Efecto Mörder

CAPÍTULO XXXV

Dominik lamió su labio inferior antes de morderlo y hacer que Alaia abriera su boca, aprovechó enseguida para introducir su húmeda lengua en su cavidad.
La respiración de ambos se hizo agitada y trabajosa mientras no paraban de tocarse.
Alaia finalmente sintió esas famosas mariposas de las que tanto había escuchado hablar cuando era más joven y casi jadeó con sorpresa.
¿Quién diría que para decidir con quién quería estar solo tenía que hacer desnuda en los brazos de Dominik?
No quería que eso fuera un sueño y al despertar él ya no estuviera, así que se aferró a él fuertemente y lo besó con más fuerza.
Alaia estaba enloqueciendo con la masculinidad de Nik apretada en su vientre. Atrevida hizo un movimiento con su cuerpo y su pene entonces chocó suavemente con su entrada caliente.
Fue absolutamente imposible para ambos no gemir incluso aunque sus labios no se soltaran.
Dominik rompió el beso para mirarla a los ojos mientras se llevaba un pezón a su boca y ella juró no haber visto nada más sexy en su vida.
Alaia mordió su hombro juguetona y una vez más se movió entorno a él, salvo que esta vez sí escuchó a Dominik gruñir.
—Eres caliente —soltó ella sin vergüenza y él le sonrió con picardía.
Empujó sus caderas contra las de ella en un vaivén que hizo que Alaia se aferrara a él aún más.
Alaia siempre pensó que su primera vez sería con más calma, con suavidad...
Sin embargo esta versión le gustaba muchísimo más, apesar de que de que su toque era apasionado, sus besos salvajes y pecaminosos, en sus ojos brillaba algo que por primera vez Alaia creyó que era lo que tanto había anhelado, amor. 
El amor de Dominik Geszler Mörder.
Él de repente la miró como si hubiera salido de un trance y recorrió su puerto con su mirada llena de calor, incluso rozaba la devoción.
—Aún no puedo creer que te tengo al fin, cara de ángel. Me encanta tu cuerpo, tu cara, tu voz... Pero no es lo que más amo de ti.
Por un momento el corazón de Alaia se detuvo.
¿Él acababa de decirle que la amaba o eran imaginaciones suyas?
Cuando estuvo dispuesta a responder Dominik le arrancó un beso dejándola sin sentido.
Todo de repente se volvía mucho más intenso, Alaia podía sentir su necesidad tan dura y cruda como la de ella misma, no necesitaba nada más para estar lista para él, lo anhelaba en su interior, recorriéndola con sus labios, tocándola...
Sus ojos me quedan mientras la tocaba con sus fuertes manos y Alaia estaba derretida ante todo lo que estaba siendo en ese instante, fue aún mejor cuando lo vio una vez más inclinarse a su cuerpo y esta vez su miembro se apretó a su entrepierna, ambos sabía que había llegado el momento al fin.
Dominik tomó sus labios entre los suyos aunque este beso fue mesurado, lleno de entrega total que se fusionó con su propia entrega, su barrera no lo detuvo pero lo hizo actual más suave pese a que quería hundirse en ella hasta lo más profundo.
Alaia lo tomó sin aliento, necesitada de él le hechó los brazos al cuello fundiendolos en un íntimo abrazo.
Sus piernas se aferraron a su cintura mientras la temperatura iba en aumento.
El vaivén se hacía más enérgico, más fuerte, sus penetraciones eran profundas a la vez que sus besos subían de intensidad, ambos se tocaban como si no pudieran mantener sus manos fuera del otro.
Los gemidos ahogados salían de sus bocas, las venas se marcaban en los brazos de Dominik haciéndolo ver terriblemente sexy, incluso más de lo que ya era.
El éxtasis los estaba arrastrando hacía un punto sin retorno, nada se sentía mejor que tenerse así.
Dominik de repente la hizo girar entre sus brazos, ahora ella estaba encima de él quien la miraba con si se tratara de una diosa.
—Móntame cara de ángel, así es como te he imaginado, tomándome, adueñándote de mí como te adueñaste de mi corazón.
Inevitablemente una sonrisa cruzó por los labios de Alaia, movió sus caderas llenándose aún más de él mientras sus manos iban a su cuello para atraerlo a ella y darle un beso.
Dominik tomó sus caderas atrayéndola más cerca de él para una penetración profunda sin que Alaia dejara de moverse sobre él.
Sus cuerpos se movían al mismo ritmo, deleitándose uno en el otro.
Sus ojos conectaron y en ese mismo segundo llegaron a la cúspide en un clímax casi sobrenatural que los dejó jadeantes a ambos.
No había palabras para expresar como se sentía estar con Dominik así, entonces cerraron la noche con un beso tan íntimo como profundo.


