Efecto Mörder

CAPÍTULO XI

Por alguna razón sus palabras causaron un extraño escalofríos en mí.

No entendía a qué se refería Drina así que ¿Debía preguntar?

—Volviste —le oí decir con su voz sumamente masculina pese al sonido fastidioso de la música.

Entonces todo lo que estaba pensando se fue al olvido.

¿A caso había escuchado un deje de esperanza en esa palabra que más bien había parecido un murmullo?

—Volví —afirmé dando la vuelta para verlo.

—Lo lamento cara de ángel, lo juro, yo...

—No hablemos aquí, no me siento cómoda —dije después de echar una mirada detrás de él a Jakob quien mantenía sus mortíferos ojos sobre ambos mientras tomaba agua.

Dominik asintió enseguida para luego guiarme por un pasillo, nerviosa sentí un montón de ojos en nosotros pero había una sola mirada lo suficientemente fuerte que me hacía estremecer.

—Espérame aquí mientras me doy una ducha, nadie entrará aquí.

Yo asentí en silencio.

Me había traído a una especie de camerino mientras él entraba al lugar que suponía que era un baño.

Por mi parte me dediqué a curiosear a mi alrededor, el lugar era pequeño pero organizado pero lo que realmente llamó mi atención fue la foto que había sobre el buró.

Rápidamente la tomé entre mis manos para mirarla fijamente, en ella aparecían Nik, su hermana quien compartía ciertos rasgos con él incluso sus ojos grises, lo que parecía ser un rasgo típico de lo Mörder, pero la chica era absolutamente preciosa como nadie, debía ser la envidia de todas a su alrededor.

Al lado de esta foto estaba otra donde aparecía él con una mujer mayor guapa la cual imaginaba era su madre ya que sus rasgos eran parecidos a los de su hermana.

Finalmente dejé la foto dónde estaba y con la vista comencé a buscar algo interesante en la habitación entonces luego de un rato la puerta del baño se abrió y yo me giré enseguida encontrándome con la imagen más sexy que he visto en mi vida, Dominik solo en toalla, definitivamente el sueño húmedo de toda mujer cuerda.

—Olvidé  mi ropa.

Él comenzó a caminar en mi dirección y yo solo pude asentir sintiendo mi garganta seca, en ningún momento dejé de mirarlo pero cuando estuvo tan cerca de mí me sentí temblar, mis ojos detallaron su rostro para después fijarse en su pecho desnudo por donde corrían seductoras gotas de agua.

¿Por qué estaba al frente de mí, acaso él...?

Entonces mis pensamientos fueron cortados cuando él se acercó aún más pero no precisamente para lo que yo esperaba.

Casualmente detrás de mí estaba el closet y de este sacó ropa sin quitarme del medio.

Su cercanía me tenía al límite cuanto más su embriagador aroma.

Casi me eché a temblar cuando antes de retirarse para volver al baño él susurró en mi oído con voz ronca.

—Siento ser tan olvidadizo.

Yo no.

Pervertida.

Yo no pude decirle nada pues estaba paralizada.

Entonces se dio la vuelta deleitándome con su espalda fuerte y con la forma de su redondo trasero, ese hombre tenía el mejor trasero de este mundo.

¿Acaso era legal tanta belleza masculina?

Traté de respirar hondo y bajar la libido y por suerte para cuando salió Nik vestido tenía todo controlado.

Antes de salir de la habitación él tomó mi mano y tiró de mí suavemente hasta que me sacó de  El inframundo.

— ¿A dónde quieres que vamos, cara de ángel?

—No me importa demasiado.

Él asintió y se dedicó a manejar.

El viaje se hizo corto y reconocí enseguida el lugar al cual me había traído.

—No nadaremos otra vez, advertí.

Dominik sonrió a medias encogiéndose en hombros.

—Haré lo que tú digas.

Sus ojos buscaron los míos y no pude evitar conectar con ellos.

Lo que empezaba a sentir por Nik cada vez empeoraba más, no podía mantener estos pensamientos a raya durante más tiempo. Había algo que me impulsaba a él, algo que me hacía caer ante su seductora sonrisa y en ese cielo gris que eran sus hermosos ojos.

—Lamento gritarte de esa forma, no debí decir todo lo que dije, no lo merecías, yo... estaba molesto, lo siento.

—Tenías razón, no hay nada que nos una más que El inframundo, no tenía derecho a pedirte explicaciones.

No me perdí de su mueca de dolor, la cual me dejó perpleja. ¿Qué había dicho yo para que él lo tomara tan mal?

—Tú eres importante —susurró y apenas pude oírlo.

Con esto mi corazón comenzó a latir apresurado y mis mejillas se colorearon.

Rápidamente aparté mi mirada de esos ojos intensos que me quemaban.



ANGGIE

Editado: 25.03.2020

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