi frente en su amplia espalda.

—Aún no estoy lista, Leo — mis manos suben sobre su pecho, él las toma y se suelta ligeramente para darse vuelta y observarme.

—Solo quiero que hables conmigo, has estado demasiado extraña hoy, demasiado nerviosa, tensa, y por un segundo pensé que perderías el conocimiento.

—No es nada que deba preocuparte, en serio. — me observa de esa forma tan suya y al final suspira rendido.

—Aunque no lo sea me preocupas, y lo de anoche… — llevo mi dedo a sus labios para silenciarlo, realmente siento que estallare en un ataque y no quiero que le agregue más gasolina a mi bomba.

—No es nada, solo no podía dormir y no me sentía bien. — su mirada me atraviesa, se debate entre creerme o no, pelea consigo mismo para no preguntar.

—Está bien, solo no me mientas — pide, bajo la mirada un segundo y al verlo nuevamente le doy una sonrisa con tristeza y antes de que la note me pongo de puntas y lo atraigo a mi para darle un beso.

Aun no me dice por qué necesita practicar tiro, y realmente no quiero pensar de más, porque me duele pensar que realmente sea cruel y despiadado, no puedo ver que sea así, simplemente luce autentico.



Nicolle Ramos

Editado: 16.10.2020

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