El amor según un ángel

Cosas que duelen

"Cuantos besos me perdí, por no saber decir te necesito" -Joaquín Sabina

 

 

Llegada la hora del almuerzo, Dante dejó a Emma con Thomas y se marchó a buscar a su madre al departamento que alquilaba por unos días, ya que no se quedaría en Londres. La limosina ya lo esperaba, el viaje solo sería de diez minutos, le avisó a su madre que ya iba en camino. Y cuando llegó allí estaba esperándolo, elegante como siempre, vestía un pantalón blanco a juego con un saco y una blusa color azul que hacía resaltar sus hermosos ojos.

-Hola cariño ¿no pudiste venir en algo menos ostentoso? - dijo con gracia, el chofer le abrió la puerta y ella entró.

-Es el automóvil oficial de la empresa y no me gusta manejar mucho. - mencionó el castaño.

- ¿Cómo has estado cariño? - pregunto.

-Un poco estresado, pero no tanto como para volverme loco.

-Deberías descansar un poco. - dijo acariciando su cabello.

-Me iba tomar la tarde libre con Emma.

- ¿La hermana de Thomas? - pregunto con curiosidad.

- Sí, pero antes tengo una reunión con Frederick que pidió verme.

-Interesante, tal vez te va pedir algún consejo sobre su futuro.

- Sabes que mi respuesta en lo que concierne a su futuro es que empiece a estudiar una carrera empresarial para que entre al mundo del negocio familiar.

-No metas a tu hermano en eso. - mencionó autoritaria.

-Madre, él debe incluirse y no debes protegerlo tanto, ya no es un niño.

-Frederick tiene otras aspiraciones y metas en la vida.

-Yo también las tenía, pero la vida es injusta ¿no?

- ¿Qué tratas de decir? - pregunto sorprendida.

-Yo tenía mis propios sueños, pero lo dejé de lado porque tú me abandonaste por Frederick y empecé a meter mis manos al negocio familiar. - una delicada mano azotó fuerte la mejilla del castaño. Su madre tenía lágrimas en los ojos.

-Yo no te abandoné Dante.

-Lo hiciste sin darte cuenta y te lástima que te diga las cosas directamente. Román, para el auto. - ordenó. La limosina se detuvo y el castaño bajo. - Lleva a mi madre a un restaurante lujoso. Adiós. - se marchó sin escuchar los gritos de su madre que llamaban su nombre.

Mientras tanto en la empresa, Thomas admiraba el collar de Emma como un bobo. -¿En serio te dio eso?- pregunto mirando con asombro. -Ya te dije que sí. - dijo riendo, de pronto sintió una gran tristeza y rabia en el pecho, puso una mano en su corazón y su sonrisa desapareció.

- ¿Estás bien? - preguntó Thomas preocupando poniendo una mano en su hombro.

-Dante...- pudo decir.

-Pasó algo malo, lo llamaré ahora. - marcó el número del castaño y se puso de pie para hablar. Sabía que su amigo se destacaba por en algunos casos ser impulsivo si se daba la oportunidad.

Emma sintió unas ganas inmensas de llorar, mientras el castaño rubio hablaba con su amigo, cuando terminó camino hacía Emma y tomo asiento a su lado.

-Tuvo una pelea con su madre y no va volver, me aviso que le anule las reuniones para esta tarde.

-Íbamos a ir al parque de diversiones. - murmuró triste.

-Bueno, surgió ese pequeño inconveniente.

-Creí que las cosas iban bien con su madre cuando le vi hablar con ella. - dijo la pelirroja.

-Dante suele aguantar muchas cosas y esto lo viene llevando en el pecho desde los ocho años. - sonrió con melancolía.

- ¿Dónde va estar? - preguntó.

-Me dijo que no volverá hasta la noche, pero sé dónde está.

- ¿Puedes decirme?

-No, porque vamos a dejarlo solo por está tarde, debo encargarme de sus asuntos sueltos y del joven Fredo.

- ¡Oh es verdad, Frederick vendrá! - exclamó con sorpresa.

-Podrían ir juntos al parque de diversiones para no desperdiciar los boletos.

-Iba ir con Dante, no quiero hacerle eso. - murmuró provocando que el rubio sonría. - Muy bien, como usted desee. - dijo Thomas.

-Entonces veré a Dante en la noche.

- Sí y lo veras de otra forma. - dijo el rubio riendo.



Lia Bee

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En el texto hay: amor, angel de la guardia, romance

Editado: 15.01.2019

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