El amor en los tiempos del internet

Capítulo 20: Conexión virtual

Y entonces el sonido de espera de skype dejó de sonar y contuve el aliento cuando mi pantalla se llenó con el rostro de Guada saludándome con una mano. A juzgar por su fondo en el que se veía una heladera, deduje se encontraba en la cocina.

—¡Hooolaaaa! –me dijo con su dulce voz y acento mexicano característicos, mientras me sonreía.

Estaba vestida con un abrigo color naranja pastel que la hacía verse muy tierna.

—¡Hola! –la saludé yo con un tímido movimiento de mi mano.

Awwww Guada era tan bella, ¿cómo podía evitar enamorarme?

“Es mejor que olvidemos esta conversación”, había dicho ella cuando yo le había confesado mi amor, y sí, yo concordaba, eso era lo mejor. Enamorarnos no tenía sentido.

—¿Eso es un mate? –me preguntó, abriendo aún más sus ojos grandes—. ¡A ver, quiero verte tomándolo!

Sonreí al pensar en lo exótico que debía parecerle mi infusión.

—Mirá y aprendé –le dije, acomodando la bombilla.

Después tomé mate haciendo el mayor ruido posible para que ella se riera y me regalara el melódico sonido de su risa.

En efecto, Guada se rió y por primera vez pude ver que arrugaba la nariz cuando lo hacía, gesto que desde entonces me encantaría observar cada vez que lo repitiera.

La videollamada era algo totalmente nuevo, podría conocer pequeños gestos y expresiones que ella hacía cuando hablaba. Me encantó, si yo hubiera sido un sim o algo así mis niveles de felicidad estarían muy altos ahora mismo. Sí, también he jugado a los sims en algún momento de mi vida.

—No me puedo imaginar el sabor que tiene –me dijo, curiosa, refiriéndose al mate.

—Cuando vengas te cebo unos mates –le respondí sin poder evitar sonreír y mirándola detenidamente—. ¿Estás maquillada? –le pregunté entonces.

—Bueno, solo un poco –me respondió ella, mientras jugaba con su pelo, intentando restarle importancia al asunto.

—¿Te maquillaste para hablar conmigo? –le pregunté para molestarla y me sorprendió que no lo negara.

—Solo un poco –me repitió y yo me concentré por unos segundos en observar sus labios gruesos y la forma tan bella en la que se movían mientras ella hablaba—, ya sabes, dicen que las primeras impresiones son las más importantes, no quise que me vieras como soy cuando recién vuelvo de la escuela. –Se rió y yo sonreí como un imbécil, recordando lo que me había costado a mí encontrar qué ropa ponerme—. Bueno –agregó Guada después—, veo que tú te peinaste, pero no pudiste hacer nada con esa carita de enfermo.

—No te burles, tengo gripe –le respondí y procedí a contarle solo algunas partes de mi fin de semana, evitando la parte de Maca.

—Pobre de ti, estás malito. Seguramente te enfermaste por cortar tanto césped bajo el sol cuando ya estabas con resaca –me analizó ella, y luego me amenazó señalándome con el dedo y entrecerrando los ojos—, no vuelvas a cortar el césped de tu padre, que le pague a alguien para que lo haga.

—Gracias, doctora –bromeé y me reí. Pero ella se puso seria al instante y luego me cambió de tema.

—Espera, estoy comiendo aguacate –me comentó, retirándose de la cámara momentáneamente—. ¿En tu planeta existen los aguacates? –Escuché su voz preguntar desde algún otro punto de su cocina.

—¿Agua qué? –le pregunté riéndome. 
Entonces ella me mostró la fruta ovalada de un color verde oscuro casi negro, alzándola ante la cámara como si se tratara de Simba bebé ante los animales en el Rey León.

—Este regalo de los dioses –me explicó, seguido de su interpretación desafinada de un coro de ángeles.

—Ahhh, ¡palta! –Me reí—. Claro que sí existen en mi planeta, ¡son deliciosas! Creo que la palta es mi cosa verde preferida.

Guada largó una carcajada, otra vez arrugando la nariz, y luego volvió a sentarse en la silla donde estaba al principio, aunque esta vez dejó un plato al costado del que comenzó a comer. Se movía y hablaba de manera muy natural, como si estuviera muy cómoda consigo misma.

—¿Palta? –repitió—. ¿Así le dices tú? –Me miraba sonriente y extrañada—. Tienes que admitir que “aguacate” suena mucho mejor.

—¡Jamás voy a admitir esa aberración! –También me reí por el tema de nuestra discusión—. “Aguacate” suena a aguado, “palta” suena como debe ser.

—¡Palta suena a patas! –Se rió ella, mientras continuaba comiendo una especie de papilla de palta.

Yo me reí también, y entonces ella agregó:

—¡Tu cara cuando te ríes es tal cual la imaginé!

—¿Cómo? ¿Te habías imaginado mi cara riéndose?



Cambel_a

Editado: 04.05.2020

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