Dulce Tortura ©

Capítulo 5

 

Trataba de concentrarme, de mantener mi mente ocupada en lo que el profesor explicaba, pero sencillamente me era complicado el hacerlo.

La sensación que experimenté al tener los labios sobre los míos seguía ahí, provocándome un cosquilleo que no se iba con nada, percibía aún nuestros alientos mezclándose, sus manos presionando las mías tan firmemente, como si no quisiera soltarme y buscara aferrarse a mí. 

Demonios.

Si antes no pude lograr sacármelo de la cabeza, mucho menos podría hacerlo ahora que me besó. Era inútil dejar de pensar en él, aunque fuese un idiota, debía admitir que era un idiota muy lindo.

—Kairi —susurró mi nombre Criss entre dientes.

—¿Si? —Contesté aún con la mente perdida en aquellos labios.

—El profesor no te quita la mirada de encima, regresa de donde quiera que estés y pon atención —soltó un bufido—. Sé que la clase es aburrida, pero al menos disimula un poco.

Me fue inevitable no reír, y para mi desgracia el profesor se dio cuenta, clavando su penetrante mirada en mí, haciéndome sentir pequeña por unos segundos.

—Veo que algo le causa mucha gracia, señorita Baker —hice una mueca y mis ojos se encontraron con los suyos.

—Para nada, profesor —susurré. Entornó los ojos sonriendo de lado, regalándome una perfecta sonrisa que me era inevitable no admirar lo guapo que era.

Me dedicó una ultima mirada, omitió mi falta de atención y siguió dando la clase; suspiré aliviada y Criss sonrió de manera cómplice mientras él anotaba la tarea en el pizarron, siendo ésta muy difícil. Por eso odiaba esa jodida materia.

Al finalizar todos nos pusimos de pie para ir directo al almuerzo, saliendo con prisa hacia el comedor, ansiosos por desaparecer de aquella clase. Al parecer a nadie le agradaba.

—Señorita Baker —me detuvo la voz del profesor antes de que pudiera irme.

—¿Si? —dije volviéndome para mirarlo.

—Necesito hablarle —solté un suspiro resignada y miré a Criss que me esperaba en el pasillo.

—Ahora te alcanzo —ella asintió y se dirigió al comedor.

Caminé hacia el profesor y me coloqué frente a él, mirándolo con cautela, esperando que hablara, disimulando difícilmente la atracción que sentía hacia él.

—He notado que mi clase le aburre demasiado —comenzó a hablar.

—No entiendo qué fue lo que lo hizo llegar a esa conclusión si apenas es mi segunda clase con usted —repuse cruzándome de brazos.

Él apoyó su cuerpo en el respaldo de la silla haciendo lo mismo que yo con sus brazos. Me fue inevitable no admirarlos, ver como cada músculo se contraía debajo de su camisa azul de manga larga que debo mencionar, le quedaba de maravilla.

—Bueno, basta con ver como su mirada se pierde en algún punto fijo en la pared que al parecer es más interesante que lo que yo explico —espetó bruscamente. Solté un bufido.

—En fin, ¿a qué viene todo esto? —pregunté ansiosa.

Él se levantó del asiento y comenzó a guardar sus cosas en su maletín.

—Sólo quería lanzarle una advertencia —agregó mirándome fijamente—. No soy de los que toleran esas faltas de respeto, así que para la próxima la sacaré de mi clase, ¿entendido?

Mi ceño de frunció e hice una mueca, dejando caer los brazos a cada lado de mis costados.

—Bien, no volverá a suceder —espeté dirigiéndome a la puerta.

Entonces sin previo aviso su mano sujetó mi brazo con firmeza; me volví a verlo sorprendida por su reacción, mientras que sus ojos, a los que no había puesto demasiada atención, me escudriñaban a la vez que yo hacía lo mismo.

—¿Se le olvidó decirme algo más? —Increpé algo nerviosa por su contacto.

Lució indeciso sobre decirme algo, sus pupilas bailoteaban de un lado a otro por el contorno de mi rostro, pero al final solamente negó y me soltó saliendo del aula rápidamente. Permanecí un instante ahí, confundida y abrumada por la actitud tan extraña que tenía, después abrí la puerta y salí rápidamente del aula, sin embargo, no pude avanzar lo suficiente cuando de nuevo alguien me detuvo.

Supe de quien se trataba reconociendo la calidez de su piel y el aroma que emanaba.

—¿Qué quieres, Donovan? —espeté sin mirarlo.

—¿Qué demonios se trae ese profesor contigo? —lo enfrenté.

—¿Y eso a ti qué te importa? —repliqué soltándome de su agarre con brusquedad.

Su mano fue a mi cintura y sin ser demasiado violento me presionó contra la pared.

—Ten cuidado donde posas tus ojos —susurró suavemente sobre mi boca—. Recuerda que tienes un dueño, uno al que no le gusta compartir, mucho menos le agrada que otros toquen lo que es suyo.

—Yo no soy tuya... déjate ya de esas tonterías. Madura un poco —lo reprendí exasperada.



Elena López

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En el texto hay: celos, lobos, amorodio

Editado: 16.05.2019

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