Ecos del silcencio

•30•

Dejo atrás el ajetreo de la gente y la música rápida, se sumió en un silencio propia solo interrumpido por el ruido del motor y el tacto de las ruedas con la carretera. Condujo durante horas perdida en sus pensamientos con ganas de llorar pero sin que una lagrima apareciera. De pronto freno de golpe cuando un conductor borracho se le interpuso en el camino y casi se llevo por delante un árbol. Pudo frenar y detenerse a tiempo, evitando un posible accidente y se quedó allí, en la cuneta con el coche aún arrancado y con la cabeza sobre el volante.

Entonces lloro con todas sus ganas.

La rabia pudo más y golpeo el volante, que no tenia culpa, mientras descargaba la frustración.

Pensó que era injusto, que cada vez que las cosas parecían ir mejor, todo se pintaba de negro y se fastidiaba. Nada le salía bien y por más que intentara luchar y seguir hacía delante, no lo conseguía. Se volvía a hundir cada vez más hondo dentro de su ser.

Las sombras de la noche cayeron cuando finalmente su cuerpo se relajo y es que ya había tomado una decisión.

Lo tuvo tan claro que hasta se sorprendió a si misma.

Cuando el cielo oscureció, ella condujo un rato más en dirección desconocida y finalmente paro en una gasolinera donde, en el interior del vehículo, paso la noche.

A la mañana siguiente decidió regresar y más decidida que nunca terminar con todo y desaparecer.

Eran las nueve cuando entro por la puerta de la casa y camino por el pasillo dirigiéndose hacía su habitación. Vio unas grandes flores en la mesa del comedor pero no les hizo caso y subió las escaleras. Hizo las maletas con rapidez, eran pocas las cosas que tenia y no tardo apenas media hora. Dejo todo bien ordenado y comenzó a bajar con las maletas.

Sabia que a las doce pasaba un autobús que iba directamente a la estación y pensaba cogerlo.

Dejo una nota escrita en la mesa de la entrada y salió con las cosas en mano. Solo le quedaba colocar otra nota para Diego y recoger a Runa que vendría con ella.

Por unos instantes se quedó quieta en el porche pensando si debía hacerlo. El animal allí tendría alimento y alojamiento mientras que ella se dirigía hacía un futuro incierto. Cuando se le cruzo por la mente el plan B, decidió que lo mejor era dejar al animal donde estuviera para evitar que sufriera más. Porque su plan B era acompañar a su prima, una farmacia, unas pastillas y un dulce y eterno sueño en cualquier hotel o lugar que encontrara. No quería dejar a un animal solo e indefenso. Despacio camino hacía el granero donde solía dejarlo a veces en su camita para despedirse. Mientras caminaba añadió en la carta dirigida a Diego un párrafo más pidiendo que cuidara a la pequeña cuando oyó un estruendo en el interior del granero. Corrió con rapidez y entro con el corazón en un puño. Al abrir la puerta reconoció el sonido del viejo molino y vio a su abuelo allí de pie observando como se movía.

--La maldita maquina sigue haciendo el mismo ruido que siempre- le dijo el mientras le sonreía. Akua no supo que hacer exactamente en ese momento y se quedó simplemente observando cada uno de los gestos del abuelo.

--Ayúdame, anda- le pidió el con un tono normal y sin ningún reproche. Ella reticente se acerco despacio din dejar de observarlo y tomo un saco que le viejo le señalaba. Lo vertió en el maquina descubriendo que era su propio grano y miro al abuelo quien le sonrío. Pero su sonrisa desapareció cuando vio una carta y un mal augurio lo inundo.

Ella trato de esconderla pero fue tarde, el viejo se la arrebato y a pesar de su mala vista pudo leer los primeros párrafos de lo que le escribir a Diego.

--¿Te vas?

Ella simplemente asintió.

--¿Porque?

--No hago más que estorbar, meter la pata y enfadarte. Es mejor así- afirmo ella mientras se dirigía a Runa quien al verla corría con la lengua fuera y le saltaba encima. -Solo te pido si es posible, que cuides a esta pequeña por mi- hablaba tranquila, sin miedo, ni resentimiento. Despidiéndose finalmente con una parsimonia que asustaba.

--No puedes irte.

--Te he desobedecido, he fracasado y no he hecho nada más que molestar. Es mejor así, ya no daré más problemas a nadie.

Despacio se levanto dejando a la pequeña en el suelo y se acerco al abuelo quien parecía rumiar algunas palabras que no se atrevía a pronunciar. Sin pensarlo dos veces lo abrazo y le dio un beso en la mejilla antes de retirarse y darse la vuelta.

--Gracias por intentarlo- se despidió.

--No te vayas- pidió el sintiendo un mal presentimiento en el cuerpo, Akua freno dándole la espalda y suspiro previamente de volver a reanudar la macha.

--Lo siento- dijo antes de cerrar la puerta del granero y un ladrido lastimero de la pequeña fue lo único que se oyó.

El viejo tomo la carta destinada a Diego y termino de leerla, había mucho dolor en cada palabra y se notaba mucho sufrimiento y amor. Se dio cuenta de que entre ellos dos había algo más que una amistad y por muy extraño que fuera, no le molesto, porque las palabras de aquella carta eran desgarradoras.

El mal presentimiento cada vez era más fuerte, algo en aquellas palabras anunciaba un augurio desolador y su piel se erizo al comprender que no solo era una simple despedida, era " la despedida".

Marlo con su bastón comenzó a caminar con prisa y dificultad, para cuando llego a la puerta y salió al exterior vio como ella tomaba las maletas y caminaba hacía el portón de salida.

--¡Espera!- grito pero ella no lo oyó- ¡Espera!- insistió el.

Pero nadie lo oyó.

Diego caminaba aún preocupado cuando al levantar la vista vio al viejo tratar de correr y caer al suelo mientras parecía gritar. Con todas sus fuerzas corrió hacía el y le ayudo a levantarse. Entonces lo vio llorar mientras señalaba hacía un lugar con un trozo de papel en la mano.

Vio un destello de algo desaparecer tras el portón de salida y no entendió nada. El viejo comenzó a toser y Diego le obligo a sentarse en el suelo.



Green_tango

Editado: 30.04.2021

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