El Abismo de Solem (nanami parte Ii)

CAPÍTULO 33: TRAZANDO UN PLAN

NANAMI

Tras observar en las sombras en patrón de comportamiento de los guardias, me di cuenta de cuáles eran sus debilidades; las pastas del té de Karen que dejaba en la sala del té cuando terminaba su almuerzo. En ese rato, antes de que viniesen las criadas a por ellas, el guardia de turno se escaqueaba para ir y tomar algunas de las que ella se dejaba.

Sabía que era el anzuelo perfecto, pero debía de encontrar algo más que me diera un extra de tiempo, fue entonces cuando recordé que alrededor del castillo crecían unas plantas con las que Mirabelle creaba un remedio contra el insomnio. Solamente necesitaba el polen de esas flores, mezclarlas con agua caliente y enfriarlas lo máximo que pudiese.

Me asomé por la ventana que daba al jardín trasero donde crecían esas flores, pero el jardinero aún estaba dando vueltas por el lugar. No podía tomar algunas de ellas porque me descubrirían y no tenía demasiada excusa. Además, podían averiguar que fui yo la que hizo un remedio somnífero al guardia para poder entrar a las mazmorras que le estaban vetadas hasta a la reina.

Esperé pacientemente paseando como si tal cosa por aquel enorme castillo para no levantar sospechas. Las criadas iban y venían con una prisa tal que no me miraron ni una sola vez o me dirigieron saludo alguno. Estaban demasiado enfrascadas en sus quehaceres diarios quizás porque tenían un miedo atroz de que la reina las despidiese.

No podía quitarme de la cabeza el comportamiento sospechoso de Sveinn ni tampoco la razón de porqué tenía sentimientos extraños dentro de mí. Además, muchos recuerdos se mezclaban en mi mente, eventos que no tenía la sensación de haber vivido. Ese odio creciente a mi familia era injustificado porque no tenía la sensación de que me hicieran algo, pero ahí estaba esa desconfianza que no lograba entender. Mi mente era un caos a veces y otras tenía una extraña claridad, quizás el transcurso de los acontecimientos me había hecho ver cosas donde no las había.

Desde lo de Odín, mi vida era extraña y perturbadora, desde mis sueños a mi creciente intranquilidad. Ahora pasaba lo de mis recuerdos borrosos y temía que quizás él estuviera tras todo esto. La aparición de Sveinn tampoco me auguraba nada bueno porque estaba claro que algo quería de Karen y de mí.

Además, ella me contó que apareció un buen día dispuesto a ayudarla y si algo había aprendido en la vida es que nada era precisamente gratis, todo tenía un precio y temía saber cuál era el que tenía que pagar Karen.

Eché un vistazo al salón del té, implorando porque el maldito jardinero se diera prisa para tomar las flores antes de que se llevasen las galletas, sino debía de esperarme un día más para averiguar aquel secreto.

Cuando el jardinero dejó la regadera y se dio media vuelta, di un suspiro de alivio y corrí al exterior haciendo el menor ruido posible. Debía de dar la apariencia de que estaba paseando como si tal cosa y con aparente tranquilidad. Me sentía como una niña pequeña a punto de hacer una gran travesura, pero era completamente necesaria.

Con paso lento, caminaba sobre el camino de piedra, admirando las flores que crecían por allí. Cuando miré hacia todas las ventanas para comprobar que nadie estaba mirando, con un rápido movimiento tomé una flor y la escondí en mi pantalón. Ahora debía de marcharme a las cocinas o pedirles a las sirvientas agua hirviendo, pero, ¿con qué excusa?

Comencé a pensar intentando hacer que las ideas fluyesen y entonces algo se iluminó en mi mente. Les diría a las sirvientas que necesitaba agua hirviendo para poder lavarme la cara porque no soportaba lavármela con agua helada. En el lavabo echaría las hierbas y luego las congelaría en el mismo lugar usando el hielo que usaban en las despensas del castillo.

Cuando por fin pude detener a una de los cientos de sirvientas que corrían de un lugar para otro, le hice mi pedido con la mayor de las sonrisas mostrando la mayor tranquilidad que pude. La mujer pareció no sospechar de mí porque ipso facto se marchó para poner el agua a hervir en uno de los fogones de la cocina.

Por el momento tenía la suerte de que las sirvientas estaban demasiado ocupadas porque era día de limpieza general además de que estaban cambiando las sábanas de todas las habitaciones incluyendo las suyas propias, por lo que la lavandería estaba a rebosar.

No tardó en aparecer una de ellas con una olla de agua hirviendo por lo que fui tras ella con la mano puesta en el bolsillo para evitar que pudiera verse la flor. No quería levantar sospechas de ningún tipo y menos por parte de Sveinn. Cuando abrí la puerta de mi cuarto y la sirvienta entró, una mano se posó en mi hombro sobresaltándome:

-Buenos días Nanami, ¿Todo bien?

Cuando vi el rostro sonriente de Sveinn, una sensación de peligro me invadió, una sensación que me decía que debía de correr lo más lejos posible de él, pero él no tenía manera alguna de saber que yo le había escuchado en el dormitorio de Karen en una actitud más que sospechosa por lo que debía de guardar lo máximo posible las apariencias.



Black_Thunder

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En el texto hay: humor y romance, aventura epica, viajes en el tiempo

Editado: 06.05.2019

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