Edúcame Si Puedes

“Sueño…”

>>Que extraño...<< recuperando la conciencia, observo la habitación>>en que momento me abre quedado dormido<< levanto su mano para mirarla recomponiendo la memoria. Alertándose al notar los hechos que a su vez lo confundieron al ver a su estudiante sentada en el piso, reposando la cabeza en el sofá, mientras dormía plácidamente.

–Que me hiciste niña... –desvió su mirada hasta la mochila, que tomo y reviso, encontrando fajos de billetes de cien, que por la rápida observación, conformaban cincuenta mil dólares en compañía de algunas mudas de ropa.

Al no comprender lo que había tratado de hacer su alumna. Marco obsto por tomarla entre sus brazos y colocarla sobre el sofá, no sin antes notar que la piel de la menor se encontraba fría y suave al tacto. Rozando más de una vez los brazos de ella, resultando placentero y dulce.

Al darse cuenta de sus actos, Marco se alejó de la menor lo suficiente para reflexionar sobre lo que pensaba. Trago saliva como si la boca se le secara y salió del lugar para averiguar que había hecho su alumna.

Primero, paro en su habitación para recoger su celular, encontrándose con la sorpresa de hallar la caja de las llaves, tirada sobre la cama con estas aspergeadas. Dándose cuenta que la menor había descubierto el escondite de las llaves a su mando, revisando inmediatamente para verificar las que faltaban.

Al contarlas todas, se percató que faltaban siete llaves, y una correspondía a la puerta principal, por lo que sin pensárselo, se dirigió a la entrada de la mansión donde efectivamente la puerta no contenía seguro alguno.

–Qué fue lo que hicisteis... –revisando las habitaciones de las llaves faltantes, confirmo que estas estaban cerradas, decidiendo terminar su recorrido en el cuarto de la menor antes de ir al campus abierto para revisar los vehículos y aviones.

Cuando abrió la puerta de la habitación, no encontró nada fuera de su sitio, a diferencia de una carta sobre la cama que al tomarla y leerla, revelo el plan de la menor.

–Por eso se comportaba así –sabiendo lo necesario, regreso a la sala de estar donde se quedó observando a Mariana mientras dormía. Pensando el, lo que aria con lo ocurrido y lo planeado.

Los acontecimientos le advertían no mover las fichas que podría hacerlo colgar de una cuerda, sin embargo necesitaba proseguir con el plan por dos cosas. Una necesidad suya y la protección de ella.

–Niña... deja de darme problemas –resoplo fuerte, volviendo a tomarla entre sus brazos para llevarla a su cuarto.

En varias ocasiones, mientras caminaba por los pasillos rumbo a su destino, trato inconscientemente, de acariciar los brazos de la menor, dándose cuenta justo antes de hacerlo. Le resultaba incontrolable tratar de no tocarla o propasarse en algo inamisible, y más aún cuando su aroma, lo invitaba a percibirla, como cual lobo buscara su presa en el bosque. Él controlar sus necesidades, pero ahora se estaba comportando como una bestia.

>>¿Marcos que te pasa?<< se replicó a sí mismo, despejando su mente para entrar en razón mientras llegaba a la habitación.

Al depositarla levemente sobre la cama, con las luces apagadas, la arropo con el edredón y la contemplo por unos minutos, dándose la vuelta para abandonar el lugar olvidar los deseos de sobra. Sin embargo, no pudo ni dar tres pasos, regresándose a mirarla para contemplarla, como ladrón en la noche.

Su respiración estaba rítmicamente con la elevación de su pecho, que la hacían verse como un ángel que se despojaba de lo material, sumiéndose en el agradable sueño nocturno que calmaba las acciones del día. Marco ahora podía darle la razón a los sirvientes, pues realmente ante sus ojos, ella se veía como un ser divino dormido.

Lentamente y con algo de temor, desplazo su mano en frente de ella, acariciando el cuello descubierto, que le pareció tibio, suave y agradable. Lo acaricio por un momento hasta que su mano, capturo la barbilla que lo invitaba a subir, donde el rostro estaba deleitable ante su tacto y vista que se sentía complacida.

La menor no reaccionaba ante nada y eso le permitía continuar. Sentir la tibia piel y la sangre que le circulaba por todo su ser, le daban sensaciones de exclamar por más. Sus mejillas blandas, le invitaban a ser tocadas por siempre, condecorándolas con besos que ganaría lentamente. Recorrió minuciosamente el rostro de la joven, grabándose la sensación de tocarla deseo de explorarla. Sin saber por qué, se sentía hipnotizado.

>>Parar... necesito parar... pero no puedo<< La subconsciencia le pedía detenerse, y él estaba listo para hacerlo, sin embargo se detuvo en los labios de la menor que lo enloquecieron con tan solo rosarlos. No sentía que pudiera parar, y así fue. Se aproximó más a ella, teniendo la intensión de atrapar aquellos labios con los de él, siendo un movimiento de la joven lo que provocara que despertara de su hipnotismo.



LaangelitaP24

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En el texto hay: prohibido, profesor alumna, secretos

Editado: 25.09.2021

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