*

Alaia despertó entre las nubes.
No sé había despertado de buen humor desde... Nunca.
Abrió los ojos al sentir que Dominik la atraía mucho más a su pecho y se sonrojó enseguida.
Buscó su rostro pero él parecía aún dormido lo que quería decir que se podía escapar de la charla incómoda del día siguiente.
Esto no quería decir que haría como que nada hubiera pasado, al contrario.
Ahora sabía que todo había cambiado para ambos.
Solo se ahorraría un momento de vergüenza.
No tenía que verse en un espejo para saber que estaba hecha un desastre.
Así que sonriente le dio un beso suave en los labios a Dominik antes de tratar de levantarse e irse.
Y por tratar se refería a que la fuerte mano de él tomó su muñeca haciéndola caer a horcajadas sobre él.
Alaia se asustó pero luego recuperó la sonrisa otra vez antes de acordarse lo fea que estaba por las mañanas, entonces tapó su rostro con ambas mano.
— ¡No me veas, estoy horrenda!
Ella escuchó la melodiosa risa de Dominik enseguida.
—Tú nunca vas a estar horrenda cara de ángel —dijo él quitando sus manos de su casa—. Y ¿A dónde ibas por cierto? —preguntó en tono de reproche sin dejarla levantar de sus caderas.
— ¿A recoger mi ropa y directo a mí habitación?
—Respuesta equivocada —soltó antes de hacerla girar y que ahora su espalda estuviera sobre el colchón—. Porque a partir de hoy, tu habitación es donde esté yo y si no te gusta esta, yo iré a la tuya.
Alaia arqueó una ceja.
¿Quién era ese y qué había hecho con Dominik?
— ¿Perdiste la cabeza? Mi padre...
—Con todo respeto, no me interesa una mierda lo que diga tu padre sobre lo nuestro, cara de ángel.
Alaia sonrió divertida y lo besó.
—A mi tampoco en realidad.
—Dominik, hay alguien aquí que quiere verte —llamaron al otro lado de la puerta y por el tono que había usado Killian no le esperaba nada bueno.
—Cuando vuelva tu y yo vamos a hablar Alaia —advirtió dándole un beso corto que la hizo sonreír.
En cuanto abrió la puerta vio que en el pasillo estaba Killian, Jannick, Wyatt, Miguel, Jeff y unos cuantos chicos que trabajaban para su padre rodeando a Warren.
Dominik arqueó una ceja con curiosidad.
— ¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Dominik a su amigo.
— ¿Lo conoces? —preguntó Jeff sin dejar su postura intimidante mientras sus ojos no se apartaron de él.
—Lo hago, lo extraño es ¿Por qué lo dejaron entrar sabiendo que podría ser un enemigo? 
Dominik frunció en ceño sin entender.
—No lo dejamos entrar, fue tu hermana quien lo hizo —respondió Wyatt y acto seguido Dominik comenzó a buscarla por la habitación hasta que dio con el rostro preocupado de Diana quien lo miró suplicante.
—Entiendo que esto es...
— ¿Una locura? ¿Desobediencia? ¡¿Y si hubiera sido...?!
— ¡Pero no lo es papá! —chilló ella—. Conozco a Áedan desde que era una niña, él nunca nos haría daño.
Jeff ni siquiera la miró su vista permanecía en Áedan.
— ¡Yo sabía que tus bastardos tarde o temprano nos vendrían! —chilló Sieglinde llegando a un lado de Jeff—. ¿Qué esperan? ¡Mátenlo! 
—Hasta donde yo sé, hace unos segundos yo seguía siendo el jefe Sigi, vete de aquí —gruñó Jeff y a regañadientes esta obedeció.
—Gracias a Dios Athena no estaba aquí para oír como les decía bastardos —susurró Jannick a Dominik y este hizo una mueca.
Su madre hubiera enloquecido.
—Dominik ¿Cómo sabía Áedan nuestra ubicación?
Dominik dejó escapar el aire de sus pulmones lentamente pero no fue él quien habló.
—No hay tiempo para esto, sabemos lo que Andrew quiere, venganza, y no solo contra Unbekannt sino también para Dunkel.
— ¡¿Eres de Dunkel?! —gruñó Wyatt y en segundos todos estaban apuntando sus armas a un fastidiado Áedan. 
Diana gimió asustada enseguida.
— ¡Diana vete ahora! —gritó con voz fría Jeff pero Diana ni siquiera sé movió.
No podía apartar sus ojos del recién llegado que mantenía una expresión de frío aburrimiento.
— ¡¿Qué pasa?! —preguntó Alaia asomándose por el hombro de Dominik para ver la escena.
Su padre al percibir su presencia los miró furioso tanto a ella como a Dominik, sin embargo, este último lo ignoró.
Caminó en dirección a su amigo posicionándose a su lado.
—Yo también pertenecí a Dunkel ¿Van a matarme ahora? —preguntó Dominik sin una expresión en el rostro.
Más de uno se quedó sorprendido en la habitación incluso Diana.
—Tengo muchas ganas de hacerlo, no me tientes —gruñó Miguel.
—Bajen las armas, no creo que Áedan venga a meterse a la boca del lobo sabiendo que acabamos con los suyos —dijo Jeff amenazante, Áedan apretó los dientes pero se limitó a girarse a dónde estaba Dominik.
—Se llevaron a Allison, Susset y a Kriset, venía también por Patricia.
Andrew se está vengando llevándose a las chicas del club, si yo pude encontrarlos —dijo ahora girándose en dirección del jefe de la mafia—. Será incluso más sencillo para él, vendrá por las chicas —gruñó posando sus ojos en Diana.
—Eso si se lo permitimos —Respondió Dominik.
De pronto una ráfaga de disparos azotó desatando el caos.
Diana fue cubierta por el cuerpo de Áedan y Alaia por el de Dominik.
—Tranquila cara de ángel, todo va a estar bien, te lo prometo.
Y Alaia rogó para que así fuera, pero estaba comenzando a dudarlo.
Cada vez que las cosas marchaban bien algo venía a estropearlo.



ANGGIE

Editado: 25.03.2020

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