Edúcame Si Puedes

22.2.- Manejando a los demonios

Escuchando con atención las clases de Marco, empezó a distraerse ante el pensamiento de quedarse a solas nuevamente con él. Ya antes lo había estado, pero ahora tenía de intermedio los sentimientos y sensaciones que producía su tutor.

>>Desde ayer no sé nada de mis guardaespaldas a excepción de Mimí, Iban y Eduardo. Sé dónde está mi pareja favorita pero Imelda desapareció tras ser regañada por Gabriel. Con las peleas que se cargan, juro que terminaran juntos algún día<< reflexiono sobre lo último >>Mejor no. Imelda es mucho para el frívolo y gruñón de Gabriel<<

–Explicada la formula ¿Puede comprenderlo ahora?

Notando la última palabra de Marco. Asentó con la cabeza ocultando el hecho de la nula atención prestada a la explicación.

–Señorita Mariana ¿Que es lo que piensa para no prestar atención a mi clase?

>>Piensa tonta. Fuiste tan obvia. Saca una excusa o nos dejara tarea hasta para resolverla en sueños<<

–Yo… veras. Pensaba… sobre… Ya sabes. Eso –arqueando una ceja, no  convencido de la respuesta–. Bueno. Me estaba preocupando –divagó–… que cuando estemos solo… me tengas miedo. Si ¡eso!

–Ya se lo dije. Eso no ocurrirá.

–Eso dices ahora pero qué tal si te cortas cocinando cuando este cerca de ti. O cuando me enseñes a cocinar me corto yo y la sangre aparece. Puedo quedarme en un estado de shock o peor aun. La asesina en mi interior se despierta y te ataca –empezó a dramatizar, haciendo gestos, moviendo las manos–.  Y después de eso sangre y más sangre y destrucción y muerte.

–Está exagerando –tomo asiento en el otro sofá, provocando el palpitar acelerado en la joven a causa de la aproximación prudente–. Si eso le preocupa por que no intentamos aliviar el problema.

–¿Cómo? ¿Qué sugieres?

–No sé si funcione. Y suena atrevido decirlo. Pero podríamos tener algunas cesiones psicológicas donde exploramos el problema y ayudamos a controlar ese detonante que la vuelve tan agresiva.

–No creo que funcione. Recuerda el número de Psicólogos y Psiquiatras en mi expediente. Que te hace pensar que no intentara de todo conmigo. Y si hablamos de hipnosis, mi segundo Psicólogo huyo de aquí porque la insulte y atente contra su vida de manera inconsciente.

–Puedo buscar y encontrar un método que no logren detonar ese lado agresivo.

–Marquillo. Casi la apuñalo con un cuchillo que ni sé de dónde saque.

–Eso es un acto inconsciente que puede ser manejado si usted misma lo desea. La mente humana no deja de sorprender a la ciencia y usted es un claro ejemplo. Debido a los sucesos que causaron los traumas, usted coloco una barrera para protegerse. Ante la violencia responde con violencia. Incluyendo la forma de defensa personal que borra los recuerdos de sus allegados así como la pérdida de memoria de los actos ejecutados mientras se siente amenazada.

–Todos dicen que lo cree de manera inconsciente –apretó los puños mirando a otro lado.

–Es la manera en que usted misma se protege emocionalmente. Todo lo que ocurre está en la mente.

–Ahora si suenas a un psicólogo –bufo tratando de no sentirse incomoda.

–Si pudiéramos encontrar una manera de que acepte el pasado sin revivirlo, conseguiríamos que controle esa agresividad. Aceptar el odio, la tristeza, inseguridad de confiar y perder. Tanto que explora para curarla.

–Explorando todo eso ¿Borrara lo que soy? ¿Lo que hice? ¿A todos los que asesine? –él negó– ¿entonces de qué sirve? –trago saliva –. Aun si no lo recuerdo. Una culpa queda dentro de mí. Pensar en cuantas vidas quite. Si tenían una vida, una familia. He atenta incluso contra los que están de mi lado. Soy un cristal roto que sin importar cuantas veces lo unan, volverá a quebrarse.

–No se puede borrar lo que se ha hecho –acercándose a ella, la tomo de las manos, llamando su atención–. Ni tampoco reparar al cien por ciento un cristal roto –bajo la vista triste–. Pero… –escucho atenta–… podemos pegar cada parte quebrada hasta volverlo utilizable. Las grietas aun podrán verse sin embargo, es su voluntad seguir siendo un peligro inconsciente o un reflejo de lo peor que solo usted puede controlar y desatar a su antojo.

Sintiendo la calidez del tacto, Mariana comprendió las palabras del mayor, dudado sobre intentar, una vez más, arreglar la estabilidad emocional que la convertía en una asesina agresiva en busca del placer de la sangre y la lujuria del miedo en sus víctimas.

–¿Crees tener la experiencia necesaria para arreglarme?

–Tal vez no. Pero puedo intentarlo –ladeo la mirada dudosa–. Una vez trabaje con un Psiquiatra. Por eso puedo intentarlo –lo miro no tan convencida–. Además, según lo que se, aquel estado agresivo puede ser controlado por alguien de confianza y algunos dulces. Y siendo yo la última persona que la hizo reaccionar, podría funcionar. También puedo contar con ser su Alfil y poseer un rango de confianza al nivel de Alex.

Resoplando tranquila, relajo los músculos del cuerpo.

–De acuerdo. Podríamos intentarlo. Siempre y cuando te detengas cuando te lo pida. De esa manera evitaremos accidentes.



LaangelitaP24

#2062 en Novela romántica
#219 en Thriller
#104 en Misterio

En el texto hay: prohibido, profesor alumna, secretos

Editado: 25.09.2021

Añadir a la biblioteca


Reportar