Efecto Mörder

CAPÍTULO XLI

Le interesaba.
Estaba segura de eso ahora, inevitablemente me carcajeé al salir del pub.
Tanto Jake como Patricia me miraron con el ceño fruncido pero no me robaron mi sonrisa.
No podía, estaba más que feliz.
¿Jake y Patricia no lo habían visto?
No importaba yo iba a cuidar que nadie le hiciera daño a Dominik, ni siquiera si no tenían la intensión de hacerlo.
Sé que tengo que decirles en algún momento pero no ahora.
Entiendo que estoy siendo egoísta pero... Sencillamente no me importa.
— ¿Estás loca? —preguntó Jake con el ceño fruncido.
Yo por mi parte le sonreí aún más y me lancé a sus brazos tomándolo por sorpresa y haciéndolo tambalearse ya que estaba un poco borracho.
— ¡Gracias Jake, gracias! ¡Te adoro! —expresé feliz besando su mejilla.
Tanto él como Pat me miraban desconcertados pero poco me importó.
—Definitivamente está loca, nunca me había agradecido que nos echaran de un pub —le dijo Jake a Patricia y yo solo me reí.

*

—Hoy estás rara —Murmuró Fernanda mirándome con los ojos entrecerrados.
—No sé a qué te refieres.
—Lo sabes y no quieres decirme, no sé por qué.
Yo le sonreí muerta de ganas de decirle, de hablar con alguien, lamentablemente mi mejor amiga es un poco chismosa y a veces se le salen solas las cosas, yo tenía miedo de que se lo cuente a alguien más.
—Asegurate de cerrar bien antes de salir, voy a llevar a Deva al preescolar, no puedo creer que ya vaya a la escuela —solté feliz por mi niña.
Aunque la verdad era que también sentía un poco de anhelo.
Deseaba que mi Dominik estuviera aquí para ella, para verla entrar a la escuela por primera vez.
El destino nos había separado, pero yo me encargaría de que Dominik volviera otra vez a mí.
Nuestra hija merecía a su padre.
—Algo me dice que no es solo es lo que te tiene tan feliz, pero solo esta vez voy a dejarlo pasar.
Le sonreí una vez más.
— ¡Deva, ven ya, es hora de ir a la escuela!
Mi niña hizo su aparición con un puchero en sus labios y ceño fruncido, enseguida Fernanda y yo nos reímos.
Como lo había intuído a Deva no le gustaba levantarse temprano para la escuela.
— ¡Tengo sueño mami!
—Ya, pero las niñas grandes van a la escuela, ayer me dijiste que eras una niña grande ¿No?
El interés brilló en su mirada y yo contuve una sonrisa.
—Mami ¿Si voy a la escuela me compras la muñeca que quería?
—Solo si vas a la escuela y te portas bien con la maestra.
— ¡Sí! —chilló feliz.
Yo me sentí aún más dichosa de ver a mi bebé así, la mayor satisfacción para mí es esta.
—Despídete de la tía Fernanda y dame la mano.
Mi niña me obedeció de inmediato lista para ser una niña grande, las lágrimas se acumularon en mis ojos pensando lo rápido que había pasado el tiempo y lo mucho que se había perdido Dominik de nuestra hija.
 

