El amor en los tiempos del internet

Capítulo 8: Adrenalina

Maca y yo nos encontrábamos mirando el cielo de una noche despejada, después de mi primer beso con ella. Pero nuestro momento relajante duró poco, otra de las amigas de Julieta vino a interrumpirnos.

—¡Chicos! –nos gritó, se la veía desesperada—. ¿No han visto a Juli?

—Hace un rato –le conté—, dijo que estaría en la pista de baile.

—Hace bastante que nos dijo que saldría a buscarlos a ustedes, y no ha vuelto desde entonces –me respondió la chica.

Maca y yo nos pusimos de pie de inmediato y yo, algo asustado, comencé a buscar a mi hermanastra entre la multitud. No podía haber ido muy lejos, no había muchos lugares a donde buscar y ella no se iría sin nosotros.

—Me voy a fijar en el baño de mujeres –propuso Maca y se retiró lo más rápido posible.

Yo asentí mientras sacaba mi celular ladrillo para llamar a Juli, aunque como lo sospeché, no atendió ninguna de mis llamadas. Empezaba a desesperarme, ¿dónde diablos estaba? ¿Qué pasaba si no la encontraba? ¿Y si nunca volvía a verla? ¡Mi vida iba a ser un asco si perdía a una hermana! ¡Y se suponía que estaba bajo mi cuidado! No, ni siquiera quería pensar en qué iba a pasar si no la vería más, sería demasiado espantoso.

Me acerqué a un guardia de seguridad y le describí a mi hermanastra, su cabello castaño planchado, su vestido rosado, su baja estatura. Pero nada, el hombre negó con la cabeza.

Tenía que tranquilizarme y pensar con claridad. Ella nunca había vuelto con sus amigos después de hablar con nosotros. No podría haber salido del boliche, tenía que estar aquí en algún lugar. Pero entonces, Maca llegó corriendo desde los baños, clamando que no la había encontrado.

Decidimos separarnos para buscarla, no me parecía un buen plan (en las películas nunca sale bien) pero estaba desesperado y lo único que me importaba ahora era encontrar a mi hermana. Yo entré nuevamente al boliche, era muy difícil ver y escuchar con tanto ruido en esa oscuridad únicamente iluminada por luces móviles de colores.

Pero entonces, después de unos minutos de estresante búsqueda, la encontré entre la multitud. Un sujeto la tenía aprisionada contra una pared, ¿estaban por besarse? Me acerqué solo para corroborar que se trataba efectivamente de ella, y entonces pude ver que Juli intentaba empujarlo y rechazarlo, pero el tipo no dejaba de insistirle.

Me encaminé decididamente hacia ellos, empujando a algunas personas que bailaban y que sin darse cuenta no me dejaban pasar.

—Juli, ¿estás bien? –le grité entre medio del ruido de la música.

En cuanto ella me vio, quiso acercarse a mí, pero el chico ese no se lo permitió, sujetándola del brazo.

—Ey. –Le empujé el hombro al tipo—. Ella está conmigo –le aclaré.

Pero entonces todo sucedió muy rápido, jamás había sentido la adrenalina recorriendo mi cuerpo como en ese momento, y la forma en la que yo reaccioné fue sorprendente hasta para mí.

Lo primero que pasó fue que el tipo se dio vuelta y sin meditarlo ni nada parecido, me dio un golpe en el rostro. Lo recuerdo todo en cámara lenta y estoy seguro de que vi una gran estrella blanca, como cuando en los dibujitos salen estrellitas para representar el dolor.

Yo estaba anonadado por el daño repentino en mi mejilla, no es que no me lo esperara, pero nunca antes había participado en una pelea. El tipo era un poco más alto y más corpulento que yo, pero no me importó nada de eso e inmediatamente después de haber recibido su golpe, lo contraataqué con otro en su estómago.

—¡No! ¡Paren! ¡Él es Lean, mi hermanastro! –gritaba Juli de fondo, aunque sus gritos no tenían ningún tipo de efecto en nuestra lucha.

El sujeto me lanzaba golpes con toda la ira del mundo, como si yo fuera su peor enemigo, un villano terrible, el causante de la muerte de sus padres o algo parecido. Yo me defendía como mejor podía, es decir que recibía la mayoría de sus golpes, pero también lo atacaba y tengo que decir con mucho orgullo que alcancé a golpearle dos veces la cara y sé que le dolió un montón porque retrocedió.

Con un ojo herido y cerrado vi que, como por arte de magia, de pronto teníamos más espacio, puesto que todas las personas se habían hecho a un lado para observarnos pelear mejor, creo que hasta nos filmaron. Sentía toda la adrenalina recorrer mi cuerpo, hasta ahora mi vida había consistido en leer, jugar videojuegos y escribir ocasionalmente, pero esta noche estaba teniendo experiencias inolvidables como mi primer beso y mi primera pelea. Increíble, besar y golpear eran dos experiencias que te hacían sentir vivo.

Y quién sabe en qué hubiera terminado, quizá yo hubiera ganado la batalla gracias a algún milagro. Pero los guardias de seguridad nos interrumpieron sujetándonos muy bruscamente. A mí, un hombre enorme y lleno de músculos me atrapó los brazos y me los inutilizó tirándomelos hacia atrás, provocándome dolor, aunque no se comparaba con el que sentía en el rostro y en el estómago por los golpes recibidos.



Cambel_a

Editado: 04.05.2020

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