Efecto Mörder

CAPÍTULO VII

— ¡Soy una zorra Fer! Ayer casi beso a dos chicos diferentes ¡Lo peor es que ambos me gustan!

— ¡Eres mi ídolo mujer, quiero ser tu!

De inmediato la fulminé con la mirada.

Me dejé caer a su lado mientras ella se encogía en hombros.

—Solo disfrútalo mientras dure.

— ¿Realmente sabes lo que me estás diciendo?

Esto es una completa locura y ni siquiera puedo preguntarte qué debo hacer, en definitiva no es una opción quedarme con ambos.

—Solo relájate un poco mujer, luego decidirás.

—Estás preocupándote demasiado, en cualquiera de los casos alguno de los dos te fallará, entonces sabrás quien te merece... o puede que los dos lo hagan y no te quedes con ninguno de los dos.

Tanto Fernanda como yo giramos rápidamente para encontrarnos con mi madre que al parecer había escuchado toda nuestra conversación avergonzándome por completo.

— ¡Mamá! ¡¿Qué haces allí?!

Alana entornó los ojos como haría una adolescente fastidiada por el regaño de su madre.

A veces sentía que estaba criándome sola.

—Escuchando tu drama existencial y respondiendo a tu inquietud... y tu osas llamarme reina del drama.

—Quizás se me ha pegado un poco de ti —dije fulminándola con la mirada.

—Como sea, has caso a lo que te advertí, no te embaraces.

— ¡¿Estás loca mujer?! —grité pero fue demasiado tarde porque ella ya se había ido.

—Tu madre es de las mías.

—Ni me lo recuerdes.

 

*

Mientras oía la música de mi equipo de sonido me senté a la orilla de mi ventana pensando que quizás mi madre y Fernanda tenían razón.

Estaba tomándole demasiada importancia tanto a Jakob como a Dominik, después de todo seguramente alguno de los dos se aburriría pronto de mí por lo que no importarían ninguno de mis tontos sentimientos.

Mi móvil comenzó a sonar sin embargo no presté atención a este porque en ese momento me di cuenta que frente a mi casa se detenía un camión de mudanza además de una camioneta negra la cual nunca había visto en el vecindario, pero eso no fue lo que me hizo enmudecer, ni el hecho de que alguien se estuviera mudando a la casa que llevaba diez años deshabitada, que según la gente local estaba clausurada por la muerte de una mujer a manos de su marido, sino por el hecho de que quien salió de la camioneta no fue otro que Jakob Mörder junto con su hermano Kilian.

El primero alzó la vista hasta mi ventana con su acostumbrada sonrisa burlona, bajó su teléfono que anteriormente había estado pegado a su oreja y lo señaló haciéndome saber que quien había estado llamándome era él.

No sabía cómo había conseguido mi número pero seguramente había sido una de mis amigas la responsable de este hecho.

Sin apartar mis ojos de él con el ceño fruncido alcancé mi teléfono y contesté.

— ¿Estás espiándome, vecina?

Abrí la boca enseguida entendiendo lo que quería decir.

Si ya era un dolor de cabeza soportarlo en las casuales citas en conjunto que hacían mis amigas a mis espaldas, porque el encuentro con él en el parque de diversiones no había sido el único, además de aguantarlo en la universidad, sería peor verlo a diario.

— ¿En serio vivirás allí?

Vi que Kilian entraba a la casa no obstante Jakob seguía igual que hace minutos.

— ¿Tu qué crees? Así podré verte cuando salgas del baño en toalla y rogaré porque esta se caiga.

Contuve las ganas de reír por su estupidez y en mi lugar lo fulminé con la mirada.

—Eres un cerdo, además ¿Qué te hace pensar que dejaré la ventana abierta?

—No finjas, te mueres por mí, dulce. ¿Puedo subir?

—Absolutamente no, ve a instalarte, vecino —dije con desdén—, es hora de mi siesta.

—No seas tan aburrida, ahora bien, si tú no quieres darme un espectáculo digno de ver mostrándote ante mí, yo dejaré mi ventana abierta para que termines de enamorarte completamente de mí —me guiñó el ojo.

Y yo entorné los míos.

—Suerte que mantendré mi ventana cerrada desde ahora.

Él se rió y antes de que fuera a decir otra de sus tonterías colgué el teléfono. Y como le prometí, cubrí mi ventana con la cortina.

Casi pude escuchar su risa burlona.

Mis labios dibujaron una sonrisa y rápidamente me pregunté quién me decepcionaría primero.

Me encogí en hombros y decidí no darle importancia a ese asunto nunca más.

La ventana de mi habitación comenzó a sonar como si estuvieran lanzando piedras cuando apenas iba saliendo del baño, mi cuerpo aún estaba arropado a mi toalla por lo que decidí ignorar el llamado y proceder a vestirme con tranquilidad, y así lo hubiera hecho de no ser por el molesto sonido de la ventana.



ANGGIE

Editado: 25.03.2020

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