El amor en los tiempos del internet

Capítulo 23: Nuevas experiencias

Después del cine, Maca y yo nos tomamos un micro directo a su casa, y disimuladamente les mandé un mensaje a mis amigos. No voy a negarlo ahora, estaba bastante nervioso. La casa de Maca estaba sola, nos dirigíamos hacia allí después de nuestra primera cita, yo era muy ingenuo en esos tiempos pero aun así me daba cuenta del resultado de la suma de esas variables, vamos, ¿qué íbamos a hacer, solos los dos, en una casa? Quería algún tipo de consejo de mis amigos, que habían vivido con anterioridad el hecho de quedarse tanto tiempo a solas con una chica.

—¡Cool! –Me respondió Santi—. No hay nada de qué preocuparse, solamente relajate y sé vos mismo.

—No le digas eso, ¡es Lean! Ser él mismo no se aplica en este caso. ¡Alcohol! –Escribió Bruno—. El alcohol es la clave. Tomá hasta que dejes de estar asustado como seguramente lo estás, tomá hasta que estés conforme con vos mismo, pero tampoco tanto, ¡no vayas a vomitar otra vez!

—Estamos llegando a su casa –le escribí—, ¿y si no hay alcohol?

—Comprá –me respondió Bruno.

—Ok, ¿y después?

—Después la empezás a besar despacio y vas aumentando la intensidad hasta que transmitas con tu lenguaje corporal tus intenciones sexuales y una cosa va a llevar a la otra –me escribió Bruno, seguido de varios emojis insinuantes.
—¿Qué? –le respondí. ¿Intenciones sexuales? —. ¿Están insinuando que sí o sí tiene que pasar algo de esa índole? –No sé por qué, pero en el momento me dieron unas ganas enormes de evitar esa situación a toda costa, inventarle una excusa a Maca y volverme a mi casa.

—Cualquier cosa te encerrás en el baño y nos escribís –me aconsejó Santiago y Bruno envió carcajadas en mayúscula.

No estaban ayudando, me estaba poniendo aún más nervioso. Hacer cualquier cosa por primera vez da vértigo, pero esta cosa, especialmente más. No sabía mucho del tema, no sabía nada, era, desde luego, mi primera vez. No sabía qué hacer ni cómo. Ni siquiera sabía si quería.

—¿Condones tenés? –me preguntó Santi.

—¡No! –le respondí y de nuevo, las risas de mis amigos en el chat, ¡no sé por qué había pensado que escribirles sería buena idea!

—¡Eso es básico! ¡Comprá también! –me ordenó Bruno.

—¿Qué hacés? –me interrumpió Maca y de inmediato guardé mi celular en el bolsillo.

—Nada –le respondí con una sonrisa nerviosa—. ¿Hay algún quiosco cerca de tu casa? Para comprar… todo lo necesario.

—En mi casa tengo todo –me respondió con una sonrisa muy segura.

El resto del viaje lo dedicamos a comentar la película romántica que habíamos visto en el cine y a reírnos un poco, lo cual me relajó bastante. Al fin y al cabo, Maca era una chica agradable y me dije a mí mismo que no tenía por qué sentirme nervioso de estar a solas con ella.

Finalmente, llegamos hasta nuestra parada del colectivo, donde debíamos bajarnos. Literalmente en el medio de la nada. Atravesamos las fincas que ya habíamos recorrido con su padre anteriormente, hasta que llegamos a la gran casa que se encontraba al final de un largo camino de tierra.

Era la primera vez que entraba a su hogar y me sorprendió lo enorme que era, si tuviera que describirlo diría que parecía una mansión pero con una decoración rústica. En cuanto entramos, Maca llamó a su familia solo para corroborar que estábamos solos, y efectivamente, no había nadie allí.

Nos dirigimos a la cocina, donde de un lujoso aparador, Maca sacó unas botellas de alcohol y dos copas y me dio las botellas a mí para que yo las llevara.

—Vení –me dijo después con un tono de voz seductor y me guió hacia su cuarto.

Obviamente le obedecí, y la seguí sin saber mucho qué decir o de qué temas hablar.

Su habitación era enorme, como dos veces una normal. Tenía una cama grande, un espejo gigante en la pared, un escritorio para su computadora y otro para maquillajes, que también contaba con otro espejo enorme. Además contaba con un gran puff lila cerca de la computadora, me pareció el lugar perfecto para sentarse allí a leer en comodidad. Las paredes estaban pintadas también de lila, con manchas azules y blancas, que le daba un toque bastante femenino, y también tenía algunos cuadros y decoraciones de cantantes de pop.

Maca se acercó al escritorio del maquillaje y abrió uno de los cajones que estaban bajo llave. Mientras ella buscaba algo allí, me llegó un mensaje al celular y lo tomé de inmediato, nadie solía mandarme mensajes, por lo que pensé que sería mi madre con alguna noticia de Beto, o quizás eran los chicos con algún tip infalible. Pero no, ¡era un mensaje de ella, de Guada!

—¡Curanderito! ¡Estoy en una playa con wifi! ¿Puedes creerlo? ¡Qué chévere! –Y me adjuntaba una fotografía del mar—. Por cierto, ¡recibí el diccionario! ¡Se ve muy bueno! En casa lo veo con tranquilidad y le agrego lo que falte.

Maldita sea, de por sí me costaba no pensar en ella y ¡ahora me mandaba un mensaje justo en este momento! Pero no lo abrí y no le respondí. Por unos segundos temí que Maca hubiera visto el mensaje, pero por suerte ella estaba ocupada mirándose en el enorme espejo que tenía en su cuarto. 
Bloqueé el celular y lo dejé sobre su mesita de luz rosada.

Maca se dio vuelta y se sentó en la cama junto a mí.

—Jugaremos un juego –me dijo, poniendo sobre la cama un mazo de cartas—, adiviná el color de la carta, si perdés, tomás –señaló las botellas y las copas que estaban en su escritorio.

No me gustaba el alcohol y me había prometido a mí mismo no volver a tomar de ese brebaje del mal, pero ahí estaba la chica pelirroja, esperando que adivinara el color de la carta.

—¿Rojo? –le pregunté con timidez.

7 de corazones. Roja. ¡Bien!

—Bien –me felicitó Maca, mientras se preparaba para entregarme otra carta del mazo—, ahora, la siguiente carta, ¿será mayor o menor que esa?

Ah, solo tenía que pensar en las posibilidades… Pero 7 era un número intermedio…



Cambel_a

Editado: 04.05.2020

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