Efecto Mörder

CAPÍTULO XXV

Mis pensamientos en este momento eran un completo desorden.
El dolor quemaba mi ser entero como nunca hubiera imaginado antes, y es que no pensaba que lo que sentía por Dominik fuera algo tan fuerte, porque lo era, de otra forma no me sentiría así.
Reprimí las lágrimas y me hice la fuerte recordando que Diana estaba aún detrás de mí, nunca me ha gustado que me vean llorar.
—Alaia...
—No importa Diana, esto...
—Debes dejar que te explique, a lo mejor...
—No me importa que me explique nada.
Diana enseguida hizo una mueca antes de proseguir.
—Pero si tú...
—No le digas a Dominik lo que vimos y escuchamos, prometelo.
Ella hizo un puchero para después asentir.
Yo por mi parte alcé la cabeza y con hombros erguidos me di la vuelta como si no hubiera visto absolutamente nada.
Me quedé un rato más tratando de que la presencia de Dominik no me afectara, todo lo que quería hacer era marcharme y encerrarme en mi habitación a llorar.
Era extraño pero yo nunca me había sentido de esta manera por nadie, era Dominik el culpable de estos sentimientos agobiantes con los que ahora mismo me sentía asfixiada.
Diana llegó más tarde a mi lado sin borrar aquella expresión preocupada que tenía, incluso murmuró algunas palabras dedicadas en mi dirección, pero sencillamente no puede entenderlas.
Mi cabeza estaba a un millón de millas de aquí.
—Alaia ¿Quieres irte conmigo?
La miré enseguida arqueando una ceja antes de fruncir el ceño y responderle.
— ¿A dónde? —enseguida negué con la cabeza recordando algo—. Esta es la fiesta de tu madre, no podemos...
—Mi madre ahora mismo está ocupada —soltó burlona mirando en dirección de Athena y Jannick—. No va a darse cuenta de donde estamos... Y creo que hoy tú me necesitas más.
Por alguna razón mis ojos se llenaron de lágrimas al sentir el apoyo inesperado de Diana.
—Vamonos de aquí —dijo ella antes de que yo pudiera hablar siquiera.
Enseguida nos escabullimos por la puerta trasera de la casa de Diana y me sentí un poco mejor.
Como una niña que estaba haciendo una travesura y me detuve para no sonreír.
— ¿Por qué estamos haciendo esto? Recuérdamelo.
—Porque conozco un buen lugar donde acabar con la rabia y el despecho.
—Lo siento Dee, pero dudo mucho que tú sepas de despecho ¿Quién sería tan imbécil de dejarte?
Ella hizo una mueca antes de encender el auto que probablemente su padre le había comprado.
—Te sorprendería amiga, siempre hay un imbécil.
— ¿Están siguiéndonos? —pregunté temerosa recordando la última vez que había ido con Jakob a la vez que observaba que un auto negro venía detrás de nosotras.
—Tranquila, es el guardaespaldas que papá me puso, no quiere ni que vaya a ningún lado sola, pero no me molesta, no me gustaría que me pasara lo que te pasó con mi hermano.
Al escuchar decir “mi hermano” no pude evitar pensar en Dominik pese a que era de Jakob a quien se refería.
—Siento lo de Dominik, Alaia —susurró ella viéndome tensa—. Yo no entiendo esto, seguro que tiene explicación...
—La cual no me merezco porque no somos nada ¿Recuerdas Dee?
—Yo creo que ese es el bendito problema, que ustedes no son nada, pero que al mismo tiempo son todo.
Si pudiera ver por otros ojos que cuando ustedes se miran enseguida surgen las chispas...
Mi corazón se arrugó ante sus palabras pero me hice la indiferente.
—No quiero hablar más de él Dee, por favor.
Diana suspiró derrotada y después asintió.

*
 


Resultó ser que el lugar del cual Diana me había hablado de matar el despecho no era otro que un sitio parecido a El inframundo, con la diferencia que al parecer quienes peleaban no eran hombre sino mujeres.
— ¿Perdiste la cabeza, Alicia1? —pregunté burlona pues no creía que esto fuera enserio.
— ¿Tienes miedo? —preguntó arqueando una ceja muy al estilo de su hermano gemelo—. Pelearás conmigo, drenarás tu rabia y nadie más va a lastimarte, solo yo —dijo soltando una carcajada.
—No te burles de mí Diana Artemisa, yo también se golpear duro.
—Solo por decir mi nombre completo te ganaste un buen golpe.
—Eso quiero verlo —solté retadora y finalmente ambas soltamos una carcajada, la causante de que muchas personas nos miraran.
— ¡Joder! ¡¿Quién ha dejado entrar a un ángel aquí?!
Enseguida el hombre que dejo esto se acercó a nosotros sin apartar su mirada de mí poniéndome sumamente nerviosa.
—Buenas noches, bellas damas, me presento, soy Trev.
—Lara.
—Rachelle.
Respondimos rápidamente y al unísono Diana y yo, al parecer con la misma idea en mente no mostrar nuestra identidad real en el lugar, no parecía seguro de ninguna manera.
—Bienvenidas —ronroneó el hombre aún sin dejar de mirarme—. ¿Larsen o Bellamy?
Yo enseguida fruncí el ceño no comprendiendo de lo que estaba hablando sin embargo Diana respondió por mí.
—Ambas vamos por Bellamy.
—Buena elección —dijo este con una sonrisa que se hizo más grande cuando mi amiga le pagó—. Sus lugares son el área B-106.
Ambos asentimos y Diana me jaló hasta donde el hombre nos había indicado.
—Me quieres explicar a qué se refería.
—Antes de entrar debemos pagar la apuesta por una de las contrincantes reales, esto es un gimnasio femenino y por la noche hay peleas clandestinas de una pareja de competidoras reales, podemos pagar para pelear en el ring, pero solo como novatas con novatas, así que no hay excusas para golpearte —me guiñó el ojo divertida.
Entendía que Diana estaba haciendo esto por eliminar la rabia que sentía por Dominik y que por hoy debía olvidarme de él pero esta conversación con ella me hizo saber que no era nueva en este mundo por lo que con curiosidad le pregunté:
— ¿Tú sabías sobre El inframundo?
La pregunta pareció dejarla perpleja sin embargo segundos después contestó.
—Dominik nunca me dice ni a mamá las cosas que hace, pero yo siempre sé lo que me oculta, o bueno, casi siempre, me parecía sospechoso que algunas veces llegara golpeando de la noche anterior pero con dinero, mamá se lo reclamaba siempre, así que sospeché y una noche los seguí, lo vi en El inframundo pero nunca se lo dije a mi hermano.
Jamás le he agradecido lo que ha hecho por mí, por nosotras —dijo ella refiriéndose también a su mamá.
Casi gruñí por la ola de calidez que me invadió al escucharla decir eso de Dominik, él siempre había cuidado de su familia y eso era algo de admirar. 
—Venga, ya, lo siento, vamos a pelear no a hablar.
Ambas nos reímos y nos levantamos para pagar al sujeto de antes por el ring, no obstante al levantarme golpeé sin querer a una chica e hice que está derramara su bebida en su vestido.
Casi me pareció que todo se quedó, en silencio cuando esa mujer posó sus orbes furiosas en mí.
Cuando abrí la boca para disculparme, ella me cortó.
— ¡Oh perra, pagarás por esto!
Acto seguido la histérica mujer se lanzó hacia mí golpeándome como una salvaje, sin que yo tuviera muchas formas de defenderme.
Todo se oscureció para mí de repente.



ANGGIE

Editado: 25.03.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar