Edúcame Si Puedes

“Travesuras”

Marco, quien había logrado escapar de la biblioteca gracias a dos clips que encontró. Caminaba desesperadamente en dirección a su habitación, la cual sorpresivamente encontró cerrada.

>>¡Fue ella!<< colmado de ira, se tocó los bolsillos percatándose de que las llaves se encontraba sobre su escritorio. Maldiciendo internamente por no haberse traído consigo los clips, refunfuño entre dientes por tener que ir por ellos.

Al regresar a la biblioteca, encontró a su alumna con uno encendedor de cocina en una mano, y en la otra con un spray cualquiera, cerca de una columna de cinco libros relacionados con historia universal, el comportamiento humano y demás información de la misma rama.

–Pero que…

–¿¡Ups!?

La menor encendió el mechero y roció el spray sobre los libros, provocando que estos comenzaran a arder, igual que la desesperación de su acompañante, quien no dudo en correr hasta el extintor de emergencia y apagar el fuego.

>>Agradezco a mi inspección, que este sitio tiene un extintor de emergencias<< se alabó por haberse percatado del objeto.

–¡Señorita Mariana, está usted loca! –frunciendo el ceño, termino de extinguir el fuego, cubriendo con su chaleco los libros humeantes, antes de que activaran los rociadores de seguridad–. No le basta con mojarme y fastidiarme, si no que ahora va detrás de mis libros.

–Realmente no me basta –dejo caer al suelo los implementos antes utilizados, desapareciendo del lugar en cuestiones de segundos.

–Me va a volver loco. Pero no desistiré –dejo el extintor en el suelo y miro con dolor los libros quemados, llenos de información y recuerdos, pues algunos de ellos lo habían acompañado durante su profesión, mientras que otros recién comenzaban a conocer–. Bueno al menos no ha pasado lo otro.

Tomando los clips del escritorio, decidió que después limpiaría el desastre de su alumna. Por el momento, era preferible cambiarse de ropa o las cosas empeorarían.

Siendo un pequeño estornudo lo que le alertara de estar en problemas si seguían con la vestimenta húmeda, en un ambiente que comenzaba a sentirse más frio.

***

Por la noche, la comida fue servida y Mariana ceno sola.

Marco por otra parte, degusto los alimentos antes de ser servidos. Obteniendo tiempo para buscar lo que sabía, su malcriada estudiante había escondido y él lo necesitaba.

Al día siguiente, el sol obtuvo el comportamiento de Mariana, o así lo denomino su tutor, quien entre dientes, regaño por las ventanas a la esfera de fuego por ocultarse entre las nubes y no otorgarle su calor.

Mientras tanto, como de costumbre Mariana se levantaba tarde. Lista para fastidiar a su tutor, quien no había ido a levantarla como los días anteriores.

–¿Qué milagro será ese? –termino de colocarse los botines cafés cortos, que había conjugado con un short jeans, blusa negra con manga hasta los codos, y sus amadas Nylon stockings negras–. El marquillo ese, hoy no vino por mí. Bueno será lo mejor.

Tarareando, con una sonrisa victoriosa en sus labios, la joven salió de su recamara rumbo a solicitar su desayuno y fastidiarle la vida a su tutor. Tenía mucho por hacer, sin embargo al llegar a la cocina, no tenía nada que comer.

>>!Pero bueno! ¿Dónde se ha metido que no ha preparado mi desayuno?<< creyendo que tal vez este aún no había preparado su desayuno, debido a que esperaba la hora de que despertara. Suspirando hondo y se aproximó al congelador, en un asalto por encontrar algo.

Luego de notar que no había nada que no tuviera que ser preparado, comenzó a buscar a su obligado acompañante, obteniendo un calmado silencio por donde quiera que fuera.

–Ahora donde te metiste. Al menos hubieras preparado el desayuno –frunciendo el ceño, arrastro las suelas de sus botas, encaminándose hasta la habitación de su huésped, quien tampoco estaba hay. Obstando por esconder el nuevo medicamento que encontró sobre el escritorio, sin dejar huella de su presencia.

Cansada de buscarlo para exigirle alimentos. Vago por la mansión, tratando de no prestarle atención a su estómago, y averiguar si su enemigo había huido en un intento por dejarla sola y matarla de hambre.

–¡Él no se atrevería! –subiendo las escaleras, racionó alarmante al pensar que la había abandonado a su suerte, sin comida o algo para escapar del lugar.

–¿Quién no se atrevería a qué? –y como por arte de magia. La voz de quien no soportaba se hizo presente.



LaangelitaP24

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En el texto hay: prohibido, profesor alumna, secretos

Editado: 25.09.2021

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