Efecto Mörder

CAPÍTULO XL

Cuando estás triste absolutamente nadie parece notarlo, puedes estar rodeado de gente y todas esas personas pueden quererte... Sin embargo no todos pueden ver dentro de tí, nadie conocía mi dolor pues simplemente asumían que por ser joven mi pena sería breve, que pronto encontraría un sustituto. E incluso pensaban que este no sería otro que Jake, no obstante él lo sabía mejor que nadie.
Una vez que encontré mis verdaderos sentimientos nadie me haría retroceder, yo amaba, amo y amaré a un solo chico, aunque Jakob fuera una ilusión vana, un sueño etéreo Dominik no lo era.
Una parte dentro de mí lo sabía.
Era suya como no lo sería de nadie más.
No me dejé caer por Deva, pero en el momento que supe que Dominik no aparecía mi corazón fue arrancado de mi pecho.
Busqué consuelo.
Y lo recibí de quién menos esperaba.
Jakob.
Cruelmente volví a apartarlo de mí pero esta vez fui más dura.
Él me odiaba, yo lo sabía.
De igual forma no iba a abandonarlo, no otra vez.
Mucho menos sabiendo que él nunca me había dejado a un lado, ni siquiera en el momento que le rompí el corazón.
Por eso había ido por él.
Jakob siempre sería importante para mí.
Nos unía un lazo para toda la vida.
Pensé que estaba confundida pero con Jake es diferente, es mi alma gemela, el me entiende, somos parecidos, sin embargo esto no quiere decir que esté enamorada de él, lo amo aunque no de forma romántica, las almas gemelas no solo están hechas para ser pareja, simplemente se complementan, esto va más allá de todo.
No es algo sencillo de explicar.
Y gracias a ir a por él lo volví a ver.
Yo estaba helada.
Sin palabras, presa de sus ojos curiosos, causándome los mismos sentimientos que hacía más de tres años atrás sentía por él, a pesar de todo mi alma y corazón le pertenecían.
Toda yo era suya.
La alegría nubló mis sentidos y cuando estuve a punto de saltar hacia sus brazos una voz me detuvo.
—Dax, hay mucha gente ¿Quieres ayuda?
Ni siquiera presté atención esa mujer que recién había llegado detrás de la barra con Dominik.
¿Ella lo había llamado Dax?
Sin poder apartar mis ojos de él me dediqué a observar su mirada grisácea inconfundible para mí y noté que él tampoco había dejado de mirarme.
Aunque esa mujer lo llamara como fuera yo sabía la verdad ese bartender detrás de la barra era mi Dominik.
Mis pupilas viajaron libres por todo su cuerpo comenzando por sus hombros fuertes cubiertos por una camisa negra que se amoldaba perfecto a su pecho y brazos, los cuales estaban llenos ahora de tatuajes además de que lucían más marcados e hinchados dejándolo ver sumamente sexy y caliente, por otra parte sus largas y fibrosas piernas estaban cubiertas por unos jeans que se ajustaban a su contextura.
Justo allí pensé que tenía a la personificación del sexo frente a mí.
Yo sabía bien cual malditamente sexy era Dominik por otra parte este hombre frente a mí se veía más maduro y...
—Maldición, estoy a punto de tener un orgasmo si sigue sonriendo así —susurró una pelinegra a su amiga sin apartar sus ojos de él lo que hizo que un impulso infantil dentro de mí surgiera y quisiera taparlo con una manta mientras gritaba: ¡Es mío perras!
Pero... ¿Realmente lo es?
Me pregunté con el corazón roto en añoranza.
Ven a mí Dominik.
Susurró mi mente tratando de atraer su atención que ahora le pertenecía a esa chica con el cabello rosa.
—Dax es la única razón por la que vengo aquí, ¿Cuándo será el día que me mire? —se quejó una de ellas.
Traté de ignorar los furiosos celos y concentrarme en lo verdaderamente importante.
¿Por qué no está viniendo a mí?
¿Por qué me habló y ahora se aleja?
¿No me hecha de menos después de tantos años?
— ¿Por qué le llaman Dax? —pregunté sin pensar.
Las chicas a mi lado volvieron su vista a mí y me miraron como si fuera poca cosa antes de hacer una mueca.
—Ese es su nombre.
—Él no se llama así —gruñí fulminándolas.
Ambas se miraron entre sí para volver su mirada a mí, esta vez con curiosidad.
—Desde que entró aquí hace como tres años es el nombre que utiliza.
— ¿Le conoces?
—Muy bien diría yo.
Vi rabia brillar en su pupila pero me importó una mierda, todas debían saber que ese hombre era mío a pesar de los años.
No entendía a qué juego estaba jugando Dominik Mörder pero a partir de hoy había acabado.
Y estoy molesta como la mierda pero antes de gritarlo y maldecirlo por no haberme ido a buscar debía saber el porqué de sus acciones, esto no era normal en él.
Alcé la vista en su dirección una vez más ignorando a las estúpidas cerca de mí pues yo podía sentir su pesada mirada y lo enfrenté aunque sus ojos no demostraban nada más que curiosidad hacía a mi.
¿Qué coño te pasa Dominik?
Gruñí en mi interior furiosa.
Necesitaba alejarme por unos segundos del lugar, refrescarme.
¿Cómo había pasado tan rápido de querer lanzarme sobre él y comérmelo a besos a desear matarlo con mis propias manos por abandonarme, por abandonarnos a todos?