*

Yo trabajo en casa editando y corrigiendo libros pero en toda la mañana no pude concentrarme, en mis pensamientos solo giraba cómo puedo acercarme a Dominik.
A lo que fue la hora de ir por Deva salí de inmediato en dirección a la escuela pero no me esperaba verlo ahí en la salida de la escuela donde todos los padres esperan a su hijos.
¿Cómo nunca antes nos habíamos topado?
El horror, el temor y la ganas de llorar me atacaron.
¡¿Me recordó, me espió y se enteró que tiene una hija?!
O peor...
¿Qué posibilidades hay de que Dominik tenga un hijo aparte de Deva?
Después de todo ha pasado muchos años, él no se acuerda de mí ¿Qué le impide rehacer su vida?
—Mery ¿Quién es ese hombre? Nunca lo había visto —escuché a una mujer cerca de mí.
Yo les eché una mirada a ambas mujeres y obviamente ellas miraban a mi Dominik.
Perras.
—Creo que es el padre de uno de los niños, tenemos que presentarnos ¿No? —dijo la morena con una sonrisa pícara que yo quise quitar de su rostro.
Ambas se arreglaron la ropa y la morena bajó su camisa un poco más para mostrar más sus pechos.
Yo mientras tanto estaba tratando de controlar mi celos.
Ellas llamaron la atención de Dominik y él alzó la mirada para observarlas, contuve una sonrisa cuando vi el desinterés de él hacía con ellas pero al parecer esas dos no se dieron cuenta y si lo hicieron no lo mostraron.
No hablaron demasiado cuando él finalmente se dio cuenta de mi presencia, esta vez no refrené mi sonrisa cuando Dominik se comenzó a acercar a mí.
Quizás fuera estúpido de mi parte pero me estaba poniendo nerviosa al ver su cercanía, mucho más cuando se detuvo justo frente a mí.
—Hola —saludó él.
Yo mordí la parte interior de mi mejilla tratando de no sonreír más como una boba enamorada.
Pero ¿Qué puedo hacer yo? Eso soy.
—Hola.
Dominik se llevó una mano a su sexy cabello oscuro para revolverlo en señal de nerviosismo, él solía hacerlo.
Algunas cosas nunca cambian.
—Lo siento, es que te vi la pasada noche en el pub y... Lamento incomodarte.
Él iba a darse la vuelta para irse sin embargo yo lo detuve del brazo no queriendo que se fuera, era mi oportunidad, él mismo se había acercado yo debía aprovechar esto.
—No estoy incómoda, te vi ayer.
No lo solté de inmediato porque quería sentirlo por unos minutos.
—Soy Alaia Domínguez por cierto.
Tendí mi mano en su dirección y él la tomó de inmediato estrechándola.
Como siempre que nos tocábamos las mariposas revolotearon en mi interior, ni el tiempo ni la perdida de la memoria cambiaba esto.
Solo me hacía confirmar que Dominik no me había dejado de querer.
—Dax...
— ¿Solo Dax? —pregunté con curiosidad, quería saber de dónde había sacado ese nombre.
Vi que mi pregunta lo incómodo.
—Dax ¿Coslov? —respondió pero su pregunta pareció más una pregunta que una respuesta.
Lo que me dio más curiosidad.
Además ¿Por qué tenía ese apellido?
¿Por qué Dominik no había ido a ninguna comisaría para descubrir quién era?
—Me fui demasiado rápido anoche ¿Trabajas allí regularmente?
—Sí, casi siempre estoy en el pub, sino de bartender de seguridad, pero en el tiempo que tengo trabajando allí nunca había visto a nadie más hermosa que tú.
Ok, esto no me lo esperaba.
¿Puede alguien culparme por sonreír como boba enamorada?
— ¿En serio?
Él sonrió de vuelta y yo me derretí por completo.
—Lo juro, eres preciosa —sus ojos brillaban intensamente.
—Tú también me gustaste cuando te vi —admití tímidamente.
En otras circunstancias y con otro chico no me hubiera atrevido a decir esto pero era él, mi Dominik, el chico que llevaba años extrañando y al que amo con todo lo que soy, el padre de mi hija.
Su sonrisa se amplió mucho más y cuando estaba apunto de responderme un niño como de doce años tocó el brazo de él reclamando su atención.
—Ya estoy aquí Dax.
El chico era distinto a los otros niños que recién salían de la escuela, a simple vista podía verse, era tan serio como un hombre viejo, tanto que intimidaba un poco.
¿Por qué Dominik estaba buscándolo?
—Ya nos vamos Aldric... Entonces ¿Puedo verte otra vez?
Para este momento mi corazón latía desenfrenado sin control alguno.
Sin dejar de sonreír asentí.
—Seguro, yo...
— ¿Puedes darme tu número? —él rió nervioso mientras mis ganas porque me recordara se hacía más fuerte—. ¿Esto es demasiado extraño para ti? Solo nos hemos visto una vez, si no quieres dármelo lo entiendo...
—Lo sé —reí con él—, pero por una extraña razón confío en tí.
Su pupila me quemó y deseé saber qué era lo que estaba pensando en esos momentos.
Le di mi número de teléfono y ante la insistencia de Aldric, el chico que venía a buscar Dominik, él tuvo que irse.
Entonces recordé que era mucho mejor que se marchara pues mi niña estaba a punto de salir y por el momento no quería que Dominik supiera de ella, no aún.
¿Cómo iba a explicarle el parecido de esa niña con él?
 



ANGGIE

Editado: 25.03.2020

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