Edúcame Si Puedes

“El secreto de una asesina”

Alex le grito que cerrara los ojos pero ya era demasiado tarde, un dolor en la cabeza la invadió de inmediato acompañado de una vacía mirada que reconoció él.

–Yo lo quería… –susurro Mariana, burlándose el hombre que la sostenía– ¡ERA MIO!

Revelando las dos navajas que poseía en la cintura, lo golpeo con su cabeza dejando que el arma se dispare por accidente antes de caer al suelo.

–¡MIO! –alzo la mano deslizando la navaja por el cuello del hombre, cortándolo como si fuera un objeto blando.

Las balas comenzaron a salir de las armas del resto de hombres en dirección a ella, usando el cuerpo de su víctima como escudo, mientras sus brazos eran bañados por el carmín que escapaba del hombre.

–¡MIO! –lanzo una navaja a la frente de un hombre, lanzándose a atacarlo para degollarlo y arrebatarle el arma.

Ante tal imprevisto, los mayores desarmaron a sus oponentes disparándoles sin acceso a la movilidad. Marco trato de cubrir a la menor, pero esta se encontraba asesinando a cada oponente sin vacile y buena precisión.

–No –Alex lo detuvo en su intento de socorrerla–. Es tarde. Necesito que lleves a las chicas a un lugar seguro así como al resto –se dirigió a ver el estado de Esteban.

Incrédulo, Marco regreso la vista hacia Mariana, quien estaba bañada con la sangre de sus víctimas, acompaña de una sonrisa diabólica que le erizo el cuerpo en cada cortada que la menor empleaba con deleite.

Disparando y cortando al resto de sus enemigos, se alanzaba con agilidad sobre ellos, degollándolos con una mano, mientras que con la izquierda les disparaba sin parar. Al acabarse las balas, se dirigía sobre otro oponente esquivando la lluvia de balas que no paraban de llegar a ella.

–¡MIO! ¡MIO!

Complacida por los rostros de sus víctimas, el pánico en los hombres era evidente. La retirada fue inmediata, pero ninguno logro salir del recibidor. Al llegar el resto de ellos al sitio, corrieron espantados ante la escena de sus colegas muertos, logrando la menor dispararles en los glúteos y los brazos, inmovilizándolos en el camino con la intención de hacerlos agonizar mientras cazaba al resto.

Al seguir los pasos de quienes escaparon de los disparos intencionalmente, llego hasta el salón de baile donde solo amplio su sonrisa al encontrar más víctimas a las cuales se enfrentó sin problema en esquivar, disparar y degollar.

Por otra parte, Alex trataba de despertar a Esteban quien se había desmallado por el impacto de bala y la herida en el hombro.

–Eso dolió –entro en razón de la sangre que había liberado, tratando de levantarse para ver a Mariana.

–Es tarde –anuncio Alex, uniéndose Marco en compañía de Imelda y Mimí.

–Lo peor está pasando –comento Mimí–. Eduardo fue a ver cómo están las cosas. No sabemos a dónde se ha trasladado.

Quitándole la camisa a Esteban, Alex lo despojó del chaleco antibala, al mismo tiempo en que se culpaba por no proteger a la joven.

–No es tu culpa –trato de calmarlo Imelda–. Nadie vio llegar el problema.

Tratando de asimilar lo que había visto, Marco solo podía ser un espectador de los acontecimientos.

–Estas curioso de esto ¿verdad? –hablo Mimí–. Lo viste. Viste su sonrisa –Marco asentó con la cabeza–. Su fobia va más allá de quedarse en un estado inactivo. Ella se convierte en algo casi imposible de manejar.

–¿De qué hablas? Es solo una…

–¿Chica? –interrumpió Alex–. Ella en este momento es todo menos eso. Una perfecta máquina asesina, sin sentimientos y remordimientos es como se categoriza. El placer de la sangre y el miedo de quienes asesina es lo que la impulsa a no parar cuando esta así.

Ayudando a levantar a Esteban, Imelda se unió rasgándole la camisa para crear un vendaje que coloco en el hombro herido.

–Sé que nos has ayudado hasta este punto. Y ahora te vuelvo a pedir ayuda –apoyo a Esteban en el hombro de Iván–. Necesito que se dirijan al subterráneo. Los refuerzos pronto llegaran y si no les advierto antes de detener a Mariana, estarán en peligro.

–No –protesto Esteban adolorido–. La última vez te apuñalo. Debes buscar el tranquilizante en la cocina.

–Es cierto. Eso bastara para apaciguarla.

–¿Existe algo para tranquilizarla? –preocupado, todos miraron a Marco.

–En la concina se encuentra un recipiente escondido al fondo del estante de bajilla blanca. Es redondo, no tan grande y contiene una tapa roja. Posee una etiqueta que dice “solo en caso de emergencia”–índico Mimí, al mismo tiempo en que una gran explosión resonó por la mansión.

El sonido que venía de afuera indicaba la llegada de los refuerzos. Seguido de otro, proveniente del salón de baile.

–Esos malditos tenían bombas. La señorita… –Esteban tratando de caminar de manera alarmante, fue sostenida por Mimí e Iván.

–Debo detenerlos –Alex trato de contactar al resto de hombre pero le fue imposible–. Chicas lleven a Esteban a una zona segura. Iván, te lo encargo. Iré a detener al resto de hombre. Mientras –toco el hombro de Marco, preocupado–. Ve a la cocina, encuentra lo que Mimí te dijo y dirígete al salón de baile. Reúnete con Eduardo y espérenme. No dejen que los vea o no aseguro tu seguridad. Cuando ella está así, no reconoce a nadie.



LaangelitaP24

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En el texto hay: prohibido, profesor alumna, secretos

Editado: 31.07.2020

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