Efecto Mörder

CAPÍTULO V

—Así que...

Dije pero me vi interrumpida por un golpe que dio Dominik al volante molesto, por lo que rápidamente hice silencio.

Luego de un par de minutos él volvió su mirada hasta donde me encontraba y dejó finalmente escapar un suspiro.

—Lo lamento.

Confusa me encogí en hombros restándole importancia.

—Yo no debí hablar cuando tú estabas tan...

—No por eso —dijo él después de chasquear la lengua—, aunque también debería disculparme por ello, pero lo que me pone realmente furioso es que te puse en peligro invitándote a correr, no volverá a pasar.

Aquello me hizo sonreír inevitablemente.

¿Él estaba molesto porque se preocupó por mi seguridad?

Eso parecía.

Como si no pudiera dominar mi mano, esta se posó en el brazo de Nik el cual se tensó enseguida por mi toque.

Cada vez que lo tocaba hacía lo mismo era como si nunca antes hubiera sido tocado o como si le incomodara.

Sus ojos volvieron a donde mi mano seguía pues esta vez yo no me aparté pero sí me sonrojé.

—No tienes porque disculparte, Jakob es el idiota. Realmente me gustó correr contigo, Nik.

Tras decirle esto, su rostro serio ladeó una sonrisa que hizo que algo dentro de mí se encendiera.

¿Cómo puede ser tan bello?

—De cualquier manera no volverás a correr, no es seguro.

Yo arqueé una ceja en su dirección de inmediato por el tono sobreprotector que había usado.

— ¿Quién lo dice?

—Lo digo yo y ya bájate de mi auto cara de ángel, debo irme.

Abrí la boca para balbucear pues después de todo no me había dado cuenta de que ya habíamos llegado.

—Corrijo, ambos, Jakob y tu son idiotas.

Como una niña pequeña le mostré mi lengua para después voltearme a abrir la puerta del auto, sin embargo, cuando iba a salir él me detuvo.

—Ven mañana a una fiesta conmigo.

Enseguida me giré a verlo incrédula.

¿Realmente él me estaba invitando a una fiesta o yo estaba imaginándolo?

—Tu... no tienes pinta de que te guste ir a fiestas.

Después de soltar una pequeña carcajada Nik por fin habló.

—Y no me gustan, pero debo asistir a esta.

— ¿Así que estás buscando un poco de apoyo moral, eh chico? Pues déjame decirte que yo... iré.

Por un momento creí ver la duda en el rostro de él hasta que le dije que sí iría y entonces volvió a sonreír cosa que causó que hiciera algo estúpido.

Sin pensarlo, me incliné y besé su mejilla acto seguido su sonrisa desapareció. Dándome cuenta de la estupidez que había cometido me limité a murmurar:

—Ven por mí, estaré esperándote.

Así fue como con todo el valor que me quedaba abrí la puerta y huí del momento vergonzoso que yo misma había creado.

¿En qué estabas pensando Alaia?

¡Eres estúpida!

¡Dios, definitivamente soy estúpida!

Entré en mi casa lo más rápido que pude y cerré la puerta pegando mi espalda a la misma, mi corazón latía desbocado y mi respiración estaba irregular como si hubiera corrido un maratón.

¿Ya se habrá ido?

Cuando alcé la mirada me puse más pálida aún pues justo frente a mí estaba mi madre, con sus ojos de sospecha puestos sobre mí y sus brazos cruzados sobre su pecho.

—Tienes mucho que explicar niñita, ¿Quién es ese chico y por qué te ha traído a casa?

¿He dicho ya que mi madre es una metomentodo?  

—Es un amigo mamá.

—Ya, es por eso por lo que ibas a dejar escapar tu corazón del pecho hace unos segundos ¿No? —preguntó arqueando una ceja sin dejar a un lado su pose intimidante—. Es el chico del baño del restaurante, y te gusta.

— ¡Mamá!

—No finjas conmigo, te conozco, solo te digo una cosa, no te embaraces.

Le envié una mirada perpleja pero ella se limitó a encogerse en hombros y después de eso se marchó dejándome sola, no sin antes observarme con advertencia como si con ello quisiera decirme que hablaba muy enserio.

—Embarazarme... como si yo tuviera algo con Dominik, y aunque lo tuviera, definitivamente mi madre está loca.

Mi dije reprimiendo un escalofríos y finalmente me asomé por el hueco de la puerta comprobando que Nik se había ido ya.

 

*

 

— ¡Maldición, tienes el sueño más pesado del mundo mujer! —gritó Joseline en mi oído logrando despertarme.

Seguidamente yo gruñí ante ello, no soy demasiado amable en las mañanas y eso sumado a que odio que me despierten los fines de semana lograba que me pusiera de un humor de perros.



ANGGIE

Editado: 25.03.2020

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