Me levanté rápidamente de la silla para ir al baño, ya dentro respiré profundo tratando de encontrar la calma.
Mis ojos se llenaron de lágrimas y la tristeza me abordó.
Dominik estaba aquí trabajando como si no tuviera una familia loca por abrazarlo, por amarlo, que lo extrañaba con locura.
En estos momentos solo deseaba escuchar una voz que me hiciera captar que todo estaba bien a pesar de esto.
Deva.
Sin embargo sabía que era demasiado tarde como para que mi niña estuviera despierta, no obstante llamé a Diana quien me contestó al segundo timbre.
—Dee.
— ¿Pasó algo malo? —fue el saludo de ella.
—No voy a contartelo por aquí pero estoy con Jake, bueno cerca de él, hoy no está tan violento.
—Gracias a Dios, espero que no te haya causado ningún problema, haces mucho por él y no es tu responsabilidad...
—No quiero tener esta charla el mismo día ¿Deva ya se durmió?
—Está dormida, te escucho rara ¿Pasa algo que no me estes contando?
—Mañana te cuento, no es grave —mentí—. Tengo que irme.
Colgué el teléfono y salí del baño dispuesta a gritar, había tratado de calmarme pero simplemente no podía.
No cuando se había alejado de esta forma causándonos a todos un dolor terrible.
Cuando di un paso más fui interceptada por unos fríos ojos azul hielo que me miraban como si analizaran cada parte de mí.
—Lo conoces ¿Verdad? —soltó de repente la pelirosa que había estado con Dominik detrás de la barra.
— ¿Acaso te importa? —gruñí furiosa.
¿Quién es esta y por qué cree que tiene derecho sobre él.
No me importa una mierda esta mujer, yo iba a por él, por una explicación. No pude llegar muy lejos porque esta irritante chica otra vez me detuvo.
—No puedes decirle nada de su pasado, él tuvo un accidente hace casi cuatro años atrás, no recuerda nada, no puedes forzarlo a recordar o le harás daño, es lo que dijo el doctor.
Aquello me dejó pálida y boquiabierta.
No podía ser.
Dominik...
—Es mentira —solté sin aliento.
Pero yo lo sabía.
La única forma de que Dominik no volviera por su familia era esta, olvidandola.
Él también me había olvidado a mí.
— ¿Cómo supiste que lo conozco?
—Pude verlo en tu mirada.
—Es mi novio —dije con voz casi imperceptible—. O al menos lo era.
Las ansias de llorar seguían ahí, más fuertes ahora.
La chica hizo una mueca antes de volver a hablar.
—Hablale, intenta que te conozca que te recuerde pero sin presionarlo.
— ¿Y tú quién eres? —pregunté recelosa.
—Una amiga, solo eso. 
Yo traté de buscar algo en ella que negara esta afirmación pero no lo conseguí.
Ni siquiera sabía cómo actuar respecto a esto.
—Él es mi novio, su familia lleva años buscándolo.
—Lo entiendo chica pero todo tiene que ir poco a poco, sé que si hablas con su familia van a entenderlo.
—No lo sé, no sé que hacer.
—Dame tu teléfono, juro que voy a ayudarte.
Así lo hice tratando de confiar en ella, de igual manera voy a venir a diario, no voy a perderlo, no otra vez.
Ni siquiera quiero irme de aquí solo por esta noche.
Quiero llevarlo a casa conmigo y con mi niña.
Dios, ¿Cuánto había esperado este momento?
— ¿Quién eres para él? —la pregunta salió rápidamente de mi boca sin poder detenerla.
Ella sonrió y parecía que no lo hacía a menudo.
—Ya lo dije, una amiga, lo juro.
—Él... ¿Tiene a alguien más? 
La burla brilló en la pupila de ella y quise golpear a la muy perra.
—No, no tiene a nadie.
Asentí no muy convencida para volver a la barra y pensar cómo iba a acercarme a él pero antes de llegar allí un imbécil comenzó a decirme cosas asquerosas que traté de ignorar, entonces él trató de tocarme pero antes de hacerlo Jake lo tomó de la camisa, su cara estaba contraída de rabia, sin poder detenerlo le dio un puñetazo que lo hizo caer al suelo de inmediato.
— ¡No te vuelvas a acercar a ella!
— ¡Ya basta Jake! ¡Déjalo! —grité temerosa de que pudiera meterse en serios problemas por mi culpa.
— ¡Jake! —gritó la chica con la que lo había visto antes.
Pero él no dejó de golpear al estúpido en el suelo.
Me aferré a su brazo suplicando que dejara al hombre, entonces Jake giró su mirada en mi dirección, acto seguido apretó su mandíbula pero lo soltó de inmediato.
—Tiene que irse de aquí, ya has causado muchos problemas Mörder.
—Tranquilo Barry, ya nos íbamos —dijo Jake y yo agradecí a Dios que por lo menos esta vez estaba sobrio.
Se levantó pateando por última vez al imbécil que me había querido tocar y yo negué con la cabeza conteniendo una sonrisa.
Lo única malo era que por esa noche no vería otra vez a mi Dominik.
Enseguida lo busqué con la mirada entonces su pupila y la mía vhocaron, mi corazón latió una vez más con fuerza al verlo mirarme.
Puede que Dominik no supiera quién era yo, pero de algo estoy segura, aún tengo su corazón.



ANGGIE

Editado: 25.03.2020

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