Efecto Mörder

CAPÍTULO III

—Te ves horrible Alaia.

Y esa era mi madre dándome ánimos.

Alana Ferrer es la mujer más vanidosa que existe en la tierra por lo que para ella representa un castigo tener una hija como yo, no obstante, yo ya estaba acostumbrada a su forma de ser por lo que no me importaba absolutamente nada de lo que me dijera.

Entorné los ojos y volví mi mirada a ella quien me observaba bajo sus tupidas pestañas con gesto molesto.

—Cámbiate, vamos a cenar.

Me limité a asentir porque sabía que si me negaba nunca le ganaría a la reina del drama.

Después de arreglarme esperé paciente por mis padres aunque no tenía ganas ni siquiera de caminar.

El aburrido viaje al restaurante al que iríamos gracias a Dios se hizo corto.

En l momento de bajar del auto mi madre miró con desaprobación mi ropa que consistía en un pantalón corto de blue jeans y una sencilla camisa manga larga, lucía demasiado simple para un sitio como ese.

Me encontraba realmente sorprendida porque mi papá no solía llevarnos a sitios como este, a pesar de tener dinero él es algo... avaro. Esto debía ser obra de mamá y su poder de convencimiento.

— ¿Están de aniversario? —bromeé ganándome una mirada fulminante por parte de mi madre que me hizo sonreír enseguida.

—Preciosa, no trates de enfurecer a mamá —habló mi padre condescendientemente encendiendo mis sospechas.

Cuando mi madre le hacía gastar de más a papá este se mantenía gruñón hasta que ella lograba endulzarle.

— ¿Algo que me quieras decir?

—Entra Alaia, por favor.

Yo gruñí enseguida pero le hice caso a mamá sin embargo cuando las puertas se abrieron, la vergüenza me golpeó.

Todo el mundo iba súper elegante mientras que yo...

Mierda.

Esta vez entiendo a mamá.

—Camina, nuestra mesa está por allá.

Al alzar la vista pude ver la sonrisa burlona de Alana y enseguida la fulminé con la mirada.

— ¿Pueden decirme qué es lo que pasa? —pregunté una vez que estuvimos por fin sentados en la mesa.

La seriedad cubrió los rostros de mis padres y la preocupación me envolvió.

—Buenas noche ¿Están listos para ordenar?

Esa voz aceleró mi pulso y rápidamente levanté la vista hasta ese chico quien frunció el ceño nada más al verme. Sus ojos me hacían preguntas sin embargo yo permanecía callada con mis pupilas puestas sobre él, acción que no pasó desapercibida por mamá quien arqueó una ceja en mi dirección.

—Aún nada, joven. Lo llamaremos cuando lo decidamos —lo despachó mi papá sin darse cuenta de las miradas que habíamos compartido pues él había estado viendo el menú.

—Así que... —dijo mi mamá.

Rápidamente la corté levantándome de la mesa, llamando más de lo que imaginé la atención.

—Voy al baño.

Caminé en busca del mismo pero más que ir al baño sentía la curiosidad de hablarle a mi desconocido salvador amargado.

Fue algo inesperado verlo con ese traje elegante de mesero cuando el día anterior lucía como un chico rebelde ahora mismo lucía como... un príncipe oscuro.

Negué con la cabeza para después apoyarla sobre el vidrio del baño.

Ya sabía dónde iban mis pensamientos y no me gustaba nada.

—Estás loca Alaia —murmuré con los ojos cerrados agradeciendo estar sola en el baño.

Pero un cálido aliento en mi cuello me hizo gemir aterrorizada y rápidamente giré sobre mis pies hasta estar de frente a esa persona que había invadido mi espacio personal quien no resultó ser más que él.

—Sí que estás loca.

—No ¡Tú estás loco! ¿Qué haces aquí? —Pregunté después de pasar la sorpresa—. Es el baño de las chicas.

Él se encogió en hombros con su acostumbrada cara seria paseando sus pupilas grises por todo mi cuerpo logrando hacerme temblar vergonzosamente pues no pude disimularlo.

—Bonita ropa.

Yo arqueé una ceja molesta por su cara burlona.

—Debería decir lo mismo, ¿Algunos días eres un matón a sueldo y otros un mesero de un restaurant elegante?

—Te faltó añadir que durante la luna llena me convierto en lobo.

¿Realmente estaba bromeando pese a su constante seriedad?

Yo chasqueé la lengua evitando que una sonrisita tonta se me escapara.

—Tus bromas son pobres.

Empujé su hombro para que se apartara de mí pero ni siquiera logré moverlo.

—Como mi cartera.

Si poder evitarlo solté una pequeña carcajada para después volver a poner mi máscara de molestia.

—Eres un idiota, vete de aquí.



ANGGIE

Editado: 25.03.2020

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